El abrupto final de la cita entre dos jubilados que acaban mal: «Prefiero terminarla ya»
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Lupe (74), una jerezana muy dicharachera y bromista, ha sido, es y morirá siendo ama de casa. Se considera una mujer «atenta, cariñosa, servicial, buena persona y amiga». Y sin embargo, en el amor, no ha tenido suerte: estuvo con quien creía un príncipe, pero al besarlo le salió rana. Dos años después de aquel desencanto amoroso, la soltera probó suerte con los celestinos de 'First Dates', donde acudió este miércoles 18 de febrero en busca de un compañero de vida que fue «buena gente» y que aceptara el arreglo de vivir «cada uno en su casa y Dios en la de todos». «Una se acostumbra a estar sola», explicó la gaditana. En cuanto al físico, su prototipo ideal era Matías Roure, el barman del restaurante. Eso sí, «que esté más criado», comentó con humor la soltera en relación a la edad. No quería bajo ningún concepto que la llamaran asaltacunas. Cuando Lidia Santos iba a dar paso a su cita, Lupe se puso en alerta por si no le gustaba «¿Escúchame, dónde está la puerta de salida?», quiso saber, por si tenía que escapar por algún lado. Acto seguido aparecía Antonio (73), albañil y agricultor jubilado de Montalbán (Córdoba) que se describió como un hombre «bueno, normal y de buen carácter». Pero, fue ver a la jerezana, y entrarle ganas de salir corriendo. «No me gusta esa mujer, las cosas como son», repitió en bucle en los totales. Como no estaba por la labor de volver a verla pasara lo que pasara durante la velada, se excusó en la distancia entre Jerez y Córdoba para darle una pista a Lupe de por dónde iban los tiros. Aunque a ella el hombre le pareció a primera vista que estaba «visible», así que no se iba a rendir por unos pocos kilómetros. «Un poquillo me ha gustado porque estaba de buen ver el hombre», reconoció ante el equipo del programa. Por eso, se esforzó en conocerlo y entabló la conversación lógica de una primera cita. Edad, situación sentimental, profesión… En cambio, solo obtuvo respuestas escuetas y cero reciprocidad por parte de él. Así las cosas, al cabo de un rato ya no le pareció tan interesante. «No me ha preguntado nadita. No me ha dado pie a empezar una conversación. Soso no, sosísimo», se quejó. Un reproche que también le hizo a Antonio, harta de tirar sola del carro. El cordobés volvió a escudarse en que estaban muy lejos, de ahí que lo notara tan cerrado. «Las cosas te las digo clara», le aseguró a su acompañante, si bien se trataba de una mentira para quedar bien. Como no le gustaba, consideraba una pérdida de tiempo conocerse más para no darle ilusiones. Ante la actitud del hombre, Lupe decidió cortar por lo sano antes de llegar siquiera a los postres. De esta forma, cuando las camareras se acercaron a la mesa por si necesitaban algo más, la soltera explicó que aquello no iba a ningún lado y no quería alargarlo más. «Dónde no hay, no se puede sacar. Yo prefiero terminarla ya», espetó la jerezana, que se marchó creyendo que sí le había gustado a Antonio y que se iba a arrepentir de haberla dejado escapar. En cualquier caso, no quisieron seguir conociéndose.
