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Cortar la lengua

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El domingo de Carnaval surgió una noticia inaudita asociada a un posible corte de la lengua de un periodista en la ciudad de El Alto. Este hecho ominoso sería parte, entre otras cosas, de un mecanismo de tortura que sufrió el infortunado periodista. En base a informes forenses, luego, se descartó la posibilidad de la mutilación con un arma punzante, la herida en su lengua fue producida por un choque con sus piezas dentales a consecuencias de un hecho delincuencial. Más allá de la aclaración, esa noticia sobre un supuesto hecho ominoso se convirtió en un hecho anecdótico. Pero, este hecho anecdótico nos permite realizar disquisiciones sobre esa acción de cortar la lengua y sus implicancias políticas.

La lengua no solo es el órgano muscular para gustar y deglutir los alimentos, sino que sirve, aquí radica su relevancia comunicacional, para modular sonidos. O sea: sirve para propagar ideas, transmitir, hacer saber, descubrir o manifestar algo que en un contexto político dado se podría convertir en un arma peligrosa contra los poderosos. La respuesta perversa desde el poder fue la amputación de la lengua de los sediciosos que se erigió históricamente en un acto de castigo contra todos aquellos que osen desobedecer a los poderosos.

Cortar la lengua tiene una historia lejana. Se remonta a la mitología griega. Filomela, hija del rey de Atenas, Pandión, fue violada por su cuñado, el rey Tareo. Con el afán de no ser delatado, el agresor no solo le encerró en una solitaria prisión en el bosque, sino que le cortó la lengua. Pero, no hay crimen perfecto. Ella, antes de convertirse en un ave cantora, reveló la salvajada que sufrió a través de la elaboración con hilo púrpura de un tejido sobre un tapiz blanco que inspiró al pintor germano Peter Paul Rubens a realizar el cuadro Banquete de Lienzo que hoy se exhibe en el museo del Prado en Madrid.

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En la Roma antigua, Claudio Eliano, autor clásico en su Varia historia narra que el tirano Hanón de Cartago, al verse asediado por una cruzada de complots contra su autoridad, decretó que los habitantes del vulgo no podrían dialogar entre ellos a costa de ser castigados: se les cortaría la lengua. Sin embargo, los desobedientes, al igual que Filomela, encontraron resquicios para esquivar esta prohibición: las señas con la cabeza o haciendo movimientos con la mano.

Esta práctica de terror: cortar la lengua, fue muy recurrente en el curso de la Edad Media. Era un símbolo medieval de castigo que partía del imaginario que el pecado se propagaba por la palabra: blasfemos, calumniadoras y maledicentes. Mutilar la lengua era en un acto de censura ya que se partía de la idea de que la lengua de los subversivos se debía controlar y castigar para que las críticas al poder momentáneo o eclesiástico no tenga el eco necesario para subvertir el orden social o político.

En el contexto de las sublevaciones anticoloniales indígenas, en la Plaza de Armas de Cuzco, el 18 de mayo de 1781, Micaela Bastidas, esposa de José Gabriel Condorcanqui, el Inca Tupac Amaru II, fue sujetada por dos verdugos realistas. Luego de forcejeos con ellos, le cortaron la lengua acusada de sediciosa por haber lanzado injurias contra la corona ibérica.

Entonces, este breve recuento de la historia del corte de la lengua es una metáfora de la historia de censura. Hoy quizás no se apela a esa práctica sanguinaria e inhumana de extirpar la lengua a aquellos que osen denunciar o enfrentarse al poder, pero existen otros mecanismos sofisticados controlados por el poder para condenar y castigar a los subversivos de siempre con el objetivo de controlar la palabra insurrecta.

*Es sociólogo.

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