La profunda levedad de Martí Cormand
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Martí Cormand (Barcelona, 1970), gran conocedor de los retos que entraña el dibujo, deslumbra por su exquisita técnica, pero, sobre todo, por su capacidad para activar interrogantes en torno a la imagen y a sus modos de relación con lo real. Su nueva exposición parte del concepto acuñado por Duchamp de lo infraleve, una suerte de categoría estética con la que dirigía su atención hacia variaciones mínimas de la vida cotidiana, entendidas como verdadera materia artística. Cormand retoma esta noción para nombrar aquellos fenómenos que modulan una 'presencia ausente', como la marca que deja una silla en la moqueta, la huella de un cuadro tras ser retirado de la pared o el polvo que se acumula sobre una superficie. En su poética, que entra de nuevo en la galería Espacio Mínimo, el trampantojo trasciende su dimensión habitual de engaño lúdico: no se trata solo de confundir la mirada del espectador, sino de invitarle a ralentizarla y a activar los resortes de una contemplación capaz de ampliar nuestros márgenes de conocimiento. Y es precisamente en ese juego de apariciones y borrados donde la exposición deja entrever una capa de sentido más amplia: la del patrimonio como territorio frágil, a menudo expuesto a ataques que buscan erosionar la identidad cultural del adversario.
