No habían pasado ni dos semanas desde el último cara a cara entre Real Madrid y Barcelona en la capital, esta vez correspondiente a la liga doméstica, cuando ambos volvieron a encontrarse. En aquel duelo, el Barça rompió la mala racha que arrastraba en los diez últimos clásicos. Aquella derrota dejó en el equipo de Scariolo una sensación extraña, de sorpresa ante la solvencia del máximo rival, capaz de superar los cien puntos en el feudo más inexpugnable de Europa. Había más preocupación que ánimo de revancha en este segundo capítulo... Читать дальше...