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Nubarrones en el horizonte de las relaciones hispano-marroquíes

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Con independencia de las causas directas e indirectas de lo ocurrido, la fecha del 30 de julio de 2026 amenaza con pasar en negrita a los libros de la historia más oscura de las relaciones contemporáneas entre España y Marruecos. Pocos dudan a un lado y otro del Estrecho de que habrá un antes y un después de lo sucedido en la frontera de Ceuta, aunque la otra gran certeza de un momento de turbulencias como el actual –que podría no estar sino escribiendo aún sus primeras páginas– es que los dos países están condenados a seguir tratando de entenderse.

Aunque la teoría del colchón de intereses –incluida la celebración conjunta de un Mundial de fútbol en que algunos creyeron ver la garantía de unos años de armonía y libres de sobresaltos– se ha mostrado fallida en esta ocasión, no menos cierto es que Estados, empresas y ciudadanos de España y Marruecos continuarán cooperando.

La gran pregunta, con todo, es qué cambiará para mal a partir del 30-J y qué cosas habrán de hacerse de otra forma para evitar episodios tan ignominiosos como el de hace dos semanas, cuando más de 70.000 personas irrumpieron en suelo ceutí como consecuencia de la inhibición de los agentes fronterizos marroquíes y de la incapacidad de las fuerzas de seguridad españolas para disuadirlas y detenerlas.

Con casi dos décadas de residencia en Marruecos, y testigo de varios episodios de crisis entre los dos países, la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de Rabat (UIR) Beatriz Mesa admite estar «aturdida» por lo ocurrido, una «crisis política y no migratoria» que, a su juicio, aboca a las relaciones bilaterales a una «escalada» y a «un momento muy crítico».

La docente española apunta como causa profunda de la crisis a una reconfiguración regional marcada por la cada vez más estrecha alianza entre EEUU, Israel y Marruecos que, a su juicio, desplaza ya hacia una «nueva dirección» las relaciones hispano-marroquíes. «Circula en Marruecos la tesis de que el presidente español, Pedro Sánchez, podría estar pagando la factura de su apoyo al Estado palestino y la denuncia del genocidio en Gaza», explica la investigadora a LA RAZÓN.

Mesa, testigo directo en el lado marroquí de la frontera de la última crisis, evoca una hipótesis más inmediata y es que con la inhibición de las fuerzas de seguridad fronteriza Rabat estaría denunciando «una erosión en su soberanía» derivada de la proposición de ley –impulsada por Sumar y apoyada por el PSOE– para conceder la nacionalidad española por carta de naturaleza a saharauis nacidos bajo administración española antes del 29 de septiembre de 1977, la cual será votada en el pleno del Congreso el próximo 10 de septiembre.

«Lo cierto es que las declaraciones desde Marruecos continúan, como la amenaza de suspender el acuerdo de extradición con España. Hacía años que no veíamos algo así: hay intención de provocar turbulencias importantes», lamenta Mesa.

«Las relaciones entre Marruecos y España siempre estuvieron presididas por la desconfianza mutua. Lo cual es normal entre dos países con intereses y culturas distintas», recuerda el catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada (UGR) José Antonio González Alcantud. «La relación con España ahora es desigual en lo político, por lo que no hay posibilidad de acuerdos de fondo con esas divergencias estructurales entre uno y otro país. De este choque y de las armas ‘‘medievales’’ empleadas (masas de población con objetivos militares, movilizadas con subterfugios que pueden llegar a ser xenófobos), en un cuadro de guerra híbrida no nos vamos a recuperar. Es absolutamente imposible», sentencia a LA RAZÓN el investigador especializado en las relaciones hispano-marroquíes.

Desde el otro lado del Estrecho no se niega la gravedad de la situación, pero se aboga por evitar posiciones maximalistas y, sobre todo, se hace hincapié tanto en la multiplicidad de factores que condujeron al episodio de los días 30 y 31 como, sobre todo, a la necesidad de tender puentes. Para el hispanista marroquí y autor del ensayo «La vecindad cautelosa Nabil Driouch», «las relaciones entre los dos países atraviesan una etapa difícil en la que se ha visto afectada la confianza mutua, aunque ambos hayan mantenido abiertas las vías de comunicación y cooperación a nivel oficial y estén trabajando juntos para contener la crisis en un contexto complicado».

