(*) José Rafael Vilar es analista político, académico y escritor.
¿Hay democracia sin partidos políticos?
Esta semana estuve compartiendo animada y fructíferamente con políticos, activistas democráticos, miembros de think tanks y fundaciones internacionales, académicos, autoridades electas, parlamentarios, historiadores de cerca de una treintena de países —incluido el nuestro— sobre democracia y todo lo que ésta lleva aparejado de libertad, prosperidad, consenso, respeto, dignidad y tantos valores más que urge fomentar y refomentar. Y en medio de la discusión me surgió una duda que compartimos muchísimos: ¿Hay democracia sin partidos políticos? Y, para Bolivia, la consecuente: ¿Tenemos, hoy en Bolivia, realmente partidos políticos?
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Bolivia se anunció para su redemocratización anterior —1982— con partidos estructurados, independiente de si mantenían un liderazgo cacical o no: la ADN a la derecha (recientemente cancelada); el MIR en socialdemocracia de centro-centroizquierda; el MNR de la revolución nacionalista-popular que de izquierda iba pronto a convertirse en neoliberal; el fugaz Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda; el democristiano PDC; la desaparecida Falange; el pequeño pero ruidoso FRI maoísta; las versiones del Partido Comunista (diluidas o adsorbidas por el MAS después); la Unión Cívica Solidaridad (partido-propiedad también cancelado recién), y CONDEPA (Conciencia de Patria) que, sobre todo en Occidente, canalizó las inquietudes y reclamos de sectores urbanos y periubanos (mestizos e indígenas) desfavorecidos y marginados (al margen de los movimientos proindígenas indianistas y otros violentos kataristas indianistas). Así, entre 1980 y 1995 coexistieron entre 18 y 14 partidos políticos, la mayoría de ellos con representación parlamentaria (fuente: Mayorga, 2005 en Los tres tiempos del sistema de partidos políticos de Bolivia [1982 a 2009] de Giletta & Liendo, 2010), lo que conllevaba una rica actividad en el Congreso y la necesidad de debates, consensos y acuerdos, los tres ejes de una democracia parlamentaria —refuerzo esta etiqueta: liberal, aunque no fuera común aceptada la etiqueta.
Éste fue el panorama, con altas y muchas bajas que llegó a su crisis a finales de los 90 del siglo pasado y que, con el intermedio apaciguado (calma antes de la tormenta) de 2001-2002 con Quiroga tras la salida para morir del presidente líder de ADN, “explotó” en 2003 con la manipulada Guerra del Gas y… El resto lo sabemos: El dicenio del partido hegemónico que ganaba dos tercios parlamentarios y disminuía el debate político a resquicios por donde los opositores pudieran perforar ese Poder casi monolítico del evismo.
Para no seguir contando historias conocidas, el 2016 el 21F demostró el inicio del fin de un MAS que empezaba a empobrecerse, las “primarias partidarias” de enero del 2019 desnudaron los inflados números de los “principales” partidos y, de colofón, la chapuza del fraude en las írritas elecciones de octubre de ese mismo año.
La implosión anunciada del MAS en 2025, la cancelación de ADN y UCS, el PDC agarrado de los pelos, la intrascendencia de otros (como MNR y MTS y otros taxipartidos), entre otros, nos ha llevado hoy a que no existan partidos nacionales constituidos. (La inscripción legal de LIBRE recién como tal lo convierte, en este momento, en la primera posible de ser partido nacional a partir de la alianza homónima; le falta aún institucionalizarse y estructurarse vertical y horizontalmente pero estas elecciones pueden ser un motor para ello —y para otros, como PATRIA).
En Bolivia urge construir (y no reconstruir porque el anterior fracasó para siempre) un sistema de partidos que sean verdadera representación de la sociedad civil, no meras agencias de empleo y vehículos de contratos beneficiosos.
Sólo me queda una reflexión, más necesaria de tomar luego de las próximas subnacionales: La despartidización y la falta de entusiasmo con los partidos políticos que conocimos, indiferencia de la población en general pero mayor entre los jóvenes más allá de ciclos y de Redes y de IA ¿podría ser falta de creatividad política, de entender capacidad de reinventarse como confiables transmisores sociales tras la ola de populismos fallidos, sobre todo los sigloveintiuneros de izquierda, pero no los únicos?
Espero al 23.
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