Dejad que los therian se acerquen a mí
El sábado entrevisté a un chico “therian”, un chaval canario, de sobrenombre “Leaf” en redes, que dice sentirse gato y, en ocasiones, búho, foca o golden retriever (no bromeo). Todo depende del momento y el paisaje que tenga delante. Charlando en la radio, dejó claro sin embargo que se sabe ser humano, tan sólo explicó que comparte “identidad” con estos animales. Doy fe de que estaba perfectamente en sus cabales.
Atalanta e Hipómenes fueron convertidos en sendos leones, condenados a tirar del carro de la diosa Cibeles. Somos hijos de una cultura donde los seres humanos se transforman en animales. Aracne fue reducida a araña por pretender tejer mejor que Atenea y Zeus se mimetizó en cisne para seducir a Leda. Desde Las Metamorfosis de Ovidio hasta la de Kafka hemos explorado los riesgos de convertirnos en escarabajo, halcón, ciervo y todo lo que a la mente pueda apetecer. ¿Quién no ha dedicado un instante a fantasear con encarnarse en animal? Hay algo muy bello en envidiar la elegancia de la gacela, el poder del lobo, la libertad del delfín.
Los adolescentes juegan a ser animales sin saber que juegan, porque la edad les hace creerse adultos. La gozan ronroneando como gatos o rugiendo como leones. No hay nada malo en ello. Ni siquiera creo que tenga nada que ver con el movimiento animalista. Es tan sencillo como soñar y sumarse a una tribu de soñadores, lo mismo que otros fuimos en su día gloriosos miembros de tribus urbanas como los mod, punk o góticos. Satisfacíamos un deseo de pertenencia, una huida de la soledad, una búsqueda de identidad justo en las edades en que los padres pasan al desván de lo aburrido y arrumbado.
Lo único que me ha preocupado de la conversación con Leaf ha sido el final, cuando me ha señalado que el ser humano no viene determinado, que su naturaleza no le es dada, que cada uno es libre de elegir lo que es. “La identidad”, ha dicho como al desgaire, “es una construcción personal y abstracta que cada individuo define”. En el enorme abanico de lo imaginable las nuevas generaciones navegan más deprisa que sus maestros. Los therian son hijos del relativismo, sin más. No la emprendamos con los jóvenes, pensemos en lo que hemos hecho con ellos. Seguramente todo esto de las caretas de animales quedará en moda, agua de borrajas, experimento. Lo que no va a ser de un día es la creación de nuevas identidades, saltando incluso la barrera de las especies. El asunto es que la realidad es testaruda. Comenzamos fantaseando y acabamos intentado doblegar lo real. Y eso entraña a menudo enormes dosis de sufrimiento.
