Alexis Santana, veterinario: «Los perros no mueren de pena, pero el estrés puede empeorar sus enfermedades cardíacas»
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Aunque la creencia popular asegura que los perros pueden «morir de pena», la realidad veterinaria es que no existe el síndrome del «corazón roto» como en humanos, pero el estrés sí acelera patologías cardíacas. Alexis Santana, veterinario especializado en cardiología intervencionista y cirugía cardiovascular, desmonta mitos en habituales publicaciones en las plataformas digitales, y explica las señales sutiles que deben alertar a los propietarios de perros y gatos. El especialista aclara que, si bien no se ha descrito en veterinaria el diagnóstico de «corazón roto», situaciones como la ansiedad por separación, una hospitalización o la pérdida de un compañero elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, favoreciendo arritmias y empeorando enfermedades previas. Respecto a los infartos, sí ocurren en mascotas, pero son mucho menos frecuentes que en personas. «En los perros, la enfermedad cardíaca más habitual es la degeneración de la válvula mitral, mientras que en los gatos predominan las cardiomiopatías. En los cachorros, una de las patologías congénitas más comunes es el ductus arterioso persistente», explica. Otro error común es restar importancia a la tos: aunque se asocia a problemas respiratorios, también aparece en cardiopatías con congestión pulmonar y nunca debe ignorarse si es persistente. Muchas enfermedades cardíacas comienzan con síntomas sutiles que se confunden con la edad o el carácter del animal. Santana destaca tres pistas cotidianas: pérdida de ritmo en los paseos (cansancio precoz, preferencia por sentarse), tos persistente (especialmente en reposo o por la noche) y noches inquietas por dificultad respiratoria. Otros indicadores incluyen respiración acelerada en reposo, cambios en el patrón de sueño y menor tolerancia al ejercicio. El veterinario recuerda además que algunas razas, como el bichón maltés, el yorkshire terrier, el chihuahua o el cavalier king charles spaniel, presentan una mayor predisposición genética a padecer determinadas enfermedades del corazón. También subraya que la salud bucodental juega un papel más importante de lo que muchos creen. «Las enfermedades periodontales favorecen el paso de bacterias al torrente sanguíneo y aumentan el riesgo de infecciones cardíacas graves», afirma. Asimismo, recuerda que la hipertensión también existe en perros y gatos y puede afectar no solo al corazón, sino también a órganos como los riñones, el cerebro o los ojos. Durante revisiones rutinarias, el fonendoscopio permite detectar soplos, arritmias o alteraciones del ritmo antes de que aparezcan síntomas evidentes. «Si un perro cambia su nivel de actividad, respira diferente o presenta síntomas que antes no tenía, merece la pena acudir al veterinario», concluye el especialista. Detectar a tiempo multiplica las opciones de tratamiento y mejora la calidad y esperanza de vida de las mascotas.
