De las gabardinas al malware: Espionaje en EU, más fuerte que en la época de la Guerra Fría
El espionaje extranjero en Estados Unidos es más intenso en la actualidad, que durante la Guerra Fría. Mientras que el gobierno del presidente Donald Trump ha procesado en tribunales a una veintena de personas en el último año, los expedientes oficiales sólo ubican a 18 ciudadanos sentenciados en 46 años, entre 1945 y 1991.Los datos indican que la vigilancia ilegal foránea anda más brava que nunca.Los espías del pasado solían ser estadunidenses cooptados por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la extinta URSS); los de ahora, en cambio, son en su mayoría chinos y rusos que venden información a los principales enemigos de Estados Unidos. Pero, a diferencia de los de antes, los protagonistas de las películas del futuro no llevarán gabardina ni cargarán paraguas con dardos envenenados: usarán malware, conocerán la ubicación de los buques estadunidenses y manipularán controles de vuelo. No caminarán en la sombra; se ocultarán en el código.Entre enero de 2025 y enero de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos los acusó de robar secretos militares, tecnología clasificada y equipos de defensa nacional para entregarlos a gobiernos extranjeros, reviviendo los años dorados de la Guerra Fría.La lista incluye desde un ex ingeniero de Google que, aseguran, robó tecnología de inteligencia artificial, hasta soldados activos que fotografiaron instalaciones militares y guardias nacionales señalados de contrabandear radios de helicópteros de combate.“Por favor den mis más cálidos saludos a Vladímir Putin y Kim Jong Un (mandatarios de Rusia y Corea del Norte), mientras conspiran contra Estados Unidos de América”, escribió Trump en su Truth Social en septiembre de 2025, durante el desfile militar en la capital china, Beijing, donde los dos líderes se reunieron en una muestra de fuerza que Washington interpretó como una amenaza directa.China acapara casi la mitad de los casosUna revisión de MILENIO en los archivos judiciales federales, del último año, revela que las autoridades estadunidenses desmantelaron presuntas células de espionaje que operaban desde California hasta Nueva York, pasando por Dakota del Sur y el estado de Washington.Nacido en 1946, justo al arranque de la Guerra Fría, Donald Trump creció escuchando que Estados Unidos era un país asediado por los comunistas, que debía protegerse del enemigo e invadir otros países para fortalecer su posición en el mundo. Origen es destino, dicen.Por ello, en la actualidad, la Unión Americana sometió ante la justicia a un grupo de espías: nueve de ellos fueron acusados de vender secretos a los chinos; ocho, por ofrecer información sensible a los rusos; otro por trabajar para Sudán y en dos casos más se desconoce el comprador. En la lista de los espías de antaño que abarcaba los 45 ‘años fríos’, sólo aparece un soviético sin residencia legal, tres personas nacionalizadas que se asumieron comunistas y 14 ciudadanos estadunidenses.Pero ahora nueve de los casos procesados los concentra o fueron enviados desde Beijing, según la indagación. El Departamento de Justicia documentó una estrategia de múltiples frentes que incluye robo de tecnología en corporativos tecnológicos, reclutamiento de militares estadunidenses, infiltración en agencias gubernamentales y fotografía de instalaciones clasificadas.El caso más reciente de funcionarios involucra a Qilin Wu, ciudadano chino acusado en 2025 de fotografiar ilegalmente una base de la Fuerza Aérea en Missouri. Las autoridades encontraron en su poder cientos de imágenes de instalaciones militares consideradas vitales para la seguridad nacional. Wu, quien entró de forma irregular a Estados Unidos por Nogales, Arizona, en 2023, no dio explicaciones convincentes sobre por qué tomó esas fotografías ni para quién trabajaba. El Departamento de Justicia sospecha que operaba como recolector de inteligencia visual para agencias chinas.Uno de los casos más emblemáticos de espionaje involucra a Linwei Ding, ex ingeniero de Google, quien fue investigado conjuntamente por el FBI y la empresa para luego ser declarado culpable de robar, entre mayo de 2022 y abril de 2023, dos mil páginas de información confidencial que contenían secretos comerciales relacionados con supercomputación e inteligencia artificial.Ding trabajaba directamente para la República Popular de China mientras cobraba su salario en Silicon Valley.Pero la ofensiva china no se limita a extraer información de corporativos. Según una acusación formal, Yuance Chen y Liren ‘Ryan’ Lai fueron acusados de supervisar misiones clandestinas de inteligencia en territorio estadunidense en favor del Ministerio de Seguridad Estatal (MSS por sus siglas en inglés), principal servicio de inteligencia exterior del gobierno chino. Ambos operaban bajo el disfraz de empresarios o académicos y su objetivo era identificar, contactar y reclutar militares activos o retirados con acceso a información clasificada. Fueron detenidos también por el Buró de Investigaciones (FBI), porque según las autoridades eran operadores profesionales de una red que busca infiltrar las fuerzas.Empleados de EU venden secretos militaresHay casos que involucran a empleados del gobierno estadunidense o personal militar que tenían acceso legítimo a información clasificada y decidieron venderla. Estos casos son particularmente graves porque la amenaza provino desde dentro del aparato de seguridad nacional.Uno de ellos es el de Jinchao Wei, ex marinero de la Armada de Estados Unidos, quien tenía acceso a información sobre