Cuba enfrenta días muy difíciles por la asfixia energética de Trump
Se teme lo peor. Hasta el hombre de la calle sabe que si todo ya era difícil antes, lo será mucho más en los días que vienen.
Yurisnel Agosto, comerciante de 36 años, al borde de una carretera en La Habana, con las manos ennegrecidas, afirma: “Nunca había vendido tanto”. Se refiere al carbón. Y también a los braseros artesanales que ha fabricado con viejos accesorios.
Sus clientes favoritos antes eran los restaurantes, que lo buscaban para las parrillas, pero ahora son personas comunes y corrientes que acumulan carbón para sus casas. “Vienen a comprar sacos para cuando no haya electricidad”, dice el joven vendedor.
La situación económica, ya deteriorada a lo largo de seis décadas, ha empeorado con la falta de combustible y los cortes de electricidad. Hay mucha incertidumbre por lo que vendrá.
El estrangulamiento energético que les impone los Estados Unidos de Donald Trump ha llevado a la isla al filo del precipicio. Está el embargo desde hace más de 60 años. Y está la economía que no logra recuperarse y que en 2025 se contrajo alrededor del 5%, según informe del Centro de Estudios de la Economía Cubana.
La gravedad de la crisis económica aumenta las escenas como la del carbón. Cocinas artesanales, paneles solares, racionamiento del poco combustible que queda, teletrabajo, clases a distancia... “economía de resistencia” lo llaman las autoridades.
Todo se vuelve complicado en esta isla caribeña. La ausencia de transporte público, calles vacías incluso en horas punta, las colas para llenar de algo de combustible a los coches, incluidos los autos antiguos norteamericanos para pasear a turistas. Todo es parte de un drama en aumento.
Sin el apoyo de Venezuela
La isla, con 9,6 millones de habitantes y bajo embargo comercial de Estados Unidos desde 1962, lleva años sumida en la crisis y la escasez. Los cubanos “se aprietan el zapato más de lo que estaba”, como suelen decir.
Hoy, no hay petróleo llegado de Venezuela. Dejó de surtirse luego del secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero tras la incursión militar estadounidense.
“Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas”, dice Niurbis Lamothe, empleada de 53 años, tras adquirir una cocina artesanal. También compra una bolsa de carbón vegetal de 2.600 pesos (5,25 dólares), cerca del 50% del salario medio cubano.
Los isleños buscan adaptarse. Algunos comparan lo que se vive con el llamado “Período especial”, es decir, la gravísima crisis económica que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991, entonces aliado de Cuba y su principal proveedor energético. En esos años, la economía cubana se contrajo profundamente, el racionamiento se generalizó y la población tuvo que adaptarse a condiciones de vida muy precarias.
Los riesgos estructurales
En realidad, esa ausencia de respaldo energético extranjero sostenido reaparece no solo como un dato histórico, sino como una mirada a los riesgos estructurales de una economía dependiente de socios externos.
Según la BBC, la raíz del problema en Cuba es la dependencia histórica del petróleo importado: mientras la isla necesita unos 110.000 barriles diarios para sostener su economía, su producción interna apenas alcanza 40.000 barriles al día.
Esta diferencia obligó, por años, a recurrir a aliados como Venezuela. Según el portal El Financiero y Bloomberg, el gobierno mexicano aportaba unos 20 mil barriles de petróleo ligero de buena calidad de Pemex, Venezuela otros 35 mil y Rusia entregaba esporádicamente de 5 mil a 7 mil barriles.
La BBC indica que, en los mejores tiempos, Caracas llegó a suministrar combustible en condiciones preferenciales, despachando hasta 100.000 barriles diarios, que sostenían el funcionamiento industrial y la vida cotidiana en Cuba.
Pero todo cambió con la caída de Maduro en enero de 2026.
El país pasó un mes sin recibir petróleo importado. Las plantas eléctricas, muchas con décadas de antigüedad, no estaban en condiciones de responder a la emergencia. Los cortes de electricidad alcanzaron hasta 18 horas diarias y la población tuvo que regresar al carbón y leña. Y a los paneles solares.
“En estas dos últimas semanas no he descansado”, dice Orley Estrada, de 30 años, experto en instalar dichos paneles solares. “Están llamando más clientes constantemente”, añade.
Para los expertos, esto pone en evidencia las fallas estructurales de la economía cubana: escasez de infraestructura moderna, vulnerabilidad profunda a variaciones del contexto internacional y la falta de inversión en energías renovables.
Trump no solo truncó el envío de petróleo venezolano, sino que amenazó con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a La Habana. Solo México envió el domingo dos barcos con unas 814 toneladas de ayuda humanitaria, pero no manda crudo como lo hacía antes. Evalúa hacerlo sin incomodar a su poderoso vecino y principal socio comercial.
Tampoco ayuda el turismo, que ya sufría el impacto de la crisis. Hoy es uno de los sectores gravemente afectados, lo que reducirá aún más la entrada de divisas. El gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció el cierre de algunos hoteles. “Ya están cerrando hoteles en Varadero”, el principal balneario de Cuba, refiere una trabajadora del sector.
Otra muestra de la gravedad de la crisis es el aviso del gobierno a las aerolíneas que el suministro de combustible se congelará un mes. Air Canada ya dijo que suspendía los vuelos a Cuba. Air France, Iberia o Air Europa anunciaron que reabastecerían sus aeronaves en otras naciones del Caribe. Incluso las rusas Rossiya y Nordwind cambiarán sus horarios de vuelos por “las dificultades para reabastecer aviones en Cuba”.
Cuba y su “economía de resistencia”
Para ahorrar energía, el gobierno de línea castrista dispuso la restricción de la venta de combustible, la reducción de los viajes entre provincias por ómnibus y trenes, el cierre temporal de algunas empresas estatales, así como el teletrabajo, jornadas más cortas en las escuelas, la semipresencialidad en las universidades y la disminución de la semana laboral a cuatro días (de lunes a jueves).
“En mi trabajo mandaron a todo el mundo para su casa por un mes”, explicó un empleado bancario que prefirió no revelar su identidad. En ese mes recibirá su salario completo.
El viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga afirma que esas medidas buscan favorecer la producción de alimentos y electricidad, y permitir “la protección de las actividades que generan divisas”.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, dijo lo que el cubano de a pie ya no quiere oir: “el escenario reclamará gran sacrificio”. Mayor sacrificio para quienes ya llevan años sufriendo apagones diarios, escasez de todo tipo, entre ellos alimentos y medicinas, y una inflación galopante.
The New York Times comenta que si bien es cierto en el pasado se han hecho predicciones sobre la caída del gobierno cubano, esto sí que va en serio.
Añade que los cubanos exiliados en el sur de Florida han recibido el mensaje de funcionarios de Trump: aseguran que el régimen cubano tiene los días contados. No pasa del 2026.
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“Es injusto que EEUU amenace imponer gravámenes”
Lo que no falta a Cuba es apoyo (verbal) en el mundo.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum calificó de “muy injusto” que EEUU amenace imponer gravámenes a los países que suministren petróleo a Cuba.
Rusia acusó a Washington de aplicar “medidas asfixiantes”; el portavoz Dmitri Peskov dijo: “Estamos estudiando posibles soluciones”.
China rechazó las 'acciones inhumanas' y se muestra dispuesta a apoyar la soberanía cubana.
Washington invocó, para justificar su política de cerco, que Cuba -situada a solo 150 km de las costas de Florida- es una “amenaza excepcional”. En La Habana dicen que Trump solo los quiere “asfixiar” y Díaz-Canel afirma que no agreden y no significan una amenaza para nadie. (Con AFP y otros portales).
