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Murió Alberto Ramírez Avendaño, el hombre que transformó el campo bravo venezolano

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El campo bravo venezolano ha perdido este sábado a una de sus figuras más respetadas y con mayor trayectoria técnica. El fallecimiento en la ciudad de Caracas de Alberto Ramírez Avendaño supone el cierre de una etapa fundamental para la ganadería de lidia en el país, según informó Rubén Darío Villafráz a este diario. Propietario del hierro de Los Aranguez, Ramírez Avendaño destacó por su profundo conocimiento genético y su capacidad para dotar de una personalidad propia a su vacada, asentada en los áridos terrenos del estado Lara, cerca de la localidad de Carora.

La trayectoria de este criador, nacido en Maracay, comenzó a finales de los años sesenta junto a los hermanos Riera y Ramón Zubillaga. Juntos emprendieron el reto de cimentar una ganadería con identidad nacional, basando su selección en el tronco de Santa Coloma y Buendía. Desde su antigüedad oficial, fechada el 20 de marzo de 1971 en el coso de Maracay, la divisa verde y grana se convirtió en un referente de seriedad y fijeza en los principales ruedos de la geografía venezolana.

La configuración de Los Aranguez es el resultado de una meticulosa labor de importación y cruce de sangres. Alberto supo amalgamar reses nacionales de Guayabita con sementales colombianos de Ernesto González y piezas fundamentales de la cabaña española. Especial relevancia tuvo la incorporación, a mediados de los setenta, de lotes procedentes de Martínez Elizondo y sementales con el hierro de Paco Camino, que aportaron la base necesaria para fijar los caracteres que han definido a esta casa durante décadas.

Durante los años ochenta, Ramírez Avendaño reforzó la pureza de su ganado con la introducción de vacas y sementales procedentes de la casa sevillana de Joaquín Buendía. Este movimiento estratégico permitió refrescar la sangre de la vacada y consolidar un tipo de toro muy específico, valorado por su entrega y comportamiento en los tres tercios. Su pericia para equilibrar estas líneas genéticas le valió el reconocimiento de profesionales y aficionados, situando a su hierro como el más importante y regular de Venezuela.

La labor de don Alberto trascendió la mera crianza de animales para convertirse en un ejercicio de preservación cultural en un entorno a menudo adverso. Supo interpretar las necesidades de la lidia moderna sin renunciar a la exigencia del toro santacolomeño, logrando que sus pupilos protagonizaran páginas de gran calado en ferias de la importancia de San Cristóbal o Mérida. Su fallecimiento deja un legado de rigor y afición que continuará presente en los potreros de "Los Caballos" y "Copacoa", donde siempre habitó su concepto de la bravura.

Con su partida, desaparece un ganadero de convicciones firmes que entendió la selección como una ciencia exacta al servicio del espectáculo. La historia del toreo en Venezuela no podría explicarse sin la aportación de Alberto Ramírez Avendaño y su búsqueda incesante de la excelencia. El sector taurino nacional, conmocionado por la noticia, despide a un hombre que dedicó su vida a garantizar que el toro de lidia conservara su esencia y su prestigio como eje vertebrador de la fiesta en el país.