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Manuel Antonio Garretón y “gobierno de emergencia” de Kast: “Puede llevar a un declive autoritario”

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El sociólogo, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales y académico de la Universidad de Chile, Manuel Antonio Garretón, analizó en el legado del gobierno saliente, el carácter del Ejecutivo entrante y la crisis de la política en un escenario global marcado por transformaciones tecnológicas y tensiones geopolíticas.

En esa línea, Garretón sostuvo que el legado de un gobierno solo puede evaluarse plenamente con el paso del tiempo, pero planteó que, en el momento actual, la principal herencia de la administración saliente es haber estabilizado al país y dejado abiertas posibilidades de transformación.

“Cuando se avanza en el tiempo uno se da cuenta de que lo que se dijo que era el legado de un gobierno o de una determinada acción va cambiando y uno va revalorizando eso. Yo tengo la impresión de que hoy el legado es que dejó abiertas las posibilidades, tanto las que tienen que ver con las capacidades del país como con ciertas líneas fundamentales que deberán materializarse en el futuro respecto de cómo el país se inserta en las profundas transformaciones que el mundo vive”, señaló en conversación con la primera edición de Radioanálisis.

A su juicio, el Gobierno recibió una situación extremadamente compleja y logró encauzarla. “El Gobierno recibió un país que se caía a pedazos y logró por lo menos estabilizarlo para iniciar una nueva etapa en un marco global relativamente inédito, no solo por las transformaciones tecnológicas y de otro tipo, sino también por el desplazamiento de un tipo de conflicto a nivel mundial hacia otro, donde lo que tenemos es en el fondo un enfrentamiento de grandes potencias”.

Presidente Gabriel Boric. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile.

Garretón reconoció errores en el comienzo. “Hubo errores en muy distintos planos, sobre todo en el planteamiento inicial en que prácticamente se planteaba una revolución, una transformación completa, con una crítica quizás necesaria a lo anterior, pero que no daba cuenta realmente también del legado que se recibía desde los gobiernos de la Concertación”. Sin embargo, afirmó que con el tiempo se produjo una reevaluación de esas posiciones en medio de una oposición que calificó como “muy brutal, muy negativa, con la idea de no dejar pasar nada”.

Consultado por la caracterización del Ejecutivo entrante como un “gobierno de emergencia”, Garretón sostuvo que el concepto tiene implicancias políticas profundas. “El plantearlo así le permitía dejar un poco atrás su proyecto ideológico cultural, que es un proyecto extremadamente conservador. Al decir que estamos en emergencia, se dice preocupémonos ahora de ciertas cosas y no del tipo de sociedad que se quiere instalar”.

Añadió que el concepto también tiene una dimensión autoritaria. “Si el país se cae a pedazos, entonces hay que hacer lo que se pueda, y lo que se pueda significa saltarse normas, saltarse acuerdos, porque en una emergencia uno no respeta normas ni consensos, sino que obedece al principio de que yo defino en qué consiste la emergencia y tomo las medidas al respecto. Ese es el núcleo autoritario de esta idea”.

Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Manuel Antonio Garretón. Foto: Felipe PoGa.

A su juicio, el recurso discursivo de la emergencia instala la lógica de que “no tengamos debates internos, no planteemos lo que es nuestro gran proyecto”, y abre la puerta a una regresión democrática.

Frente a la pregunta sobre si el país vive una derrota cultural del progresismo o una ola neoconservadora, el académico sostuvo que confluyen factores internos y globales. “Las dos cosas tienen sentido. Hay una transformación muy profunda del tipo de sociedad a nivel mundial y latinoamericano. Estas sociedades están atravesadas por herencias de problemas que no se resolvieron, pero también por nuevas transformaciones y nuevos desafíos”, expresó.

Subrayó que el mundo actual es radicalmente distinto al de hace dos décadas. “Hoy estamos en un mundo muy diferente al que vivimos hace veinte años, tanto por las crisis ecológicas como por una nueva forma de globalización, en que hay dos grandes potencias que se enfrentan y tratan de doblegarse”, recalcó.

En ese escenario, afirmó que el país enfrenta una crisis de proyecto: “el gran problema para las izquierdas es la dificultad en proponer un proyecto en una situación como esta. Hay que reconocer que el gobierno, con todos los defectos que pueda haber tenido, dejó el país en condiciones para poder enfrentar estos nuevos desafíos”.

Garretón advirtió que la crisis no es solo ideológica, sino estructural. “Todos los problemas hoy son políticos y, sin embargo, la política no da cuenta ni es capaz de enfrentar todos esos problemas. Estamos en una situación en que la política está en crisis”.

El presidente electo José Antonio Kast. Foto: Aton.

A su juicio, existe una disociación entre lo político y la política. “Todo pasa a ser político en cierto modo, pero la política no puede dar cuenta de todas esas cosas. Hay un poder que no vemos bien, que es el poder de la transformación tecnológica, y unos gobiernos que terminan siendo títeres de ese poder”.

En el plano internacional, fue particularmente crítico con el liderazgo estadounidense. “Lo que estamos viendo es algo parecido a finales de los años 30 del siglo pasado. Estamos viendo el estilo personal autoritario, arrogante, de desprecio a todo el resto. Esto es el Hitler democrático, elegido en democracia”. En ese contexto mencionó a Donald Trump como expresión de esa deriva y recordó la advertencia del Papa Francisco sobre una “guerra mundial por partes”.

Garretón también abordó la creciente crispación social y la dificultad para convivir con la diferencia. “Para que haya política y democracia tiene que haber un territorio, una población determinada, una base económica y un sentido de pertenencia a esa sociedad. Todos esos elementos han estallado”.

Afirmó que hoy vivimos en una “polis estallada”. “El espacio público es un espacio de suma de privatizaciones, de subjetividades y de agrupamientos identitarios, pero no hay sentido de lo común. Eso hace que la política aparezca para una masa de gente como innecesaria o como algo que se entromete en intereses personales”.

Para el sociólogo, el desafío central es reconstruir ese lazo común. “La pregunta que la gente se hace es para qué sirve la democracia. Ese es nuestro gran desafío hoy, cómo se reconstruye una polis en un mundo globalizado”.