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La psicología desvela que los padres que más se sacrifican por sus hijos son los que menos respeto reciben de ellos

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La crianza puede ser una de las fases más satisfactorias de la vida, poder observar cómo tus hijos crecen y se van convirtiendo en adultos admirables es una de las sensaciones más bonitas que se puede experimentar. Sin embargo, también conlleva muchos esfuerzos que, a veces, no son del todo valorados por los pequeños. Ser padre es un trabajo a tiempo completo y los hijos pueden llegar a ser unos supervisores muy exigentes.

Aquellos padres que siempre están pendientes de sus hijos, que son capaces de recordar los detalles más pequeños como la fruta que no les gusta o la cita en el dentista dentro de dos meses, son verdaderos héroes incomprendidos. Pues los niños, en su ansia por descubrir el mundo y divertirse, no suelen prestar atención a las responsabilidades y tareas que generan en sus padres.

Según los psicólogos, esta actitud es bastante habitual en aquellos núcleos familiares en los que los padres se esfuerzan enormemente por sus hijos, dejándolos fuera de las dinámicas y tareas del hogar. Los niños crecen pensando que lo natural es que sus padres se encarguen de esas labores, porque es lo que han estado viendo desde que eran pequeños, y no se paran a pensar que todos estos esfuerzos suponen una enorme carga para sus progenitores.

Los niños en edad preescolar interiorizan la falta de equidad en las tareas del hogar

Las madres siguen siendo la principal figura de apoyo de los más pequeños. Aunque esta situación ha ido avanzando bastante en los últimos años, incluso con permisos de paternidad similares para poder compaginar el cuidado de los recién nacidos, "las madres gestionan el 71% de la carga mental del hogar" según el estudio "Carga mental: El peso invisible de la paternidad" de la doctora A. Maya Kaye.

Esta carga mental no solo engloba las labores domésticas, sino que también son los pequeños detalles como las reuniones de padres del colegio o la necesidad de comprar ropa nueva cuando el niño va aumentando de tallas. Tareas que son casi invisibles pero consumen una gran parte del tiempo y la energía de una persona cuando no se comparte con la pareja o el otro progenitor del niño.

Asimismo, un estudio de la Escuela de Ciencias Sociales UC Irvine ha demostrado que cuando estas labores las lleva a cabo un solo progenitor de forma íntegra, generalmente las madres, los niños en edad preescolar normalizan este comportamiento. Por ello, no son capaces de ver la desigualdad en el reparto de tareas, interiorizándola de manera casi innata.

El mayor error está en dejar a los niños fuera de las dinámicas familiares

Allegra Midgette, coautora del estudio mencionado, explica que es un error considerar a los niños como simples "receptores del cuidado parental", sin pensar "en lo que están aprendiendo y observando cuando ven cómo los padres abordan su cuidado". Por lo que si no se les inculca desde pequeños la importancia de realizar labores en casa y dividirlas de forma equitativa, será muy difícil que cuando crezcan sepan valorar el esfuerzo de sus progenitores.

No quiere decir que los padres dejen de realizar sacrificios por sus hijos, pues estos se hacen de forma natural y sin pensar, sino que se debe criar desde la equidad en las labores del hogar y asegurándose de que comprenden que su función también es indispensable para el buen funcionamiento de la unidad familiar. Dejar a los pequeños desconectados de las dinámicas familiares solo provoca que lo den todo por hecho, sin valorar verdaderamente los esfuerzos de sus padres.