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La guerra de los biodrones ya está aquí (y Putin va por delante)

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Abc.es 
Durante décadas, las palomas mensajeras encarnaron el símbolo de una inteligencia natural imposible de replicar por las máquinas. Hoy, en laboratorios de Moscú, ese símbolo está siendo reescrito: implantes neuronales, mochilas electrónicas y microcámaras convierten a estas aves en plataformas de vigilancia guiadas por operadores humanos. No es ciencia ficción. Es el proyecto PJN-1 de la empresa rusa Neiry Group, y forma parte de una tendencia global que apunta a transformar animales en sistemas híbridos: organismos vivos convertidos en dispositivos de control remoto. La empresa rusa de neurotecnología Neiry Group desarrolla así biodrones, palomas equipadas con microelectrodos implantados en el cerebro y pequeños dispositivos electrónicos sujetos a sus cuerpos. Los implantes estimulan regiones específicas del sistema nervioso, permitiendo dirigir el vuelo de las palomas mediante una interfaz cerebro-computadora: los operadores envían impulsos eléctricos que el ave interpreta como señales motoras, orientando su trayectoria sin alterar su comportamiento natural. Como se ve en la imagen, las palomas portan una mochila ligera que integra un sistema GPS, una cámara frontal y paneles solares que alimentan el circuito. Un cable visible conecta el implante craneal con el dispositivo dorsal. Neiry afirma que los procedimientos implican bajo riesgo y que las aves están bien cuidadas, pero no ha divulgado información detallada sobre el número de animales utilizados ni las tasas de supervivencia. Neiry Group detalla a la vez que sus palomas —que pueden recorrer hasta 400 kilómetros diarios, superando a los drones convencionales en autonomía, resistencia y capacidad de infiltración en entornos complejos o restringidos— sirven para inspección de infraestructuras, monitoreo de líneas eléctricas, vigilancia industrial, exploración de zonas costeras y misiones de búsqueda y rescate. Ante algunas críticas recibidas, Neiry negó en un reciente comunicado cualquier relación operativa con el Gobierno ruso ni orientación militar alguna de su tecnología. Y es que las relaciones de la start-up rusa despiertan 'inquietudes'... Neiry mantiene importantes vínculos con el Instituto de Inteligencia Artificial de la Universidad Estatal de Moscú, dirigido por Katerina Tíjonova, hija menor del presidente ruso, Vladímir Putin. A su vez, uno de sus directivos es el neurocientífico Mijaíl Lébedev, vinculado a un laboratorio especializado en interfaces neuronales invasivas, dirigido por el biólogo Vasili Popkov, quien ya participó en experimentos similares con roedores. En cuanto a su financiación, parte del capital de Neiry proviene de la Iniciativa Tecnológica Nacional, un programa estatal impulsado por Putin. Aunque Neiry presenta sus biodrones como herramientas civiles, su potencial militar es más que evidente. James Giordano, asesor científico del Pentágono, señaló que sistemas de este tipo podrían utilizarse en operaciones encubiertas al ser tecnologías capaces de operar sin levantar sospechas y transmitir información en tiempo real desde territorio enemigo.