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Sintiendo Andalucía, sintiendo España

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Andalucía es una tierra que siempre ha elegido la generosidad y la convivencia por encima de cualquier otra lucha. Nuestro 28 de febrero es el símbolo de la identidad de un pueblo comprometido con la igualdad. Es el ejemplo de la lucha en la búsqueda del progreso colectivo de todos los españoles.

Nada fue gratuito ni ninguna conquista de autogobierno fue un regalo para los andaluces. Hubo décadas de dolor marcadas por la Guerra Civil española y por la dictadura. Cicatrices que quedaron marcada en nuestra historia y en la de miles de familias. La falta de libertad y las carestías marcaron una manera de ser y estar en la vida.

El asesinato del padre de la patria andaluza, Blas Infante, y de Federico García Lorca, atravesaron fronteras y generaciones dejando huellas que no pudieron ser silenciadas por la intolerancia ni por el tiempo.

Décadas después, un joven Manuel José García Caparrós, aquel 4 de diciembre de 1977, volvió a levantar la bandera del andalucismo y la libertad y acabó igualmente asesinado. Tras esos hechos, el pueblo andaluz optó por la democracia frente al odio, que hubiese sido lo más sencillo, y masivamente reivindicó el 28F de 1980 la igualdad de todos los españoles en el marco de la Constitución. No queríamos ser más que nadie, pero no nos conformamos con ser menos que los demás.

"Mi tierra demuestra fortaleza y unión"

Andalucía proclamó con orgullo que deseaba ser un ejemplo de generosidad y convivencia con el resto de España. Jamás fue excluyente.

Supo sufrir como una madre la pérdida de sus hijos policías y guardias civiles a manos de la banda terrorista ETA en los años de plomo y no mostrar resentimiento. Su dolor reforzó su compromiso con el Estado de Derecho y con la democracia.

Más de cuarenta años después ha vuelto a demostrarlo. El dramático accidente de Adamuz reflejó el rostro de un pueblo que sacaba lo mejor de sus valores y sentimientos. Córdoba, Huelva, Málaga y Andalucía entera sangraba, pero Adamuz taponaba esa herida que era de todos.

Y cuando pasábamos el duelo de esta tragedia, el capricho de una tierra a la que maltratamos nos respondía con toda la fuerza de la naturaleza a través de riadas e inundaciones. En ese momento, la generosidad de Andalucía se hace aún más viable. Vecinos que ayudan a otros, municipios que acogen a personas que abandonan sus hogares, voluntarios que acuden a cada rincón y sobre todo administraciones que saben comportarse y optan por la colaboración en lugar del enfrentamiento.

"Andalucía da ejemplo"

Andalucía da ejemplo. Frente al manoseado e injusto lema de «solo el pueblo salva al pueblo», mi tierra demuestra fortaleza y unión. El dolor y el sufrimiento estaba por encima de intereses partidarios. La coordinación institucional fue ejemplar y el orgullo de ser andaluza fue aún mayor si cabe. El respeto y la responsabilidad institucional sustituyó al ruido y el ejemplo ha sido impagable.

Hemos sido una tierra generosa capaz de levantar a otros territorios con el mismo amor que profesábamos por el nuestro. Era más bello que las trincheras modernas. Quizás ahí radica ese sentimiento de sentirse tan andaluz como español y hacerlo desde la mirada limpia de quien cree en aquello que está construyendo.

Con ese espíritu modelado del pueblo andaluz, capaz de gritar con «quejío» flamenco una alegría, con esa voluntad solidaria dando lo que no se tiene y con un inconformismo que, lejos de ser petulante es una apelación a la resiliencia, estoy convencida de que en Andalucía seguiremos avanzando. Y los socialistas estaremos ahí, como lo hemos estado desde el principio, con nuestras luces y también honestamente con nuestras sombras, pero siempre convencidos del potencial de nuestro pueblo. Plenamente identificados con los valores solidarios y generosos de quienes dan lo que tienen sin esperar nada a cambio.

Una tierra de oportunidades

Los nuevos retos no son más graves ni urgentes de los que se encontró el primer presidente preautonómico Plácido Fernández Viaga. Son los propios del tiempo que nos toca vivir. Solo necesitamos ponerle el mismo corazón, inteligencia y tenacidad de quienes nos han precedido y que consiguieron transformar una región del subdesarrollo y analfabetismo, en una tierra de oportunidades y a la que todos quieren visitar.

Tomarse en serio el problema de muchas personas jóvenes por tener una vivienda donde crear su proyecto de vida, recuperar la confianza ciega en nuestro sistema sanitario público, fortalecer la igualdad de oportunidades con una educación cada vez más gratuita y universal, apoyar las ideas innovadoras de una ciudadanía cada vez mejor formada, conservar nuestras costumbres y cultura sin despreciar a nadie, acogiendo y respetando como hemos hecho siglo a siglo lo bueno que nos ha venido de otros lugares del mundo.

Pero sobre todo manteniendo nuestra manera de ser, el orgullo por nuestro acento y la cabeza muy alta porque ser andaluz es lo mejor que nos ha podido pasar. Este es un compromiso que albergan una gran mayoría de personas, los socialistas estamos entre ellas y como un día fuimos estoy convencida que volveremos a ser.

El 28F es, por tanto, celebración y compromiso de un pueblo que conquistó democráticamente su autonomía, que no excluye ni enfrenta. Orgullosos sin caer en el agravio.