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Madridismo bipolar

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Abc.es 
Sin llegar a los extremos que Robert Louis Stevenson retrata en su novela 'El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde', todos, más o menos, tenemos variaciones en el comportamiento de nuestra personalidad. En el ámbito psiquiátrico es bien conocido el denominado trastorno bipolar, cuyos enfermos tienen comportamientos extremos en su estado de ánimo, alternado momentos de una exagerada energía y euforia con otros de depresión y tristeza profunda. El comportamiento de la afición del Real Madrid se asemeja a esta bipolaridad, no en el ámbito psiquiátrico, pero sí en cuanto a su actitud en relación con la forma de jugar y los resultados del equipo. Si este hace algún mal partido, y no digamos si pierde en el Santiago Bernabéu, la afición se encrespa, silba y grita a los jugadores e, incluso, pide la dimisión de su presidente. Por el contrario, si hace una extraordinaria eliminatoria contra el Manchester City, al que ha eliminado por un contundente 5-1, que muchos de los aficionados daban por perdida a priori, la euforia se desata de forma exagerada y ya creen que van a ganar la Champions League. Mucho mejor –me refiero a la afición en su conjunto, no individualmente, a cada aficionado o socio, y mucho menos a los indeseables grupúsculos ultras– el comportamiento de la afición de otros equipos de fútbol como, por ejemplo, la del Atlético de Madrid, que cuando bajó a Segunda División, donde estuvo dos años, el Metropolitano se llenaba todos los partidos, animando la afición a su equipo para conseguir el retorno a Primera. J. Daniel Rodrigálvarez Encabo. Soria El próximo 16 de abril se jugará la final de la Copa del Rey de fútbol. Teniendo en cuenta los dos equipos que la disputarán no es aventurado suponer que habrá pitada al himno nacional. Uno ya está harto de soportar tal humillación siempre que coinciden determinados equipos. Contrasta la protección del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, y de su Consejo Superior de Deportes, hacia determinadas minorías con el olvido de lo que nos incumbe a todos. Con frecuencia asistimos a la suspensión y sanción de los jugadores o espectadores que profieren insultos racistas. Si para esa situación no se admite la libertad de expresión, tampoco debiera justificarse para las pitadas al himno. Código Penal –capítulo VI, 'De los ultrajes a España'–, el artículo 543 dice lo siguiente: «Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses». No vale escudarse en que son muchos los que ultrajan. El Estado de derecho implica el cumplimiento riguroso de la ley, no a veces o parcialmente. Por cierto, nuestro himno se escucha en pie, descubiertos, sin moverse, y en silencio, nada de «loo loo loo». Luciano Ibáñez Dobón. Zaragoza