El desafortunado comentario de Íñigo Onieva sobre su club privado: «No queremos que sea el club de los latinoamericanos»
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El último proyecto empresarial de Íñigo Onieva (36 años) acaba de abrir sus puertas en Madrid, pero su estreno ya ha generado conversación. Se trata de Vega Members Club, un club privado que el marido de Tamara Falcó inauguró recientemente junto a su socio Manuel Campos y que busca posicionarse como uno de los espacios más exclusivos de la capital. La presentación del local, sin embargo, no ha pasado desapercibida. Durante una visita guiada para medios, el empresario explicó el concepto del club —basado en la privacidad, la selección estricta de socios y una estética inspirada en los clubes londinenses—. Fue en ese contexto cuando pronunció una frase que ha provocado debate. «No queremos que esto se convierta en el club de los latinoamericanos tampoco. Queremos que haya un equilibrio entre la comunidad local y la internacional», afirmó Onieva en declaraciones recogidas por 'El Mundo', al explicar cómo funcionará el proceso de admisión de los socios. Vega Members Club se presenta como un espacio pensado para quienes buscan discreción en plena capital. El proyecto bebe claramente del modelo de clubes privados británicos, algo que el propio Onieva reconoce abiertamente. Durante el recorrido por las instalaciones, el empresario explicó que su idea nace de una experiencia personal. «Cuando vivía en Londres mientras estudiaba el máster salía siempre por clubes privados», recordó. La decoración del espacio también sigue esa línea internacional. Onieva ha explicado que se inspiró en casas neoyorquinas de los años cincuenta, combinando arte contemporáneo con guiños personales. Entre ellos, una obra pintada por su propia madre, Carolina Molas, que cuelga en una de las salas principales del restaurante. Uno de los pilares del club es su sistema de admisión. Para formar parte de Vega Members Club no basta con pagar la cuota —que puede alcanzar los 2.500 euros—. También hay que superar un proceso de selección. Los aspirantes deberán ser recomendados por al menos dos socios y pasar posteriormente una entrevista en la que se evaluará su perfil, su profesión y su forma de entender el club. Según explicó Onieva durante la visita, el objetivo es mantener una comunidad equilibrada. «Miramos todo: profesión, visión de vida, intenciones en el club…», señaló. En ese contexto fue cuando pronunció la frase que ha generado polémica. «No queremos que esto se convierta en el club de los latinoamericanos tampoco. Queremos que haya un equilibrio entre la comunidad local y la internacional», dijo. Además, el club tendrá un límite de 500 miembros, una cifra con la que buscan garantizar exclusividad y controlar el ambiente del espacio. Otro de los elementos centrales del proyecto es la privacidad. De hecho, en varias zonas del club está prohibido utilizar el teléfono móvil o hacer fotografías. Un cartel en la entrada lo deja claro: «Private members club. No photos or videos». El local abre desde las nueve de la mañana y funciona prácticamente durante todo el día, con desayunos, comidas, cenas y copas. Entre semana cierra a las tres de la madrugada y los fines de semana a las cuatro. El espacio está dividido en tres salones diferenciados, cada uno con una estética propia y pensado para distintos tipos de encuentros, desde reuniones profesionales hasta encuentros sociales.
