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El cuidado con las palabras no puede tener excepciones: carta abierta a Ariel Robles

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Estimado don Ariel Robles:

Coincido con usted en su llamamiento a tener cuidado con las palabras y espero que sea escuchado por la totalidad de la población, sobre todo por quienes pretenden normalizar los discursos de odio.

Los ataques personales, las amenazas y el llamamiento a la violencia contra un adversario político son inaceptables, independientemente de que la víctima sea de izquierda, derecha o centro.

Desear que alguien sea agredido físicamente no es crítica política, y cruzar esa línea no debería tolerarse en una sociedad democrática.

Precisamente porque las palabras importan, quisiera invitarlo a usted y al Frente Amplio a aplicar ese principio con el mismo rigor cuando se refieren a Israel, el sionismo y el conflicto palestino-israelí.

El 8 de octubre de 2023, apenas un día después de la masacre perpetrada por Hamás en Israel, usted afirmó públicamente que “Israel debe respetar las resoluciones de la ONU y detener el genocidio en Palestina”.

La ofensiva terrestre israelí en Gaza todavía no había comenzado; sin embargo, usted ya había pronunciado la palabra “genocidio”, una de las acusaciones jurídicas y morales más graves contra un Estado.

No habló de un riesgo de genocidio, ni pidió investigar posibles crímenes de guerra, ni esperó a conocer cómo se desarrollaría la respuesta militar israelí. Afirmó que Israel debía “detener el genocidio”. Desde entonces, ha repetido esa acusación.

A setiembre de 2026, no existe una sentencia definitiva de la Corte Internacional de Justicia que haya determinado que Israel cometió genocidio en Gaza. El proceso promovido por Sudáfrica continúa pendiente sobre el fondo. Las medidas provisionales dictadas por la Corte son serias y vinculantes, pero no equivalen a una condena ni resuelven si se configuró el delito de genocidio.

Esto no significa negar el sufrimiento inmenso de la población palestina ni sostener que Israel esté exento de rendir cuentas. Se puede condenar la muerte de civiles, exigir investigaciones por posibles crímenes de guerra, criticar duramente al gobierno de Benjamin Netanyahu y defender un Estado palestino, pero “genocidio” tiene un significado jurídico específico y exige, entre otros elementos, la intención de destruir total o parcialmente a un grupo protegido como tal.

Utilizar esa palabra como sentencia política desde el 8 de octubre de 2023 obliga a preguntar si primero existió la evidencia y después la conclusión, o si la conclusión estaba tomada antes de que existieran los hechos posteriormente invocados para justificarla.

Algo parecido ocurre con la palabra “sionista”, usada con frecuencia como insulto. Sionismo no significa Netanyahu, ni apoyar asentamientos, ni justificar la muerte de civiles palestinos. En su sentido esencial, sostiene que el pueblo judío tiene derecho a la autodeterminación nacional en su patria histórica. Se puede ser sionista y defender un Estado palestino, oponerse al actual gobierno israelí y manifestarse contra la guerra y los colonos israelíes.

Cuando Antonio Ortega, su excompañero de bancada, habló en la Asamblea Legislativa de las “amenazas del lobby sionista”, las palabras también debieron preocuparle. Pero si hoy usted sostiene que una persona puede ser corresponsable por legitimar discursos ajenos, cabe preguntarle por qué no marcó una distancia igualmente clara ante ese lenguaje dentro de su propio espacio político.

Es válido criticar a organizaciones proisraelíes. Lo problemático es invocar un difuso “lobby sionista” que amenaza a legisladores, una fórmula peligrosamente cercana al viejo estereotipo del poder judío oculto que supuestamente manipula gobiernos e instituciones.

Nos alegramos de que la justicia confirme sus palabras contra los llamamientos a la violencia. Lamentablemente, discursos similares a los que usted denuncia ya pasaron a los hechos.

Entre los miles de judíos atacados en todas partes del mundo desde antes del 7 de octubre de 2023 por fanáticos azuzados por los llamados “antisionistas”, antiisraelíes e islamistas, se encuentra un costarricense, herido hace poco con un destornillador en Nueva York.

Si un adversario comparte un mensaje violento contra usted, voy a condenarlo. Si alguien amenaza a su familia, lo condenaré con mayor fuerza. Pero si desde su bancada se habla del “lobby sionista”, pregúntese también qué mensaje se transmite.

Si en una manifestación cercana a su espacio político se canta “desde el río hasta el mar”, pregúntese qué futuro se propone para Israel y sus habitantes.

Si acusa a Israel de genocidio, recuerde que utilizó esa palabra desde el 8 de octubre de 2023, antes de la ofensiva terrestre y mucho antes de que un tribunal examinara el fondo del caso.

Costa Rica necesita una izquierda democrática defensora, con firmeza, de los derechos de los palestinos. También necesita que todas las fuerzas políticas reconozcan el sufrimiento palestino y cuestionen al gobierno israelí cuando corresponda.

Defender a palestinos e israelíes no son objetivos incompatibles. Es posible defender simultáneamente el derecho de ambos pueblos a la autodeterminación y decir “Palestina sí” sin decir “Israel no”.

Don Ariel, condene las amenazas contra usted, porque yo también las condeno. Condene los ataques personales contra usted y su familia, porque yo también los condeno, pero aplique el mismo cuidado a las palabras que pronuncia, a las acusaciones que repite y a las expresiones que se normalizan dentro de su propio espacio político.

Usted tiene razón cuando exclama que las palabras tienen consecuencias, y como prueba de ello están el costarricense herido en Nueva York y los muchos otros que, estoy seguro, no apoyarían ninguna política que atente contra el derecho palestino a criar a sus hijos en paz, como nosotros criamos a los nuestros.

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Nota del autor: Este texto es una columna de opinión. Distingue deliberadamente entre declaraciones verificadas de Ariel Robles, expresiones de otros integrantes del Frente Amplio y consignas presentes en manifestaciones. No atribuye al diputado ni al partido frases para las que no se encontró una fuente oficial.

amajchel@hotmail.com

Amin Majchel es expresidente de la Comunidad Judía Costarricense.