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¿Qué va a suceder con el precio del aceite tras los problemas de cosecha por el mal temporal en 2026?

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El precio del aceite de oliva ha dado un respiro a los consumidores en los últimos meses tras la escalada histórica registrada en 2023 y buena parte de 2024. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el aceite de oliva se ha abaratado un 24,4% en el último año, una caída significativa que ha contribuido a moderar la inflación alimentaria y a aliviar la cesta de la compra en los hogares españoles. Esta corrección ha sido interpretada como una normalización progresiva tras la crisis de oferta provocada por la sequía de campañas anteriores. El descenso ha permitido recuperar parte del consumo que se había resentido por los elevados precios.

A esta tendencia se suma el último informe de Facua, organización no gubernamental dedicada a la defensa de los derechos de los consumidores. En su estudio mensual, que analiza los precios en cadenas como Mercadona, Día, Hipercor, Alcampo, Eroski y Carrefour, se constata una bajada en febrero del 0,67% respecto a enero de este año. Sin embargo, las borrascas y los temporales de los últimos meses han introducido incertidumbre en el mercado y han reactivado las dudas sobre la estabilidad futura de los precios. El comportamiento de las próximas semanas será clave para confirmar si la tendencia a la baja se consolida o se frena. Las cadenas de distribución observan con cautela la evolución de la oferta en origen.

En el plano productivo, la cosecha de aceituna se ha visto afectada por el mal tiempo. La producción ha caído en torno a 100.000 toneladas menos de lo previsto inicialmente, ya que las estimaciones apuntaban a 1,37 millones de toneladas. En algunas zonas, hasta un 40% de la producción permanecía sin recolectar antes de la llegada de las borrascas, lo que ha complicado todavía más el cierre de la campaña. Este desfase obliga a recalcular las previsiones iniciales del sector. También genera inquietud entre agricultores que temen pérdidas adicionales si persisten las lluvias.

¿Cómo afectarán las borrascas del invierno al precio?

Las lluvias persistentes han dificultado el acceso a las fincas y han retrasado la recogida, especialmente en provincias clave como Jaén, principal territorio productor. Parte de la aceituna caída al suelo se ha visto afectada por el barro y la humedad, lo que reduce su calidad y complica su procesamiento en las almazaras. Las cooperativas han tenido que ralentizar la molturación y afrontar mayores costes logísticos y de maquinaria. Además, el desgaste técnico y la necesidad de limpiezas adicionales elevan los gastos operativos. En algunos casos, se prevé que una parte del fruto no pueda destinarse a las categorías de mayor valor.

Un impacto económico considerable por las complicaciones de la cosecha

El impacto económico también es relevante. Solo en Jaén se estima una merma de hasta 200 millones de euros para el sector debido a la menor producción y a la pérdida de calidad en parte del fruto. Aun así, las cotizaciones en origen se mantienen en torno a los cuatro euros por litro y el mercado nacional ha dejado atrás los máximos históricos registrados en etapas anteriores, lo que sugiere una mayor estabilidad estructural pese al episodio climático. La disponibilidad global y el volumen almacenado actúan como colchón frente a posibles tensiones puntuales. Este equilibrio entre oferta y demanda será determinante para contener nuevas subidas.

Expertos descartan una subida elevada del precio del aceite

De cara a los próximos meses, algunos expertos descartan sobresaltos en los precios. El responsable de Olivar de COAG, Francisco Elvira, ha asegurado que las borrascas no provocarán variaciones significativas y confía en un final de campaña sin mucha tensión en el mercado, ya que considera que hay aceite suficiente para abastecer la demanda. La evolución dependerá del ritmo de salida al mercado y del comportamiento del consumo, pero el sector transmite un mensaje de relativa calma. Si no se producen nuevos contratiempos climáticos, la campaña podría cerrarse sin alteraciones bruscas en el precio final al consumidor. En este escenario, el mercado tendería a estabilizarse tras varios años marcados por la volatilidad.