Por contraste con el silencio gubernamental y lejos de la imagen monocromática a menudo atribuida a los medios de comunicación marroquíes, la crisis de Ceuta ha abierto el debate público sobre el deterioro de la imagen del país causado por la difusión internacional de las imágenes de la frontera con Ceuta y sobre la necesidad de abordar con seriedad el problema de fondo de la frustración de la juventud marroquí ante la falta de horizontes vitales en su país, y, salvo excepciones, predomina un tono de respeto hacia España y sus representantes.

Así, en el digital marroquí «Le 360», el intelectual más conocido internacionalmente, el escritor Tahar Ben Jelloun, exigía «la rendición de cuentas» a «quien estuviera detrás» del uso de la presión migratoria como «arma» después de haber manifestado su incomprensión ante el hecho de que la policía marroquí permitiera la marcha de miles de jóvenes hacia la frontera ceutí y también de constatar las «consecuencias» de la visita de Pedro Sánchez a Argel del pasado 20 de julio, poco más de una semana antes de la gestación de la crisis.

Sin vuelta atrás

Sobre el incierto futuro de las relaciones bilaterales, a juicio del antropólogo González Alcantud, «estamos en un momento muy peligroso, sin retorno, encapsulados cada uno en su discurso, y habiendo perdido a los mejores mediadores. España ha cedido al chantaje (terrorismo, inmigración), a la seducción oriental medida y calculada (acogidas, banquetes, hoteles, lujo, etc.) y al relato victimista (el colonialismo, que duró cincuenta años y que parece no acabar nunca». «Sánchez caerá para siempre por la cuestión marroquí», augura.

«Los españoles hemos descubierto una cultura muy sagaz pero con un rencor histórico que no cesa. Yo he luchado casi cuarenta años por un entendimiento que ahora veo imposible, y que acabará en un choque predecible. No prepararse, incluso movilizando al islam español y a los marroquíes de origen que viven en nuestro país, como residentes o ciudadanos, sería de necios», concluye el autor del ensayo «Historia colonial de Marruecos».

Por su parte, la politóloga Beatriz Mesa, quien no oculta su preocupación por el futuro inmediato de las relaciones bilaterales, admite además su pesar por «los brotes de maurofobia e islamofobia en España» derivados del episodio del Tarajal. Desde la capital de Marruecos, el escritor Nabil Driouch recuerda a LA RAZÓN que «ambos países han atravesado momentos difíciles a lo largo de su historia contemporánea que siempre se han superado mediante el diálogo y la sensatez. Estoy seguro de que se superará esta crisis a pesar del dolor que nos ha causado».

El único elemento de la ecuación en las relaciones bilaterales susceptible de experimentar cambios a medio plazo es el de un eventual cambio de signo político en España, aunque por el momento muchos son los interrogantes sobre cuáles serían la teoría y la praxis de un ejecutivo del PP y el apoyo de Vox en sus relaciones con Rabat, que observa con atención cada movimiento de la oposición. Las críticas populares a Sánchez por su giro en el Sáhara de hace cuatro años se han centrado más en la forma que en el fondo, y no constan declaraciones del político gallego al respecto de si, una vez en el poder, su ejecutivo rectificará o cuando menos matizará la posición española en el largo conflicto en torno a la ex colonia española.

En la actual crisis se ha podido escuchar desde filas populares que con ellos en el gobierno de la nación Marruecos «no tendrá la llave de la frontera», pero también al propio presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, adelantar que el país magrebí será su primer destino –a diferencia de lo hecho por Sánchez, que optó por París– en el extranjero una vez sea investido presidente y subrayar que Marruecos ha de ser «un socio estratégico» en una relación «inteligente y eficiente». «El anuncio de Núñez Feijóo de que Marruecos será su primera visita en caso de ser elegido presidente del Gobierno demuestra visión de futuro y sabiduría, y subraya la dimensión estratégica de las relaciones entre ambos países», asegura el especialista en relaciones hispano-marroquíes Nabil Driouch.

Antes que las generales en España, Marruecos celebrará también comicios, en este caso tan pronto como el próximo 23 de septiembre. La voz más reconocible de la oposición al actual gobierno presidido por el empresario Aziz Akhannouch (RNI) es el líder de los islamistas del PJD y anterior jefe del gabinete Abdelilá Benkirane, quien no ha dudado en cargar contra el actual ejecutivo marroquí por su gestión y silencio ante lo ocurrido en la frontera de Ceuta.