La inversión se enfría en América del Norte, mientras Asia acelera su maquinaria industrial
Durante la década de los veinte, uno de los contrastes más marcados de la economía mundial no se encuentra únicamente en las tasas de crecimiento, sino en el nivel de inversión productiva. Mientras América del Norte —integrada por Estados Unidos, México y Canadá - mantiene coeficientes de inversión relativamente modestos, varias economías asiáticas han consolidado tasas de inversión significativamente más altas, impulsando su industrialización, infraestructura y capacidad exportadora.
Datos comparables de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OCDE muestran que el coeficiente de inversión (formación bruta de capital fijo como porcentaje del PIB) en América del Norte se ha mantenido en niveles moderados desde el inicio de la década.
El contraste es claro: China invierte casi el doble que Estados Unidos, mientras que países emergentes del Sudeste Asiático mantienen tasas sistemáticamente superiores a las de América del Norte. La apuesta asiática ha sido por la expansión productiva, el dinamismo inversor de Asia se explica por una combinación de factores estructurales: política industrial activa, especialmente en China y Vietnam, donde el Estado dirige inversiones hacia manufactura avanzada, infraestructura logística y tecnología. A lo anterior se suma las estrategias exportadoras agresivas, que han convertido a países como Malasia y Tailandia en plataformas industriales globales.
Las características de las altas tasas de inversión en Asia oriental vs. limitada inversión en América del Norte, ha sido la atracción sistemática de inversión extranjera, que ha impulsado polos manufactureros en Cambodia y otros países del Mekong. El resultado ha sido la consolidación de un “arco asiático de alta inversión”, que se extiende desde China hasta el Sudeste Asiático y que está capturando una proporción creciente de las cadenas globales de valor.
En América del Norte se ha caracterizado por crecimiento con inversión limitada, en contraste, América del Norte enfrenta varios factores que han limitado la expansión de la inversión productiva: mayor peso del sector servicios, especialmente en Estados Unidos, incertidumbre geopolítica y comercial, incluyendo tensiones comerciales, mayor orientación hacia consumo interno, a lo que se suma infraestructura envejecida en algunos sectores. En el caso de México, además, la inversión se ha visto afectada durante varios años por niveles relativamente bajos de inversión pública y privada, lo que ha reducido la expansión del capital productivo. Sin embargo, el proceso de relocalización industrial (nearshoring) derivado de las tensiones entre Estados Unidos y China abre nuevas oportunidades para el bloque norteamericano.
La paradoja del nearshoring
Paradójicamente, mientras empresas globales buscan acercar sus cadenas productivas a América del Norte, la región aún no ha incrementado significativamente su tasa de inversión. Esto plantea una pregunta estratégica: ¿podrá la región aumentar su esfuerzo inversor para competir con Asia? Queda claro que sin una expansión sostenida de la inversión en infraestructura, tecnología y manufactura avanzada, América del Norte podría enfrentar una pérdida gradual de dinamismo frente al eje industrial asiático.
Una lección para la próxima década
El contraste entre las dos regiones sugiere que el verdadero motor del crecimiento de largo plazo sigue siendo la acumulación de capital. Mientras Asia continúa construyendo fábricas, puertos, trenes de alta velocidad y centros tecnológicos, América del Norte parece transitar una década caracterizada por crecimiento moderado y baja inversión relativa.
Para países como México, la conclusión es clara: la oportunidad del nearshoring solo podrá materializarse plenamente si el país logra elevar su coeficiente de inversión, fortaleciendo infraestructura, innovación y capacidades industriales. De lo contrario, el nuevo mapa industrial del siglo XXI podría seguir inclinándose hacia el Pacífico.
