Sánchez obliga a un debate ficción sobre medidas que no existen
La guerra en Oriente Medio comenzó el pasado 28 de febrero con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Desde entonces, a esta hora, han pasado 19 días y tres reuniones del Consejo de Ministros, pero el Gobierno no ha aprobado aún un paquete de medidas para paliar los efectos de la crisis derivada del conflicto. Ni siquiera se sabe todavía sobre qué versarán las ayudas, si se centrarán sólo en la energía o si hablarán también de vivienda, por ejemplo.
Y como no se sabe nada sobre las medidas, pues toca imaginárselas. En esas estamos.
El Congreso de los Diputados ha mantenido este miércoles, durante la sesión de control al Ejecutivo, un curioso debate-ficción sobre unas medidas que todavía no existen. Hay quien dice (el Gobierno) que se está actuando para "proteger a la ciudadanía", mientras que otros (la oposición y los socios) critican que se quedan cortas o se pasan de frenada. Pero en estos últimos sí hay un consenso: se tenía que haber actuado antes.
"Han pasado 20 días y no ha hecho nada, no tiene prisa", le ha dicho Alberto Núñez Feijóo a Pedro Sánchez. "Pero los transportistas, los pescadores, los agricultores, la industria, las empresas, las familias... sí tienen prisa", ha añadido. "Cada día sin aprobar unas ayudas es un día más que usted se aprovecha de la guerra, porque el Gobierno recauda más y los españoles tienen menos", ha apuntalado.
Además, Feijóo advirtió, levantando el dedo incluso, que al Gobierno "no se le ocurra traer las medidas en un decreto ómnibus, como hizo con las pensiones". Es decir, pidió al presidente que no se jugara las ayudas a los españoles a un todo o nada. Ruleta rusa, así calificó esta práctica parlamentaria el PNV.
Pero lo cierto es que ahí parece que va a estar el quid de la cuestión. El Gobierno ha pedido a todos los grupos parlamentarios que aporten una lista de medidas que quisieran que estén recogidas en el decreto que se vaya a aprobar el viernes y las cuentas no están todavía cuadradas. Ni siquiera el Gobierno transmite la confianza de que vayan a estarlo.
Un par de ejemplos. "Aparten las propuestas más extremas. No se la juegue esta vez, hay muchas familias, autónomos y sectores clave esperando", ha pedido la portavoz del PNV, Maribel Vaquero. "De esta se sale interviniendo el mercado", ha espetado Ione Belarra, tras pedir que el coste de la guerra lo asuma Josu Jon Imaz, el consejero delegado de Repsol. Otro: "Recupere el impuesto a las energéticas", le ha pedido Óscar Matute, de Bildu, a Sánchez.
A ver cómo se consigue que todas estas personas caben votando lo mismo. Si el decreto cae, se habrá producido una nueva materialización del sufrimiento ciudadano por culpa de la debilidad parlamentaria del Gobierno.
Pero eso es un escenario de futuro. Si un español medio se hubiera puesto en la televisión la sesión de control con el objetivo de saber, por ejemplo, qué va a pasar con sus impuestos mañana, se habría quedado igual que ayer por la noche. Nada. El Gobierno se ha limitado a pedir confianza en que actuará, aunque no se sepa cómo, y en atacar al PP. Pero lo ha hecho de un modo un poco reciclado.
Sánchez ha preguntado a Feijóo si ya se está preparando para votar en contra del real decreto por pedir que no sea del tipo ómnibus y ha recurrido a una estrategia que le funcionó en 2023: la de explicar que, por muy mal que vayan las cosas, con la derecha en el Gobierno habría sido peor. Cada vez que hay una crisis económica, recuerda que en 2008 se apostó por los recortes y él apuesta por amortiguar el sufrimiento de la gente. Ahora se retrotrae a 2023: "Si gobernaran el PP y Vox, hoy estaríamos en otra foto de las Azores", ha dicho.
E igual que ha llegado, se ha ido. Al poco de terminar su turno de palabra, mientras todavía hablaba María Jesús Montero, Sánchez se ha levantado y se ha ido a la Moncloa a recibir al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. El no a la guerra no se hace solo.
