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Cuatro años sin Mónica: su exnovio, en prisión, sin cadáver y a la espera de juicio

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«Siempre está en mi cabeza esa pregunta: ¿dónde estará mi hermana? ¿Dónde? Sobre todo cuando voy por Tarragona, intento seguir con mi vida, pero miro alrededor y digo: tiene que estar por algún lado, pero ¿dónde? ¿Qué haría con ella aquel día?». Este sinvivir es la dura realidad de María Jesús, hermana de Mónica de la Llana, que «desapareció» hace cuatro años en La Morera de Montsant (Tarragona) y cuya ex pareja se encuentra en prisión preventiva desde noviembre de 2024 como principal sospechoso de su desaparición.

A Mónica le perdieron la pista el 21 de julio de 2022. Había terminado una relación sentimental con su último novio y había conocido a Carlos, un tipo «oscuro», según la gente su pueblo. «Tenían una relación tormentosa pero nosotros, la familia, nos enteramos cuando ella ya estaba desaparecida», explicó entonces María Jesús. Fue a raíz de que nadie supiera de su paradero cuando todas las miradas se posaron sobre su última pareja y las amigas de la joven comenzaran a reenviar a la hermana mensajes de texto y de audio de Mónica quejándose del maltrato que le daba este hombre.

«Yo he escuchado audios de mi hermana en los que él la tapaba la boca y ella decía se ahogaba. Que sufría malos tratos por parte de este chico es evidente. Ahora, lo que pasara ese día no lo se». Es otra de las cosas que atormenta a María Jesús. «Me pregunto si sufriría antes de morir. Qué fue lo que le hizo. También pienso a veces que a lo mejor ocurrió algo sin querer, fíjate lo que pienso. Él no es un santo, pero a lo mejor no le hizo daño a propósito, yo que sé... Tu cabeza da tantas vueltas que piensas de todo». Pero independientemente de lo que ocurriera aquel día entre Mónica y Carlos, lo que la familia no puede soportar es el silencio de él. «Que nos diga dónde está mi hermana. Que diga qué hizo con el cuerpo. Parece que se ríen de nosotros, ese sufrimiento a la familia no se hace. Aunque ahora salga el juicio y sea condenado, claro que sería un alivio, pero no estaría completo si no sabemos dónde está ella», explica María Jesús, temiendo formar parte de la lista de familias que sufren esta condena.

Y recuerda a la familia de Marta del Castillo o Francisca Cadenas, ésta última con más suerte al haber podido encontrar los restos de su familia nueve años más tarde. «A Carlos también le debieron coger por sus conversaciones telefónicas porque le pincharon el teléfono a los tres meses de desaparecer mi hermana. O por lo que encontraran en los registros. Algo debieron ver cuando la jueza le mandó a la cárcel y su abogado solicita cada poco la puesta en libertad pero no se la conceden». En noviembre hará dos años de que el exnovio de Mónica entró en prisión preventiva y se encuentra a la espera de que la jueza instructora envíe ya el asunto a la Audiencia Provincial de Tarragona para que señale fecha de juicio oral, seguramente ya para el año que viene y con tribunal de jurado.

«Tenemos la esperanza de que a medida que se acerque el juicio él flaquee y diga dónde está mi hermana, porque si no, nos parecerá bien que le condenen pero hasta que no la encuentren no descansaremos tranquilos», explica la hermana de Mónica, que dejó huérfano de madre a un hijo de hoy 25 años.

El chico regresó al País Vasco con su padre tras vivir un tiempo con los abuelos maternos tras la desgracia. En realidad fueron ellos quienes le criaron la mayor parte de su infancia ya que Mónica le tuvo muy joven. Llegó a Tarragona embarazada de él, con su entonces pareja, el padre del bebé. Pero las cosas no fueron bien y se separaron. A Mónica la llamaban «La Vasca» y pronto comenzó a encadenar trabajos temporales ya que no era raro que la echaran porque llegaba tarde o no se presentaba.

Pero desde el 21 de julio había dejado de contestar a mensajes de móvil, no había movimientos en su cuenta bancaria ni en la tarjeta sanitaria a pesar de que debía haber ido a recoger medicamentos para el asma y para una arritmia recién detectada. La versión de Carlos es que él la dejó en una parada de autobús en Cornudella de Montsant, a 15 minutos en coche. Eran, según su versión, sobre las 14:00 horas aunque la antena que daba cobertura al teléfono de Mónica, según ha podido saber LA RAZÓN, no es la de Cornudella. Pero tanto su familia como los investigadores creen que no llegó a subirse a ningún autobús, que algo violento ocurrió entre ellos y que Carlos se deshizo del cuerpo en algún paraje de la zona. Ahora solo falta que confiese dónde.