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Daniel Lumera , biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más»

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Abc.es 
Daniel Lumera, biólogo, naturalista, investigador en sociología de los procesos culturales y comunicativos, escritor, docente y referente internacional en el ámbito del bienestar, acaba de aterrizar en Madrid para presentar su último libro 'Como si todo fuera un milagro', en el que aborda un dilema existencial en la vida contemporánea: ¿Cómo vivir cuando la mente no se detiene y el cuerpo acumula tensión durante años? Para llegar a dar respuesta a este interrogante, durante más de tres décadas Lumera ha transitado un territorio poco habitual: el que une la biología con la meditación , la neurociencia con la espiritualidad y la transformación personal con el cambio social. Sostiene que el gran desafío contemporáneo no es tecnológico ni económico, sino humano: «Debemos recuperar la integridad en una sociedad crónicamente inflamada». Su formación no fue convencional. Durante once años vivió como monje laico en la tradición vedántica. Su maestro, Anthony Elenjimittam —discípulo cercano de Mahatma Gandhi— le transmitió un mandato claro: tender puentes entre   ciencia y espiritualidad. Trabajó también con Tara Gandhi, una de las nietas más cercanas al líder indio, en proyectos sociales y penitenciarios. Aquella impronta marcó el rumbo de su investigación: demostrar científicamente que la meditación y la gentileza no son conceptos abstractos, sino fuerzas con   impacto biológico medible. En los últimos 33 años, su labor se ha centrado en estudiar cómo los procesos contemplativos   influyen en el organismo : neuromoduladores, inflamación, genética, comportamiento emocional. Asegura que la sociedad en la que vivimos «es una sociedad inflamada crónicamente». Gestionamos, según sus datos, el equivalente a 72 gigas de información diaria. «El resultado —advierte— es una mente hiperreactiva, sometida a estrés constante. Tanto es así que en la última década, los informes europeos de psiquiatría han registrado un aumento drástico de ansiedad y depresión entre jóvenes de 12 a 24 años, junto con un crecimiento en el consumo de psicofármacos». Para Lumera, la química farmacológica es útil, pero insuficiente si no se aborda el problema existencial de fondo: un estilo de vida desconectado de los biorritmos naturales. «La ciencia define la mente adulta como 'wandering mind' (mente errante) y es que pasamos el 47% del día pensando en lo que no está ocurriendo. Vivimos más en la idea de la vida que en la vida misma». De ahí el título de su libro. «Milagro» no alude a lo sobrenatural, sino al estado mental de maravilla, de sorprenderse, propio de la infancia: la capacidad de asombro ante lo desconocido, algo que, en su opinión, se practica cada vez menos. Cita incluso el llamado 'Drift Syndrome', popularizado por Forbes, para describir a una generación que ha perdido la capacidad de maravillarse y navega sin capitán. «La maravilla —sostiene— no es ingenuidad, sino medicina natural: favorece la neuroplasticidad cerebral y devuelve sentido a la experiencia». Pero su propuesta no se queda en el plano teórico expuesto. En Italia ha desarrollado proyectos en 23 cárceles en colaboración con el Departamento de Administración Penitenciaria. En la prisión de Palermo, tras implementar programas de meditación y crear una 'habitación de meditación' , las sanciones disciplinarias de los reclusos pasaron de 48 en el trimestre previo a una sola en los tres meses posteriores. Para Lumera, un sistema de justicia basado exclusivamente en el castigo es un fracaso: «El 70% de reincidencia en Italia es prueba de ello. Si queremos más seguridad, tenemos que recuperar a las personas, no endurecer el castigo», afirma. La misma lógica aplica a hospitales y escuelas. En Suiza colabora con la red hospitalaria EOC, que agrupa a 7.000 médicos, donde han creado espacios permanentes de meditación y estudios científicos asociados. Su hipótesis se basa en que «la gentileza mejora no solo el clima laboral, sino también los resultados clínicos y la percepción de los pacientes. En entornos sanitarios, los pacientes prefieren recorrer más kilómetros y pagar más por ser atendidos por un profesional médico competente y empático antes que por uno excelente pero frío». En el ámbito empresarial, los números refuerzan su discurso. «Estudios como el realizado por Gallup estiman que la falta de confianza y compasión en el entorno laboral genera pérdidas de hasta 500.000 millones de dólares anuales en Estados Unidos por 'burnout', absentismo y rotación. En contraste, las culturas organizativas basadas en liderazgo inclusivo y comunicación gentil pueden aumentar los beneficios hasta un 200%». Aclara que la gentileza no es debilidad. «Puede haber rabia gentil —orientada a corregir y mejorar— y rabia destructiva —centrada en castigar y humillar—. «La diferencia está en la intención . Biológicamente, cuando observamos un acto genuino de amabilidad, nuestro cuerpo libera serotonina y oxitocina. El bienestar individual y el colectivo son inseparables». Recuerda que el trabajo el Elizabeth Blackburn —bioquímica australiana y Premio Nobel de Medicina en 2009— demostró que dos meses y medio de práctica meditativa pueden aumentar hasta un 30% la producción de telomerasa, enzima clave en la protección de los telómeros, biomarcadores de longevidad. Es decir, las personas que meditan viven más y enferman menos.   «Es ciencia pura y dura», recalca. Otros estudios del Massachusetts General Hospital demuestran que la meditación influye en más de 1.500 genes relacionados con inflamación, radicales libres y muerte celular. Es decir, la práctica meditativa reduce la inflamación . «Si meditas 20 o 30 minutos por la mañana baja el cortisol. En relación a la salud mental, a la ansiedad, a los ataques de pánico, depresión... el efecto de la meditación es potentísimo y, sobre todo, las nuevas generaciones necesitan integrar la meditación. Son solo 20 minutos, o 10. En los estudios desarrollados con el hospital San Raffaele de Roma, los descensos de la ansiedad se observan incluso desde la primera práctica de meditación», puntualiza. El su libro articula seis «carismas» o dimensiones de integridad. La primera es la palabra: «el ser humano es capaz de hacer cosas extraordinarias con la palabra y el silencio, tanto para construir como para destruir», explica. En segundo lugar señala las cuentas pendientes, «que son como bandas elásticas que tiran de nosotros hacia atrás mientras intentamos avanzar». En tercer puesto destaca la entrega, en el sentido de «entregar aquello que se es, más que aquello que se tiene. Es decir, el tiempo, las energías, el conocimiento... en beneficio de los demás. En cuarto lugar, la maravilla, «vivir todo como si fuese un milagro». En quinto lugar el vacío: «Nos preocupamos por llenar nuestras vidas, nuestra casa, nuestros bolsillos, nuestros pensamientos, nuestro corazón, de hacer, de aparentar. Lo que necesitamos, en realidad, es vaciar. Vaciar la mente de pensamientos; las casas de objetos; las relaciones, de necesidades; el tiempo, de acciones... El vacío tiene el poder de sanarnos». Y, por último, señala la paz «porque vivimos en un estado de guerra constante e infinita, ante todo, dentro de nosotros en nuestros sentimientos de injusticia, rabia, resentimiento e impotencia. Así es como seguimos siendo esclavos, aunque creamos que somos libres». En su discurso insiste en que la cooperación, no la competencia, sostiene la vida, «que la mente puede contaminar o sanar y que cada instante es irrepetible». «Vivir 'como si todo fuera un milagro' no implica negar el dolor, sino mirarlo de frente para descubrir, en su profundidad, la urgencia de amar y estar presentes», setencia.