Orban e Irán eclipsan la agenda de la cumbre de la UE
Lo que debía ser una cita centrada en la competitividad se ha transformado, una vez más, en un Consejo Europeo dominado por la urgencia geopolítica. La cumbre que se celebra este jueves en Bruselas llega condicionada por la escalada de tensiones en Oriente Medio y por el estancamiento de dosieres clave, como el apoyo financiero a Ucrania, lo que amenaza con relegar los planes iniciales de los Veintisiete para relanzar la agenda económica y el mercado único.
En su invitación a los líderes europeos, el presidente del Consejo, António Costa, defendió la necesidad de mirar hacia “la situación en Irán y la región” para coordinar una “respuesta a sus repercusiones geopolíticas y económicas, incluyendo lo relativo a los precios y la seguridad energética”, además de trabajar “por la desescalada y la estabilidad”. Con todo, Costa insistió en no perder de vista la estrategia a largo plazo, subrayando que “mientras trabajamos juntos para afrontar esta crisis, debemos mantener la vista puesta en nuestra agenda estratégica de competitividad, que cobra cada vez mayor relevancia”. En este sentido, anunció la puesta en marcha de la estrategia ‘Una Unión, un Mercado’. Según el presidente del Consejo, la crisis en Irán hace aún más urgente la necesidad de “reforzar la competitividad europea y potenciar nuestra autonomía estratégica” para que la Unión sea más resiliente.
Otro de los focos de tensión gira en torno a la incertidumbre sobre si el primer ministro húngaro, Viktor Orban, levantará su veto al préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania. Pese a los recientes esfuerzos diplomáticos por desbloquear la situación, hasta ahora Budapest ha mantenido una postura firme, bloqueando tanto el desembolso de los fondos como la aprobación del vigésimo paquete de sanciones contra Rusia.
El préstamo, aprobado en diciembre, requiere una unanimidad que otorga a Hungría un poder de veto decisivo en un momento de urgencia máxima: según la Comisión Europea, Kiev podría quedarse sin fondos a principios de mayo, comprometiendo su capacidad de defensa. Junto a sus homólogos de Eslovaquia y República Checa, Robert Fico y Andrej Babis, Orban aceptó inicialmente no bloquear el préstamo a cambio de quedar exentos de contribuir. Pero el mandatario húngaro sorprendió en febrero al reactivar el bloqueo, alegando que el corte del suministro de petróleo a través del oleoducto Druzhba fue una decisión deliberada de Zelenski motivada por “razones políticas”.
El martes, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, invitado especial a la cumbre, aseguró que Ucrania garantizará la reanudación del flujo de crudo ruso hacia Hungría y Eslovaquia lo antes posible. En respuesta a las demandas húngaras, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y Costa anunciaron que la UE prestará asistencia técnica para las reparaciones y asumirá sus costes mediante el presupuesto comunitario.
Sin embargo, las expectativas están bajo mínimos tras la publicación de un vídeo de Orban dirigido a Zelenski en el que advertía que “la postura de Hungría se mantiene inalterable”. En la misma línea, el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Péter Szijjártó, exigió a Von der Leyen y Zelenski el levantamiento inmediato del “bloqueo petrolero”.
El bloqueo se ha consolidado como el eje de la campaña de un Orban que, tras quince años en el poder, afronta ahora una reñida carrera por la reelección. Su discurso, que vincula directamente a las instituciones europeas y al Gobierno ucraniano con la figura de su rival político, le permite presentarse como defensor único de los intereses nacionales. La cumbre de este jueves revelará si la oferta técnica de la Unión logra finalmente desbloquear los fondos o si el pulso electoral de Orban se impondrá sobre la urgencia financiera de Kiev.
Por otra parte, el debate sobre la factura energética se perfila como el choque más divisivo de la reunión, un lastre que ahora se ve agravado por el conflicto en Irán. La fractura gira en torno al Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), un mecanismo que polariza al bloque. El bando liderado por Roma, que cuenta con el respaldo de Varsovia, Atenas o Praga, propone intervenir esta herramienta; el liderado por Madrid, Ámsterdam y Lisboa, considera el ETS uno de los ejes de la descarbonización.
Ante este escenario, Costa advirtió de que la prioridad inmediata es blindar a ciudadanos y empresas frente al repunte de precios, una tarea para la que Bruselas sugiere subsidios públicos o rebajas fiscales. El reto de este Consejo Europeo no es solo mitigar el aumento de los precios derivado de la guerra, sino resolver el problema de fondo: una electricidad más cara que la de sus principales competidores, Estados Unidos y China.
