Las víctimas de la pederastia pueden esperar
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El pasado 8 de enero, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, el de la Confederación de Religiosos (CONFER), Jesús Díaz Sariego, firmaban un acuerdo con el ministro Félix Bolaños para la reparación de las víctimas de la pederastia clerical cuyos victimarios hubieran fallecido o los casos prescritos. Acuerdo que se calificó por el ministro de histórico. La Iglesia había creado ya el organismo denominado PRIVA para estos casos, pero hay víctimas que no se fían de la Iglesia y prefieren el paraguas del Gobierno a través del Defensor del Pueblo. Esta semana hemos sabido que lo firmado en aquel acuerdo no existe, era papel mojado hasta que no se ratifique en un convenio que están negociando las partes. El acuerdo es una expresión de deseos. También hemos sabido que el Defensor del Pueblo, que se supone tiene cierta autonomía legislativa, en ningún momento delegó su actuación en el ministerio de la Presidencia para lo que le implicaba. Lo firmado el pasado 8 de enero, que según algunas fuentes ha hecho que ya haya víctimas que se hayan acogido a él, es una lista de deseos, un relato escenificado para torcer el brazo a la Iglesia y aprovechar la oportunidad y seguir sembrando desconfianza. Al margen de que la pregunta es por qué el Gobierno se empeña con la Iglesia y obvia a otras instituciones que representan ámbitos en los que se han producido este tipo de abusos, los familiares, educativos y deportivos, la cuestión ahora es qué le exige el Gobierno a la Iglesia en el no nacido convenio. Imaginemos que Bolaños y los suyos están demandando que la Iglesia pague mayores indemnizaciones que las que exige la justicia civil para casos de similar naturaleza. ¿Basándose en qué criterios? ¿Se prestará la Iglesia a eso? Estamos ante un Gobierno al que sólo le interesa salir en la foto firmando el humo de un pagaré con cargo a un futuro incierto. O las víctimas cuyos victimarios han muerto o cuyos delitos han prescrito acuden a la Iglesia, al PRIVA, o tendrán que esperar, entiendo, algo más que sentados.
