Los que esperan, por Cynthia Cienfuegos
Paciencia y confianza. Estas han sido las palabras que la presidenta electa, Keiko Fujimori, ha usado para dirigirse a la ciudadanía a menos de un mes de asumir su mandato.
Efectivamente, los problemas no se van a solucionar en quince días. Pero lo que la ciudadanía sí espera es un gobierno preparado, técnica y políticamente, para tomar decisiones clave y para brindar respuestas efectivas, sostenibles y descentralizadas frente a demandas históricas. Ya no es momento de diagnósticos. Fuerza Popular viene de cuatro postulaciones a la presidencia desde el 2011, ha elaborado cuatro planes de gobierno, ha sido mayoría absoluta en el Congreso durante el 2016 y ha tenido presencia relevante en los últimos períodos parlamentarios. Por lo tanto, sí ha habido tiempo para conocer las problemáticas estructurales del país y profundizar en ellas. Hoy, la población pide que ese conocimiento se traduzca en decisiones.
Por otro lado, en un país fracturado como el nuestro, la confianza no se tiene que pedir. Necesita ser reconstruida. En los últimos años, la confianza hacia las instituciones y entre los mismos ciudadanos se ha deteriorado. Gobernar en medio de este contexto, donde nadie cree en nadie, requiere hechos y gestos concretos: capacidades técnicas, transparencia, diálogos multiactor y descentralizados, y una participación inclusiva de la sociedad civil organizada en la toma de decisiones. El gobierno debe tener una lectura territorial de los problemas que nos aquejan y comprenderlos en sus propios contextos locales. El paro en Ucayali, por ejemplo, ya no es únicamente por el alza del combustible. Es también por un hospital paralizado, por la falta de agua potable, por la falta de saneamiento de los predios rurales y por la situación de la educación universitaria. Cualquier convulsión social nos lleva a un problema estructural, y estos problemas estructurales no pueden ser atendidos únicamente con medidas de emergencia o respuestas temporales.
A menos de un mes de haber tomado el poder, es importante que el nuevo gobierno sea consciente de que le está pidiendo paciencia y confianza a un país que ha visto juramentar a ocho presidentes en los últimos diez años, mientras que las denuncias por extorsión se han multiplicado, el sistema de salud continúa colapsado, la minería ilegal avanza, las comunidades indígenas ven amenazados sus territorios, las violencias contra las mujeres y niñas se agudizan y millones de peruanos se enfrentan a la pobreza y a la precariedad laboral. Me temo que la paciencia se ha agotado y la confianza hay que ganársela.
