Alejandro Sanz emocionó el Nacional con bandera, poesía y talento peruano
La noche en el Estadio Nacional comenzó bajo una lluvia persistente y la complicidad del amor de las parejas que, al verse frente a la pantalla gigante del "kiss cam", calentaron Lima, Perú, con besos y abrazos desde el corazón. Fue el último momento de calma antes de recibir a Alejandro Sanz, uno de los artistas más influyentes de la música en español.
Con más de tres décadas de trayectoria, más de 20 Latin Grammy, entre otros tantos premios, el madrileño de 57 años llegó a Lima no como una figura del pasado, sino como un creador vigente, capaz de convocar a varias generaciones bajo una misma emoción.
Sin embargo, el show tuvo su momento más emotivo cuando presentó a Gisella Giurfa, una talentosa baterista peruana que también ha tocado con Gian Marco y Juan Diego Flores. “Siéntanse orgullosos de Gisella, una peruana que lleva al Perú en el corazón y siempre nos deja aquí arriba”, exclamó el español.
Ella dejó su batería, bajó al centro del escenario y se fundió en un abrazo de agradecimiento. Alejandro le preguntó por su familia y Gisella los señaló. “Aquí los veo, sigan orgullosos”.
El inicio: una travesía emocional
Todo había comenzado a las 9:06 de la noche. Tras una cuenta regresiva que aceleró los corazones, sin necesidad de teloneros, Sanz trajo a la capital peruana su gira ‘¿Y ahora qué? World Tour’. La audiencia se deleitaría con casi 20 canciones de 8 álbumes del cronista del amor latino. En ese preciso instante, como si la naturaleza hubiera estado esperando su señal, la lluvia calmó por completo
Tras gritar Perú al cielo empezó con ‘Desde cuándo’, tema que resalta la distancia emocional y que forma parte del álbum ‘Paraíso Express’ (2009). Con ello dejó claro que la noche sería un viaje por su historia y por la memoria colectiva de su público.
Continuó con su canción autobiográfica “Capitán Tapón”, reflejo de su etapa más madura y confesional contenida en el álbum Sanz (2021).
El banderazo
Sosteniendo una bandera del Perú, el madrileño la hizo flamear con fuerza mientras su voz se fundía hasta el último rincón de un Estadio Nacional que se caía en aplausos y gritos. Sanz no solo cantó, lideró una ceremonia de hermandad.
Tras ello, los acordes de ‘Bésame’ transformaron el escenario. Lo que nació como una colaboración con Shakira, pasó a ser un momento especial con las cantantes de su banda para marcar unos pasos llenos de elegancia. Sanz demostró que ni el peso de los años le han quitado esa agilidad de seductor. El orgullo y el desamor se hicieron notar en ‘A la primera persona’ del álbum ‘El tren de los momentos’ (2006).
El poema de la velada
Antes de sentarse al piano para uno de sus himnos más esperados, se detuvo a mirar la inmensidad del Nacional y regaló un verso.
"Lima de los atardeceres, Lima de la bruma, Lima de la luz, Lima del sabor, Lima de la electricidad, Lima de los ricos, Lima es Lima. Lima, Perú: gracias por tenernos aquí", pronunció conmovido.
Y no fue todo lo que le dedicó a Lima, Sanz también definió la noche no como un espectáculo, sino como un refugio: "Este es un espacio a salvo para que seamos felices y no pensemos en nada. Gracias por este rinconcito, Dios me los bendiga".
La soledad en el corazón
Iniciaron los acordes de ‘Mi soledad y yo’, uno de sus primeros éxitos internacionales, tributo a la ruptura. Miles de personas encendieron las linternas de sus celulares y los brazos se movían de un lado a otro en un compás perfecto.
Acto seguido, los acordes de ‘El vino de tu boca’ con un ‘¡y se llama Perú!’. Sanz se retiró de escena por unos minutos, cediendo el protagonismo absoluto a sus músicos. Fue el momento de ‘Try to save your song’. Luego reapareció para interpretar ‘Quisiera ser’ y tomó la bandera del Perú y la acomodó alrededor de su cuello, dejándola caer sobre su pecho.
Con el eco del grito desgarrador de una fan aún en el aire, Ale, que se destaca también por su compromiso social, detuvo el ritmo para dedicar unas palabras: “Gran parte la tienen ustedes que hacen posible esto, pero esta banda, estos hombres y mujeres, hacen un esfuerzo grande y ponen su ilusión”.
Nostalgia máxima
Se colocó el chullo y danzó. Entonces, empezó otro momento diferente. Sonó ‘Amiga mía’ y el estadio entero pareció exhalar un suspiro colectivo. Fue el momento en que las linternas de miles de celulares volvieron a encenderse. De pronto, pasamos a ‘Deja que te bese’, ‘Cuando nadie me ve’ y ‘El alma al aire’.
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De la batería al cajón
Antes de que la voz de Alejandro rasgara el aire con los primeros versos de ‘Mi marciana’, el escenario se inundó de un sonido peruano. Gisella Giurfa dejó las baquetas de la batería para sentarse frente al cajón. Sanz, contemplando a su percusionista con admiración, continuó con ‘No es lo mismo’.
El vocalista se detuvo, miró a la multitud y confesó: “Estoy muy triste, Lima, te quiero”. Fue un momento que dejó al recinto en un silencio respetuoso. Prosiguió con ‘Aquello que me diste’. Nuevamente, cedió el protagonismo a Gisella. Tomó la bandera peruana y se la entregó.
Las luces del escenario volvieron a estallar con una intensidad. Al frente de la banda y bajo el foco principal, Giurfa se hizo presente vestida con camiseta de la selección peruana. Sentada sobre el cajón, la baterista empezó a repicar la madera.
Alejandro detuvo la música para cumplir con un acto de justicia artística. “Les voy a presentar al resto de la banda”, anunció con voz firme, iniciando una ceremonia de reconocimiento a su equipo. Después de la euforia de la banda completa, el regreso de Sanz al piano para interpretar ‘Lo ves’, para regresar solo con el micrófono e interpretar ‘Las guapas’.
La bendición y el adiós
El momento de la despedida llegó envuelto en una gratitud profunda. Sanz miró a todos: “Te quiero, nos vemos la próxima. Gracias por ese cariño, gracias por este país, por esta cosa, este sabor, esta alegría. Dios me los bendiga siempre, cuídense”.
Pero antes de marcharse, con una chispa de picardía, hizo un apunte que todos aguardaban. “Es que se me ha olvidado una canción, se las voy a cantar ahora a ver si se la saben”. No era cualquier tema, sino ‘Corazón partío’, el himno que cambió la historia del pop en español. Acompañado de su guitarra, entregó los últimos versos de la noche, mientras el Estadio Nacional se convertía en un solo coro.
El cierre fue una explosión de luz y color. La lluvia de confeti inundó las primas filas, brillando bajo los reflectores como si el cielo de Lima se hubiera llenado de estrellas de papel. Alejandro Sanz recorrió el escenario de extremo a extremo. Sus últimas palabras, ‘¡Los quiero!’, marcaron el final de una noche de amor, desamor y melancolía.
