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Hipertrofia e ineficacia de cuatro ministerios

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Abc.es 
Entre las carencias estructurales y de gestión que ha destapado la invasión que originó la crisis de Ceuta destaca la ineficacia de los ministerios especializados. Migraciones, Igualdad, Derechos Sociales y Juventud e Infancia, carteras estrellas de la pirotecnia política de Moncloa han adquirido, bajo el mandato de este Gobierno, entidad propia y una cartera independiente y se han mostrado estos días, ante un problema que les compete directamente, más inútiles que nunca. Lo que destapa Ceuta va mucho más allá de comprometer la soberanía de nuestro territorio y la seguridad y la vida de los ceutíes. Lo que se descubre es una manera de hacer política propia del sanchismo dedicada a todas las tareas en las que pueda brillar su líder, una lista de habilidades entre las que no se encuentra la gestión eficaz de los problemas reales. La lista de carteras que no han rendido lo que se esperaba de ellas en el último mes es larga. El Ministerio de Migraciones tiene, como es obvio, un papel esencial en Ceuta, tanto en la prevención como en la respuesta, dos tareas en las que ha fallado estrepitosamente. No anticipó los sucesos, pese a que había señales claras de alarma de que iban a producirse, y tampoco ha solucionado la crisis generada por la presencia de miles de inmigrantes en las calles de Ceuta, hacinados, ocupando ilegalmente espacios como la playa del Trampolín o vagando por las calles. Dos semanas tardó la ministra Saiz en aparecer en la escena política para hacerse cargo del asunto. El Ministerio de Juventud e Infancia, al que compete la gestión de los cientos de menores, algunos de ellos en situación muy vulnerable, tampoco ha sido capaz de demostrar su eficacia. El Ministerio de Igualdad, bandera ideológica del Gobierno, tampoco ha sido capaz de proteger a las mujeres que han sido agredidas en las calles de Ceuta, una veintena, entre las que se encuentran menores de hasta diez años. La ministra Ana Redondo no ha pisado Ceuta y desampara a mujeres que están en verdadero peligro, mientras durante años ha dedicado esfuerzo y presupuesto público a llamar la atención sobre asuntos accesorios y delirantes. El papel del Ministerio de Derechos Sociales no ha sido más brillante que el de los demás. Veintidós ministerios tiene este Gobierno de coalición, que ha dotado de entidad ministerial a lo que hasta ahora eran direcciones generales, provocando un gigantismo administrativo con efectos presupuestarios que se muestra absolutamente ineficaz cuando se le necesita. Cuando aparece una crisis en la que se debe actuar más allá de los intereses políticos, se confirma la sospecha de que todo aquel despliegue gubernamental no tenía otro objetivo que funcionar como agencia de colocación para los partidos que forman el Gobierno de coalición, y como arma para las guerras ideológicas y culturales de La Moncloa que, enfrentados a crisis de gravedad como la que estamos abordando, rozan el ridículo administrativo. Una nación como la nuestra merece un Gobierno con una disposición contenida que sea eficaz, y no una superestructura hipertrofiada como esta que, a la hora de la verdad, no cumple con las funciones que se le encomiendan.