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Un excremento en el córner

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Minuto 55 de partido. Estadio Francisco Artés Carrasco de Lorca. El Alhama femenino se enfrenta como local (no juega en su estadio porque no reúne los requisitos) al Sevilla. Saque de esquina para el conjunto visitante. Un momento. Se para el partido. La árbitra Alicia Espinosa se dirige al delegado de campo. ¿Qué pasa? Insólito, pero cierto: un enorme excremento ocupa justo la zona del otro córner. ¿Cómo llegó la caca ahí? ¿Cuándo? ¿Las chicas no repararon en los minutos anteriores? Los escasos 268 espectadores no dan crédito. Cosas que pasan en el fútbol femenino. En 2014, durante el partido entre Rosario Central y River Plate en la liga argentina, un perro se metió en el campo durante el partido. El animal se puso a defecar dentro del área. El árbitro se vio obligado a detener el juego, que no pudo reanudarse, a pesar de los esfuerzos de todos por sacar al perro, hasta que el jugador Jesús Méndez lo cogió en brazos y lo sacó del césped. El inconveniente era jugar con el animal ahí, no tanto sus heces. Está claro, son situaciones puntuales. Pero este caso sí da clara idea de la dejadez en la que se encuentran muchos de los campos en los que se juega la Liga F. Este tipo de incidentes, por anecdótico que sea, no es propio de un torneo profesional. Hace daño al fútbol femenino. Queda en evidencia que los actuales modelos de gestión La Liga F no solo no evolucionan, sino que involucionan. ¿Más comparativas de falta de metodología implantada y de reacciones ante episodios fuera de norma? Este fin de semana, Abqar, jugador del Getafe, propinó un pellizco en los genitales a Alexander Sørloth, jugador del Atlético de Madrid, en pleno partido. En LaLiga se resolvió al instante : revisión del VAR, expulsión inmediata y declaraciones tras el partido del agresor contando su particular versión. Todo transparente, sin misterios. Si recordamos el toque de genitales similar por parte de Mapi León a Daniela Caracas en un derbi catalán, se ve claro que el fútbol femenino sigue viviendo en la sombra del secretismo. La sanción, en el caso de ellas, llegó tarde, sin explicaciones de las protagonistas (a la denunciante el club le prohibió hacer declaraciones, supuestamente «para protegerla»), con hermetismo y oscurantismo. Sé convirtió en un asunto tabú. La diferencia no es baladí. Ya no es solo que en La Liga F los estadios estén cada vez más vacíos (en el Badalona-Granada de este fin de semana solo asistieron 68 espectadores), es que cualquier comparación constata las notables diferencias que aún existen entre un fútbol profesional y otro que, por más que digan, sigue siendo amateur en gestión.