Arco, una feria sin pena ni gloria
El mejor resumen de la presente edición de feria me lo dijo una ilustre galerista: «ARCO está muy aburrido» Ha sido el comentario más generalizado. Atrás quedan aquellos años en los que el sector del arte contemporáneo acudía con expectativas de descubrir, debatir, polemizar. Todo se ha vuelto de una corrección insultante, en la que muy poco sorprende y mucho nos recuerda a lo ya visto en ediciones anteriores. Si hiciéramos un molde 3D de las ferias del último lustro y lo superpusiéramos a lo contemplado estos días, pocas, muy pocas diferencias encontraríamos.
El día de la marmota se ha apoderado de nuestras vidas en ARCO, pero sin el efecto de redención que contenía la película de Harold Ramis: la repetición no nos hace ser mejores –quizás, más viejos y más descreídos–. Además, el ruido de la feria oculta aquellas escasas piezas más trabajadas que huyen del impacto visual y el consumo rápido. Una de las mejores artistas españolas del momento me comentaba: «Esto parece Mercamadrid». Y no le falta razón. Como sucede todos los años, las compras institucionales han salvado la feria a muchos expositores: el Ayuntamiento de Madrid ha comprado cuatro obras por una cuantía algo superior a los 70.000 euros; la Junta de Andalucía, por su parte, ha adquirido once obras por unos 145.000 euros; y el[[LINK:TAG|||tag|||6336153659a61a391e0a0e8f||| Reina Sofía]] ha adquirido para su colección piezas por una cantidad que se aproxima a los 500.000. Desde luego, la inversión de las instituciones es poco pastel para tantos comensales, y el mayor o menor éxito de la feria dependerá del comportamiento de los coleccionistas privados. Por los comentarios de los galeristas con los que pudimos hablar, el coleccionista este año ha sido como el lince ibérico: una especie en peligro de extinción, la cual urge recuperar. Menos poses y copas de champán y más amantes del arte con deseos de comprar. La antropología del agente artístico devora el espíritu de la feria.
Las protestas de artistas y galeristas reclamando un IVA cultural razonable han constituido el «leitmotiv» de una feria inundada de frustración y de desamparo por parte de los estamentos políticos. El sector está enrarecido y no parece que, a corto plazo, Hacienda y Cultura vayan a consensuar una bajada del IVA absolutamente necesaria para la supervivencia del mercado del arte en España. Como una de las pocas notas divertidas y lúcidas de la feria, valga mencionar la performance que Violeta Andreu realizó durante el día de la inauguración, en la que «con un chaleco amarillo con la pregunta –«Do Artists Need Gallerist to make a Living»?»– se paseó por los diferentes estands de IFEMA.