despliegues, capacidades y vulnerabilidades de buques estadunidenses. La fiscalía demostró que vendió esos secretos a cambio de dinero. Recibió la sentencia más dura de todos los casos: 200 meses de prisión, más de 16 años, por vender información clasificada sobre operaciones navales a agentes chinos.Hay otro caso, el de Nathan Vilas Laatsch, empleado de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, sus siglas en inglés) que fue arrestado por el FBI cuando intentaba proporcionar información clasificada a un gobierno extranjero. Las autoridades no revelaron qué país estaba involucrado ni qué tipo de información intentó vender Laatsch, pero confirmaron que se trataba de documentos relacionados con inteligencia militar, evaluaciones de capacidades de adversarios y planes operacionales. Otro caso es el de Joseph Daniel Schmidt, ex sargento de la Base Lewis-McChord en el estado de Washington, quien fue sentenciado a diez años de prisión por entregar información de defensa nacional. Schmidt tenía acceso a redes informáticas militares seguras y la fiscalía demostró que intentó vender datos clasificados a cambio de dinero.Rusia y el contrabando de equipos militaresEn el caso de los rusos, las acusaciones van por el envío de espías y operadores de componentes de aviación, tecnología de visión nocturna, municiones sofisticadas y sistemas de control de vuelo.Dmitry Ustinov, ciudadano ruso (homónimo de un general y héroe ruso de la Segunda Guerra Mundial), recibió una sentencia de 18 meses de prisión por contrabandear tecnología de visión nocturna de alta tecnología hacia Rusia.Estos equipos permiten a las fuerzas militares operar en condiciones de oscuridad total y son considerados artículos de exportación controlada por el Departamento de Defensa.Otro intermediario clave fue Olegs Čitsjakovs, un ciudadano lituano que se declaró culpable de conspirar para exportar ilegalmente equipos de aviónica sofisticados y controlados a clientes en Rusia sin las licencias correspondientes. Čitsjakovs operaba desde Letonia y utilizaba empresas fantasma para evadir controles. Su red, que incluía a dos ciudadanos estadunidenses, abarcaba múltiples capas de intermediarios que dificultan rastrear el destino final de los componentes.En la misma línea de contrabando de tecnología militar, Vadim Yermolenko, residente de Nueva Jersey, fue sentenciado por facilitar la exportación ilegal de municiones y tecnología sensible hacia Rusia. Su red incluía dispositivos electrónicos de doble uso que podían ser empleados tanto en aplicaciones civiles como militares. Las autoridades demostraron que Yermolenko sabía perfectamente que el destino final era el ejército ruso y que operaba en violación de las sanciones estadunidenses.La red de contrabando también se extendió a través de India. Sanjay Kaushik, residente en Delhi, fue sentenciado por conspirar para exportar ilegalmente componentes de aviación controlados desde Oregón hacia Rusia. El caso incluyó sistemas de navegación y control de vuelo considerados críticos para operaciones militares. Kaushik operaba una red que conectaba proveedores estadunidenses con compradores rusos a través de múltiples capas de intermediarios en India y otros países.Más grave aún fue el caso de espionaje militar activo. Taylor Adam Lee, soldado en servicio activo, fue arrestado y acusado de espionaje y violaciones de control de exportación por intentar proporcionar información militar clasificada sobre las vulnerabilidades de los tanques estadunidenses a agentes rusos. Lee tenía acceso directo a manuales técnicos y reportes de combate. Las autoridades lo detuvieron antes de que pudiera completar la transferencia, en una operación que sugiere que el FBI está infiltrando activamente estas redes.El contrabando de armamento a gobiernos potencialmente hostiles a Estados Unidos tiene diversas vertientes. Maxim Larin, comerciante de piezas de armas, fue arrestado por un esquema para exportar ilegalmente piezas y accesorios de armas desde Estados Unidos hacia Kazajistán, conocido lugar de transbordo de equipos con destino a Rusia. Según se alega, Larin accedió a enviar un sofisticado sistema de adquisición de objetivos que permitía mejorar la precisión de artillería y armamento pesado, equipo crítico en el contexto de la guerra en Ucrania.Incluso, personal militar estadunidense ha participado en el contrabando. Canyon Anthony Amarys, miembro de la Guardia Nacional, fue arrestado y acusado de violar controles de exportación al intentar enviar un radio de helicóptero de uso militar hacia Rusia. Amarys tenía acceso legítimo a este tipo de equipos por su cargo, pero intentó sacarlos del país de forma clandestina. El caso ilustra que la amenaza no solo proviene de civiles, sino de personal militar activo dispuesto a traicionar.El único caso de una mujer es el de Yana Leonova, ciudadana bielorrusa, quien fue arrestada por exportar ilegalmente componentes de aviación de origen estadunidense hacia Rusia. Según la acusación, Leonova y sus cómplices compraron los componentes a distribuidores estadunidenses legítimos. Luego, utilizando empresas ubicadas en Armenia, Maldivas y otros lugares, transbordan los componentes hasta territorio ruso, esquivando las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania.Los archivos del Departamento de Justicia sugieren que el cine de espías cambiará de vestuario. Las gabardinas quedarán colgadas en un perchero polvoso. El nuevo héroe –o villano– de las series de TV de ocho temporadas operará en silencio desde un teclado. Su arma ya no requerirá un pesado silenciador: sólo hará clic.RM
