No comerás flores
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Hace medio siglo, o quizás menos, si se hubiese desprendido la nariz de Thomas Jefferson en el memorial de Washington (una esquirla de piedra blanca cayendo al pie del Potomac) el mundo habría hablado de la herida simbólica de América. Si la antena del Empire State Building se hubiese doblado como un alfiler bajo una tormenta, habríamos leído durante semanas diferentes análisis sobre la fatiga del acero que sostuvo el siglo XX. Pero hoy no basta con que el símbolo se resquebraje. Tiene que estallar. Tiene que arder. Tiene que haber un avión incrustándose en las torres del World Trade Center con millones de testigos paralizados ante la pantalla. Tiene que incendiarse (siempre en directo) Notre-Dame , con la aguja... Ver Más
