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Triunfos y fracasos de una rebelión. El camino a la Guerra Civil

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La rebelión en Zaragoza nunca estuvo en duda. Han corrido ríos de tinta sobre las posibles vacilaciones del general Cabanellas, comandante en jefe de la Quinta Región Militar, pero lo cierto es que llevaba tiempo a favor del golpe, como mínimo desde el encuentro con el general Mola en Murillo de las Limas el 7 de junio de 1936, y muy probablemente antes. Sin embargo, su condición de masón y su oposición a la jefatura del general Franco una vez comenzada la guerra provocaron que la historia oficial posterior tratara de minimizar su papel. Además, en caso de que Cabanellas hubiera fallado, estaban el coronel José Monasterio y el capitán Mediavilla, listos para tomar el relevo.

En cambio, Madrid era una incógnita para mal. Desde el principio, el general Mola había albergado dudas importantes sobre la posibilidad de ganar la capital para el golpe. Aunque la oficialidad parecía segura, la guarnición estaba dividida y, sobre todo, en ella había numerosas fuerzas del orden –hasta veinticinco compañías de la Guardia de Asalto, catorce de la Guardia Civil, cinco de Carabineros y tres escuadrones de Seguridad–, de hecho, había más policías que soldados. Por eso, el plan preveía el envío de columnas desde Valladolid, Pamplona y Zaragoza para apoyar a los conspiradores de la ciudad, o para conquistarla si estos fracasaban.

Las columnas procedentes del norte y del este dependían en buena parte de lo que sucediera en la capital de Aragón. Sus arsenales eran cruciales para apoyar el golpe en Pamplona, de donde tenía que salir una de ellas, mientras que su guarnición era lo suficientemente numerosa como para poder destacar otra fuerza en dirección a la capital. Sin embargo, la ciudad era también la sede del anarquismo en la región y en ella habitaban numerosos trabajadores, posibles opositores a la sublevación, a los que había que controlar como fuera, y la represión fue brutal. Los disturbios empezaron el día 18, con numerosos movimientos leales y golpistas, incluida la detención del general Núñez de Prado, enviado desde Madrid para asegurarse de la lealtad de Cabanellas. Pero el golpe no estalló hasta la madrugada del 19 de julio, cuando, poco después de la lectura del bando de guerra, las tropas abandonaron los cuarteles para ocupar los lugares más importantes de la ciudad. A las 5:15 horas se procedió a la detención del gobernador civil, y a las 6:00 las tropas tenían controlados tanto el centro como los barrios obreros.

No sucedió lo mismo en Madrid, donde los golpistas cedieron la iniciativa el mismo día 18, y nunca la recuperaron. A las 10:30 una columna de milicianos salió de Vallecas para tomar el cuartel de Vicálvaro, donde consiguieron unos tres mil fusiles. Poco después los leales conseguían rendir el cuartel de artillería de Getafe, y posteriormente los de Campamento. Por el contrario, los rebeldes resisten en los cuarteles de Conde Duque y Pacífico a pesar de que sus líderes apenas se han manifestado. El día 19, mientras Cabanellas se hacía con Zaragoza, el general Fanjul se encerraba en el cuartel de la Montaña –con un millar de soldados y poco menos de doscientos falangistas– para esperar la llegada de unos refuerzos que nunca vendrán. Al día siguiente el edificio estaba totalmente cercado y los milicianos frentepopulistas empezaron los asaltos con la ayuda de al menos tres piezas de artillería, una de ellas pesadas, un carro de combate y aviación. Durante el tiroteo, un grupo de asaltantes se abrió paso por el muro sur y entró, consiguiendo que la defensa se derrumbara e iniciando una matanza en la que Fanjul salvó la vida a duras penas.

El día 21 ambos bandos tenían su ciudad y podría decirse que la cosa había acabado en empate, mientras que el país estaba a punto de perderlo todo. A diferencia de lo que había sido habitual en muchos de los golpes militares sufridos en España durante las décadas anteriores, los conspiradores no iban a darse por vencidos y el Gobierno no iba a claudicar. Zaragoza y Sevilla, Barcelona y Madrid, iban a convertirse en centros neurálgicos de la Guerra Civil española.

Para saber más…

Julio de 1936. Del Golpe de Estado a la Guerra Civil (II)

Desperta Ferro Contemporánea n.º 76

68 pp

7,50 €