Satélite América (la Luna), por Mirko Lauer
Este gobierno de los EE. UU. está muy preocupado por los nombres geográficos. Comenzó tratando de rebautizar al golfo de México como golfo de América, algo que solo ha pegado en algunos documentos oficiales de Washington. Ahora Donald Trump quiere volver al lago Ontario el lago América. Hasta los Estados fronterizos con Canadá rechazan la idea.
La actitud va de la mano con el deseo de Trump de estampar su nombre por todas partes, comenzando por el Centro Kennedy de Washington. La idea es seguir con la difusión de la marca Trump, algo conveniente para los negocios familiares. Hasta ahora solo se ha atrevido con edificios e instituciones, no con accidentes geográficos.
No descartemos que para sus últimos dos años de gobierno Trump tenga en la mira todos aquellos Estados o ciudades inicialmente bautizados por los conquistadores españoles del siglo XVI, como California, Florida o Nuevo México, o Los Ángeles y Las Vegas. Por allí puede colarse un Estado con el apellido del presidente.
Si EE. UU. llega a apropiarse de Groenlandia bajo Trump o un parecido chovinista, ya sabemos lo que le pondrían. Todo accidente geográfico ya es percibido como propaganda para el imperio estadounidense. Una forma peligrosa de poner a prueba la popularidad. Es más fácil borrar un nombre antipático que derribar una estatua no querida.
En el caso del apellido Trump estamos, pues, ante una situación casi monárquica. En un reino la efigie del monarca adorna billetes, estampillas, plazas, monumentos, monedas y casi todo lo que tenga una superficie. Hacia allá va Trump, con la idea de que figurar es perdurar, aun cuando se es un pendenciero que no logra ganar sus guerras.
Hay nombres geográficos que son testimonio de imperialismo o de colonialismo. Luego hay nombres que dan testimonio de una presencia autóctona. Ontario o México son dos de esos nombres, y el mundo entero, sobre todo en las Américas, está cubierto de ellos. Solo falta que la extrema derecha ahora quiera erradicarlos.
Podríamos decir que Trump es un personaje decimonónico, si no fuera porque los presidentes de su país, también en el siglo XIX, han sido respetuosos de las convenciones de un Estado republicano. ¿Cuánto más se va a retroceder? ¿De Océano Pacífico a Océano de América? ¿Y la luna? ¿American satellite?
