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De sierva de Dios a sierva de Lina Morgan: la vida secreta de la actriz

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Abc.es 
«Ella lo dejó todo por amor. Se llamaba Mari Carmen y era un ser maravilloso. Pasó de ser la sierva de Dios a la sierva de Lina ». Son palabras de Ana Valdi, actriz, directora de programas y escritora. Y la Lina a la que se refiere tenía por apellido artístico Morgan y está considerada la reina de la comedia popular en España. Una mujer que, a pesar de su imagen cómica, en el ámbito profesional era descrita con un carácter fuerte, controlador y en ocasiones polémico. Según Valdi en una entrevista concedida en televisión, su otrora amiga habría vivido un romance con una monja que colgó los hábitos para dedicarse por completo a su amada. «Hasta donde tengo entendido, Mari Carmen era prima de Ángel Gutiérrez, ex gerente de Lina», nos aclara Jesús García Orts, biógrafo de aquella. «Luego lo dejó todo y, como Lina Morgan necesitaba a alguien para que trabajara en su casa, empezó a trabajar como su empleada doméstica. Lina contaba ya entonces con otra empleada, Consuelo, pero esta ayudaba a su hermana Julia a cuidar de sus padres». Según el escritor, Mari Carmen estuvo al lado de Lina durante cerca de cuatro décadas. «Cuando ya enfermó, Lina cuidó de ella. Mari Carmen era su ama de llaves y su persona de confianza. En algunas entrevistas, Lina llegó a mencionar a sus empleados de hogar, a los que daba su importancia pese a no existir un vínculo de sangre entre ellos. Mari Carmen formaba parte del séquito que normalmente la acompañaba, junto con [su chófer] Daniel Pontes y [su secretario] Abelardo González, cuando se iba de vacaciones y demás. Era como la Agripina de Carmen Sevilla». Que Lina era una mujer creyente —beata quizás resulte exagerado— es cierto. Aferrarse a Dios la ayudaba a seguir adelante en momentos de zozobra. En realidad tenía una mentalidad bastante menos carca de lo que muchos piensan. De hecho, reconoció sin problema que a lo largo de su vida mantuvo un par de relaciones con tipos casados. El primero fue el empresario ganadero José Martínez Uranga, alias 'Choperita', que perdió el seso por ella a mediados de los sesenta. «La historia duró ocho años», confesaría ella en una entrevista en la que evitó mencionar su nombre. El hecho de que, hasta el final de sus días, Lina llevara en su cartera una fotografía del vasco da medida de lo importante que el tipo fue para ella. Después de eso, la artista quedó embrujada por el querer del productor de cine Julián Esteban, su última pareja sentimental conocida, con el que estuvo hasta mediados de los ochenta. También este tenía esposa, algo de lo que estaban al tanto muchos compañeros periodistas que recuerdan que los tortolitos acudían siempre juntos a los estrenos y cuando tocaba posar en el photocall, se separaban deprisa. Lo que no se planteó Lina fue compartir techo con ninguno de los dos hombres. Y alguna vez tuvo en mente la idea de tener hijos, o al menos eso dijo en varias ocasiones, pero la vida no le dio la oportunidad de lograrlo. «Emocionalmente estoy tranquila, y tengo la soledad de la que quiero disfrutar» confesaría la actriz cuando, ya en el otoño de su vida, le preguntaron por su condición de mujer soltera. Siendo adolescente protagonizó un noviazgo casto y blanco con el actor Manolo Zarzo, fallecido el pasado mes de junio. Después se ennovió con el hijo de los propietarios de una conocida tienda de electrodomésticos en la Gran Vía madrileña, aunque sus suegros se opusieron a la boda porque por lo visto no querían emparentar con alguien que entonces se dedicaba a los espectáculos de variedades. Cuando ya empezaba a ganar popularidad como actriz, intercambió arrumacos con un par de futbolistas, y años más tarde tontearía con el actor Tomás Picó, que trabajó en su compañía, y con José Sacristán, junto al que descubrió un mundo que desconocía y se volvió algo rojeras. «Ella no se posicionó nunca políticamente, ni se presentó como abanderada de ningún partido», aclara su biógrafo, al que también le consta que la madrileña