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Confirma en la fe, confirma en la confianza

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Abc.es 
La visita recién anunciada del sucesor de Pedro a España supone un acontecimiento de doble significado. Por una parte, es un acontecimiento eclesial, un viaje apostólico. Un viaje en el que el sucesor de Pedro, como le dijo el Señor al propio Pedro, confirma en la fe a sus hermanos. Esa es una cuestión básica: según el estado de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad recibimos una confirmación, un aliento, unos subrayados que sin duda el Papa realizará en sus diversas intervenciones. Es también la visita de un jefe de Estado y por eso supone una visita a la sociedad española. No en vano ha sido ha sido el rey de España el que ha invitado al Papa a venir, aunque hubiera también una invitación de la Conferencia Episcopal o de las diócesis. En la medida en que es un viaje a la sociedad, ese «confirma en la fe» que nosotros escuchamos, para la sociedad puede ser un «confirma en la confianza». Vivimos en una sociedad en la que, fruto del individualismo y de diversas circunstancias, ha ido creciendo la desconfianza. Por eso, recibir la visita del Papa puede hacer crecer la confianza que se traduzca en una llamada a construir un «nosotros», un pueblo que es imprescindible para que exista una democracia. Es la existencia de un pueblo, con conciencia de ser pueblo y que se empeña por el bien común, lo que sostiene la sociedad. La visita de León XIV como jefe de Estado y también como pastor de la Iglesia puede ofrecer a la sociedad española una llamada a reconocerse en esos aspectos comunes que permiten fundamentar una propuesta en unos criterios éticos compartidos como la dignidad humana, la importancia de cuidar y desarrollar los bienes comunes y todo lo que contribuya a la amistad social, base para el diálogo, el encuentro y la comunión en los proyectos. Su palabra nos ayudará a caer en la cuenta de que los derechos, las libertades, la dignidad tiene que ponerse en relación, en la convivencia, con el bien común. Los derechos y libertades hay que situarlos en coloquio con nuestras responsabilidades. Por eso no podemos olvidar nuestros deberes de ciudadanía a la hora de construir un espacio común que reconozca unas reglas del juego, unos criterios democráticos que respeten la separación de poderes, los procedimientos en la manera de hacer las cosas y una preocupación por asuntos como la natalidad, la vivienda, las condiciones de vida, del trabajo o la capacidad de emprender, la especial solicitud por los pobres que aseguren también esa dignidad y ese espacio común compartido. Evidentemente también la figura del obispo de Roma trae a nosotros una preocupación, por lo que pasa fuera de nuestras fronteras en un mundo con relaciones internacionales y poderes cada vez más complejos. Se hacen necesarios algunos acuerdos básicos en materias como las migraciones, un asunto ineludible que no puede abordar un Estado de manera aislada; el juego del comercio en el mercado mundial; o el cuidado de la casa común. En este sentido, seguramente el Papa hará un llamada especial a edificar la paz, a caer en la cuenta de las situaciones de guerra y de sus causas, de los conflictos actuales tan trágicos en tantos lugares del mundo. Precisamente en su mensaje de Cuaresma de este año, León XIV ha insistido en una paz «desarmada y desarmante» y ha puesto un acento especial en el uso de palabras desarmadas que no ofendan, que no dañen. Esa llamada puede tener una resonancia concreta en nuestra sociedad española, incluidos los medios de comunicación y la vida política, que precisa un diálogo sereno, sin palabras que ataquen o generen conflictos de manera añadida. Son legítimas las discrepancias, podemos pensar de manera diferente, pero no añadamos a esa diferencia el ataque personal, la ofensa, que hace más difícil el necesario diálogo para abordar los asuntos comunes. La Iglesia que encuentra el Papa en España quiere ser ese testimonio de servicio a la paz, a la esperanza y a la confianza. Eso nos pide trabajar juntos, algo que el último sínodo también ha tratado de impulsar con especial fuerza. Un trabajar juntos entre las diócesis y en cada diócesis: ministerio ordenado, laicos y vida de especial consagración. Esta Iglesia en España tiene una llamada grande al anuncio del Evangelio de palabra y de obra, con testimonios y con propuestas de formación y de iniciación cristiana. Quiere también hacer presente un acento fuerte en la vocación laical, que tiene que ver con la vocación al matrimonio y con la presencia de los cristianos en la vida pública, y con el ministerio ordenado y las formas de especial consagración necesarias para acompañar la vida como vocación. Las sedes que el Papa va a visitar en su viaje apostólico ya confirmado a España son especialmente significativas. Las islas Canarias, en sus dos diócesis, hacen visible el deseo del Papa Francisco por visitar este lugar que expresa un sufrimiento injusto y pone en la mesa de la Iglesia y de la sociedad, la cuestión migratoria. La visita a Madrid posibilita el encuentro con las autoridades civiles y con la Conferencia Episcopal en donde se reúnen las Iglesias en España. Pero es también la visita a una diócesis, la de Madrid, y a su provincia eclesiástica, y expresa el desafío tan grande que supone hoy la evangelización de las grandes ciudades en las que se encuentran cada día miles de trabajadores de diócesis vecinas que van y vienen. El encuentro en Barcelona tiene la significación especial de Gaudí y de la Sagrada Familia, que nos hablan de dos cosas. Por un lado, en la figura de Antonio Gaudí y de su centenario, expresa la importancia de promover la vocación a la santidad, una santidad que él vive, ejercita y va adquiriendo en la realización de su trabajo. Por otro lado, nos señala la importancia de tener proyectos a largo plazo. Esta edificación de la Sagrada Familia que arranca en el siglo XIX llega al siglo XXI y nos enseña qué importantes son los proyectos que perviven en el tiempo más allá de nuestro horizonte vital. Además, la torre que se va a bendecir invita a mirar a lo alto y mirando a lo alto descubrir a Jesucristo. Situado en lo alto del templo, es alguien que ha venido, que ha bajado que se ha encarnado, que se hizo uno de nosotros, uno con nosotros. Es luz del corazón y de los pueblos. Por todo ello, este viaje del Papa León XIV a España será, sin duda, una experiencia profunda de fe viva, de amistad cívica, y de aliento para la esperanza y la confianza. A esta experiencia de acogida, escucha y encuentro estamos todos invitados. El Papa quiere confirmar en la fe a los creyentes y en la confianza a todos los ciudadanos.