Dos maneras diferentes de leer la guerra entre EU e Irán
Los mercados financieros reaccionaron el lunes a la guerra en Irán como si estuvieran viendo conflictos diferentes.
En Europa predominó la lógica del choque energético: el índice bursátil STOXX 600, que reúne acciones de toda Europa, cayó 1.7 por ciento, su peor jornada en tres meses, con el sector de viajes y ocio abajo 4.4 por ciento —Lufthansa perdió 11 por ciento— y los bancos fuertemente castigados.
En Estados Unidos, en cambio, Wall Street no se inmutó: al cierre, el Dow Jones bajó apenas 0.15 por ciento; el S&P 500 avanzó 0.04 por ciento, y el Nasdaq ganó 0.36 por ciento, después de haber caído hasta 1.6 por ciento intradía.
La diferencia es estructural.
Europa sigue siendo la economía desarrollada más expuesta a un sobresalto energético.
El precio del gas llegó a dispararse más de 50 por ciento, después de que Qatar suspendiera embarques de LNG (gas natural licuado) en Ras Laffan, la terminal más importante del mundo. Qatar representa alrededor de 20 por ciento de las exportaciones mundiales de LNG, y todo ese volumen sale por el Estrecho de Ormuz, que fue formalemente cerrado por los iraníes.
La Comisión Europea convocó de urgencia a su grupo de coordinación de gas, aunque por ahora dice no ver un riesgo inmediato de desabasto.
A ello se suma el frente logístico: las aseguradoras están cancelando coberturas de guerra, unos 150 barcos quedaron varados y cerca de 10 por ciento de la flota global de contenedores quedó atrapada en los cuellos de botella alrededor de Ormuz.
Por eso el mercado europeo leyó este episodio con la memoria de 2022 todavía fresca. La aseguradora ING advirtió que la zona euro es la gran economía más expuesta al conflicto. La consultora Vortexa añadió un dato inquietante: el almacenamiento de gas de la UE está 35 por ciento por debajo de su promedio de cinco años, lo que deja menos colchón si la disrupción se prolonga.
No es casual que el euro haya caído 0.85 por ciento frente al dólar y que el mercado ya haya reducido con fuerza las apuestas a nuevos recortes del Banco Central Europeo. Se ve inflación en el horizonte.
En Estados Unidos el conflicto se leyó de otra manera. El precio del petróleo WTI cerró cerca de 72 dólares, con un alza superior a 7 por ciento, y el Brent en torno a 79, arriba más de 8 por ciento, después de haber subido hasta 13 por ciento intradía. Hasta allí pareciera alineado con Europa.
Pero Wall Street apostó a que el golpe puede ser severo pero breve. Ayudó la concentración del mercado en tecnología y defensa, y también la narrativa oficial: Pete Hegseth insistió en que esto “no es Irak” y que no se trata de una guerra sin fin.
El problema es que Trump mandó la señal contraria: dijo que la “gran oleada” aún está por venir y que la campaña podría durar de cuatro a cinco semanas, o más, “tanto como sea necesario”.
Esa combinación de contención táctica y ambigüedad estratégica explica casi todo lo que vimos en precios.
El dólar recuperó su papel clásico de refugio y tuvo su mejor jornada en meses: el índice dólar subió casi 1 por ciento. En México, el peso resintió el movimiento: distintas pantallas lo mostraron pasando de la zona de 17.24 por dólar al arranque del día a niveles de entre 17.31 y 17.38 hacia el cierre.
El trasfondo macro tampoco ayudó: el ISM manufacturero en Estados Unidos siguió en expansión, pero el componente de precios al productor saltó con fuerza, reforzando la idea de que un choque petrolero podría aplazar todavía más los recortes de la Fed.
Pero sería un error concluir que el mercado ya “procesó” el conflicto.
Los análisis más recientes van en sentido contrario. Citi ve al Brent entre 80 y 90 dólares en la próxima semana; Goldman calcula una prima de riesgo inmediata de 18 dólares por barril, y JPMorgan estima que los flujos por Ormuz ya cayeron a unos 4 millones de barriles diarios desde un nivel habitual de 16 millones. Si la restricción dura tres o cuatro semanas, el Brent podría superar los 100 dólares.
Mi impresión es que los mercados financieros, especialmente en Estados Unidos, votaron por la hipótesis más benigna: conflicto corto, daños contenidos y reapertura relativamente rápida de Ormuz. Puede ocurrir.
Pero las últimas evaluaciones de inteligencia en Washington ya advierten sobre posibles ataques iraníes contra intereses estadounidenses. La calma de Wall Street fue notable; la pregunta es si también fue prematura.
En México, conviene tomar nota: si la guerra dura más de lo que hoy descuentan los inversionistas, el verdadero ajuste apenas estaría comenzando. Si, como dijo la presidenta, se ajusta a la baja el IEPS para mantener los precios de las gasolinas, el costo fiscal de cada dólar adicional en el barril se vuelve un problema presupuestal concreto. No estamos exentos del impacto de esta guerra.