mantenía cierta amistad con el matrimonio Aznar —Ana Botella iba a los rodajes de algunas de sus series para verla y el expresidente del Gobierno le felicitaba siempre las fiestas—. De todo ello se hablará en el libro que García Orts anda ultimando, una edición revisada, actualizada y ampliada de su exhaustiva biografía de Lina. Tras pasar varios años buceando en la hemeroteca y entrevistando a distintas personas del entorno de la actriz, el alicantino desmontará mitos sobre la figura de una mujer que contaba 12 años cuando, gracias al apoyo de su padre, un humilde sastre, entró a formar parte de una compañía infantil llamada Los Chavalillos de España. A los 15 empezó a trabajar con Matías Colsada, que en un principio la contrató como bailarina, para que acompañara a Rafael Farina en un cuadro flamenco, y de ahí la pasó a una compañía de revistas que tenía en el Ruzafa de Valencia. Aunque fue el actor Alfonso del Real quien le dio la oportunidad de hacer de vedette después de que la artista que tenía que hacer ese papel en un teatro de Orihuela sufriera un accidente que le impidió subirse al escenario. Algo más adelante, Lina fue fichada como vicetiple en la compañía de revistas de Colsada, que al principio no confiaba en ella e incluso le pedía que se colocara en la parte de atrás del escenario para que nadie la viese, por el simple hecho de que era demasiado bajita comparada con el resto de las vedettes. «Lina padeció el machismo y la envidia de sus propias compañeras», apunta su biógrafo. «Hablo de mujeres voluminosas y estupendas, con físicos increíbles, que no encajaron nada bien el hecho de que la bajita, la segunda, se llevase el gato al agua. Para conseguir esto, Lina tuvo que crear una imagen: recurrió a un estilo de corte de pelo diferente al resto y sacó partido a su mímica, su enorme expresividad, sus gestos, su flexibilidad,... Además, lejos de buscar la belleza, ella se afeaba todavía más, sacando todo el partido posible a eso. Conseguía transmitir y supo crear una conexión inquebrantable con el público». Su verdadero salto al estrellato se produjo gracias a su vínculo profesional con el actor Juanito Navarro. A raíz de esto le ofrecieron protagonizar varias comedias del cine del desarrollismo y con lo que pudo ahorrar se animó a montar su propia compañía. Pero no todo era color de rosa pues, como explica García Orts, la artista «sufrió mucho daño por parte de la sociedad del momento. Y aquí incluyo a la gente del mundo del espectáculo, que tiene fama de ser muy adelantada y bohemia pero en realidad era tan machista como el resto de la sociedad». A principios de los ochenta le compró a plazos a Colsada el mítico teatro La Latina (del que fue dueña hasta 2010), y en plenos noventa arrasó con la serie de televisión Hostal Royal Manzanares. Claro que en esa misma época sufrió dos duros reveses al perder a su adorado hermano José Luis, enfermo de sida, y al ser diagnosticada con un cáncer de garganta que decidió ocultar a sus amigos. Todo esto llevó a que pasara sus últimos años sumida en una depresión, aunque ella procuraba poner su mejor sonrisa cada vez que se dejaba ver en público y lo cierto es que no dejó de trabajar mientras las fuerzas se lo permitieron. «Su última aparición pública fue en julio de 2013, en el estreno de 'Más sofocos', donde la vimos posando en el photocall, junto a María Teresa Campos y Agatha Ruiz de la Prada, con una apariencia hinchada», recuerda Orts. A raíz de la muerte de su hermana Julia en 2012, empezó a apartarse del foco mediático. Y también quien, después de permanecer varios meses hospitalizada debido a una neumonía, le dijo a Pontes, su mano derecha, que ya no deseaba recibir más visitas. Como mujer presumida que era, no quiso que nadie presenciara su deteriorado estado físico. Por eso se encerró en su piso de la calle Samaria, donde el cáncer le segó la vida un caluroso día de agosto de 2015. Antes de morir, como no mantenía contacto con ninguno de sus tres sobrinos, nombró heredero universal a Pontes, quien desde entonces ha mantenido un perfil bajo y rara vez entra al trapo de los que le acusan de manipulador y trepa.