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Arte y seducción: una forma inesperada de enamorarse de Bruselas

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Conocemos el pulso de Bélgica a través de la música electrónica, su sobriedad institucional y esa particular mezcla de tradición y modernidad. Sin embargo, existe una Bruselas más íntima, aquella en la que el arte se convierte en una forma de descubrir la ciudad con otros ojos.

Desde LA RAZÓN nos sumergimos en esta aventura artística y, después de recorrer las paradas imprescindibles del centro histórico —la Grand Place, el Sablon y el Manneken Pis, entre mejillones, waffles y cerveza artesanal—, nos dejamos llevar por una capital que invita a recorrerla con los cinco sentidos.

La cita donde inicia la magia

Para despertar la sensibilidad, el Musée Magritte (Place Royale) ofrece el escenario perfecto. El espacio reúne la mayor colección del mundo dedicada al maestro del surrealismo, con más de 230 obras y documentos de archivo. Magritte es célebre por desafiar la percepción mediante el juego conceptual y el doble sentido. Sus piezas son un desafío a la mente y una introducción sutil al imaginario de la sociedad belga. En el mismo complejo, el Old Masters Museum equilibra la propuesta con una inmersión más clásica, con obras de maestros barrocos y renacentistas.

En Bruselas, el arte es un idioma que se adhiere a la ciudad con discreción y sigilo. La ciudad acoge constantemente algunas de las propuestas artísticas más creativas y estimulantes de Europa. Para los devotos del arte contemporáneo, Bozar (Palais des Beaux-Arts) es otra de las paradas obligatorias. Su programación multidisciplinar reúne exposiciones, arquitectura, música y propuestas contemporáneas que convierten el espacio en uno de los grandes puntos de encuentro cultural de Bruselas. Artistas de todo el mundo llegan a este espacio para abordar, a través de sus obras, algunas de las grandes cuestiones sociales y ambientales de nuestro tiempo.

Fuera del circuito tradicional, destacan tres joyas: WIELS (Av. Van Volxem 354), asentado en una antigua fábrica de cerveza de estética industrial, conserva en su interior los tanques de cobre originales. Allí, la creación contemporánea dialoga con la contundencia del espacio industrial en una combinación difícil de encontrar. Art & Marges Museum (Rue Haute 314), rompe las normas del circuito tradicional exhibiendo art brut, creado por artistas autodidactas o al margen de la sociedad. Este espacio invita a descubrir un arte puro, crudo y sin filtros comerciales, situado además en el bohemio barrio de Les Marolles. Por último, el Museo Van Buuren (Avenue Léo Errera 41), es una espectacular mansión art déco intacta de finales de los años 20 con muebles firmados por Studio Jansen y obras de Foujita o Brueghel. Pero quizá sean el Jardín del Corazón y el Laberinto los que terminen de justificar la visita: dos espacios diferentes que convierten el jardín en una experiencia artística. El Laberinto, creado en 1968 e inspirado en el Cantar de los Cantares, aporta la geometría y el juego; mientras que el Jardín del Corazón, diseñado en 1970 por René Pechère, envuelve al visitante en una atmósfera más romántica y delicada.

Dormir es un arte

En este contexto artístico, donde la pintura nos pone en situación para todo tipo de interpretación, también es justo elegir un hospedaje acorde. Nhow Brussels Bloom es esa pieza de arte que complementará esta experiencia surrealista. Ubicado en el número 250 de la Rue Royale, el hotel es arte en sí y nunca mejor dicho: cada habitación es una explosión de pintura. Vistas de ensueño y un encuadre para jugar con la imaginación: cada planta presenta obras de diferentes artistas locales e internacionales, convirtiendo los pasillos y espacios comunes en una galería viva.

Además de contar con un interiorismo ecléctico y vanguardista, dispone de habitaciones diseñadas para desafiar a la imaginación. Sus ventanales gigantes dibujan, sin esperarlo, los atardeceres más espectaculares de la ciudad, alcanzando a contemplar en el horizonte el icónico Atomium. El hotel se encuentra rodeado de verdes refugios como el Jardín Botánico.

Como añadido artístico, alberga el espacio Atelier, un concepto creativo diseñado alrededor de la idea de que el propio alojamiento sea una experiencia inmersiva. nhow, perteneciente a la cadena Minor Hotels, explora el lado más creativo de las capitales donde se instala, y Bruselas no es la excepción; basta con detenerse en las formas y colores que recorren sus paredes para entender que, aquí, absolutamente nada es casualidad.

Sea largo o corto nuestro paso por Bruselas, siempre podremos elegir vivir una de estas experiencias, precisamente porque son capaces de quedarse en la memoria e invitarnos a volver, aunque solo sea para reencontrarnos con ese lado más íntimo, sensible y emocional de la ciudad.