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Amélie Nothomb llora con este filme

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Mailys Vallade y Liane-Cho Han dirigen y adaptan «Little Amélie», basada en la obra literaria autobiográfica «Metafísica de los tubos» (Anagrama) de la escritora belga Amélie Nothomb, donde esta cuenta a su peculiar manera su infancia en Japón. Una cinta que competirá el 14 de marzo por el Oscar a la mejor película de animación. ¿Quién le iba a decir a esta pareja profesional –llevan doce años trabajando juntos– que su primer trabajo visible, su primera dirección, iba a llegar hasta ahí? «Fabricamos películas desde hace mucho tiempo, y tenemos la sensación de haber conseguido algo, porque no somos sólo nosotros, sino también el equipo que está alrededor. Nuestra familia gráfica es la que nos ha permitido hacer estas películas y llevarlo al máximo. No imaginábamos tampoco que íbamos a ser nominados al Oscar: nos enfrentamos a unos estudios muy grandes, a plataformas ahora también, y nuestra película es pequeña, de cine independiente, y nuestro desafío ha sido transmitir emociones con poco presupuesto», comenta Maylis Vallade.

Mensaje a la infancia

No debe ser fácil, desde luego, adaptar a una escritora tan peculiar y potente como Amélie Nothomb. Les preguntamos, por tanto, a sus directores si han recibido una opinión de la autora después de ver su película: «Ella no ha participado en la realización, y enseguida nos dijo que sus libros eran sus hijos y la adaptación de sus libros, sus nietos, y que ella no iba a intervenir en la educación de sus nietos», enuncia Vallade. Y considera la cineasta francesa que esto «es una gran suerte para nosotros porque teníamos un libro delicado, sobre su infancia, que adaptar. Al final ella vio la película y estábamos todos bajo gran presión. Había fallecido su padre unos años antes, en aquel momento no lo sabíamos pero acababa de morir su madre, y emocionalmente el ambiente estaba muy cargado. Todo el mundo estaba esperando su reacción, y al final se giró –había llorado mucho durante la proyección– y nos dijo unas cosas maravillosas: que estaba muy emocionada, que habíamos conseguido resucitar a su padre y, además, estuvo enumerando, argumentando los cambios narrativos que habíamos llevado a cabo: entendió que los hicimos para alcanzar al público adulto y al infantil. Le gustó mucho, y después supimos que la ha visto más de quince veces».

Vallade nos cuenta que la razón principal para decantarse por llevar esta historia a la gran pantalla fue «la empatía, la conexión y la reconexión con la mirada del niño. Desde hace muchos años nos gusta trabajar muy cerca de los personajes e ir más allá de la psicología de ellos, darles realmente un fondo y poder hablar de cosas difíciles a los adultos, pero también a los niños: esta historia es una pequeña biblia universal de 0 a 3 años».

Liane-Cho Han, por su parte, asegura que «uno de los ingredientes que más me ha tocado de la película, en el caso de los niños, es esa aceptación de que las cosas no son eternas, sino efímeras, pero que a pesar de los desafíos que nos ofrece la vida, como la desilusión o la muerte, vale la pena vivirla. Y que es mejor abrirse al mundo más que cerrarse en uno mismo».