ru24.pro
World News in Spanish
Март
2026
1 2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

La reducción de la caza menor y la disminución del número de cazadores

0
Un reciente trabajo de investigación ha confirmado el fuerte descenso del número de cazadores en España. La cifra de ellos ha pasado de más del millón, que hubo en los años setenta del pasado siglo, a tan solo poco más de 577.000 cazadores activos en 2023. A este descenso se une un profundo envejecimiento de los mismos, puesto que el 40 % tiene más de 60 años. De seguir así la tendencia, se pronostica que, en el año 2050, únicamente van a quedar un 15 % de los que hubo en 1970 y que el 61 % de ellos tenga más de 60 años. Nada más ser publicado ese trabajo hubo numerosas cavilaciones de por qué habíamos llegado a esa situación. En general, todos coincidían en que socialmente la actividad cinegética ha declinado por el cambio sufrido por la sociedad española en ese lapso de tiempo. Esa evolución motivó que practicar la caza pasara de ser una cosa que prestigiaba a algo que no proporciona una buena imagen. Hasta ahora, la batalla mediática entre cazadores y detractores de la caza la hemos perdido los primeros, por haber fallado en hacer ver a la sociedad que la actividad cinegética no solo es una fuente de gozo y esparcimientos, sino también una manera racional y sostenible de aprovechar unos recursos renovables, siendo imprescindible para la conservación del medio ambiente y la biodiversidad. No obstante, la presencia del virus de la PPA en jabalíes y el crecimiento descontrolado de algunas poblaciones de especies salvajes están motivando que, poco a poco, la caza ya se empiece a valorarse positivamente por sectores de la sociedad urbana, que ya comienzan a ver en ella una herramienta necesaria para conservar el equilibrio de los ecosistemas, impidiendo que se degrade el medio ambiente al controlar la superpoblación de determinadas especies y que estas no ocasionen pérdidas y daños inasumibles, ni que pongan en riesgo la pervivencia de algunos modos de vida del hombre. Todo ello sin contar que uno de los pilares de la conservación de los ecosistemas es la caza. Hay otro factor que también ha podido incidir notablemente en el declive del número de cazadores. Este es la disminución drástica, cuando no la desaparición, de las especies de caza menor en muchas partes de España, donde únicamente han quedado poblaciones muy limitadas y residuales. Esa modalidad de caza siempre ha sido el semillero de cazadores, donde se generaba o acrecentaba la afición de la mayor parte de aquellos que iban a ser el relevo. No había cuadrilla de caza menor que al patear su cazadero que no llevara entre sus integrantes algún joven, bien como 'morralero' o bien como aprendiz, recibiendo allí, directamente en el campo, lecciones de sus mayores, no solamente de cómo cazar, sino también del necesario respeto por las piezas de caza y el medio natural, principios que deben estar presente en la doctrina de todo cazador. Sobre las causas de la disminución de las especies de caza menuda se han vertido ríos de tinta. Pero creo que lo que más urge ahora no es lamentarse por la leche derramada, sino poner remedio a ese declive, articulando los medios para lograr que nuestros campos vuelvan a tener los conejos, liebres y perdices salvajes que tuvieron antaño. Hay experiencias que nos pueden servir de modelo y fuente de inspiración, como es el caso de las aves acuáticas en Norteamérica, que tras pasar unos tiempos en franco retroceso, hoy, gracias a ciertas iniciativas de las Administraciones y de particulares, en especial de los cazadores, han recuperado en gran parte sus censos del pasado.