«Nuestros productos cada vez valen menos y siguen firmando acuerdos comerciales, no podemos más»
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En conversación con ABC, algunos de los agricultores que han acudido a Madrid esta mañana para una movilización en la que han participado cerca de 10.000 personas y 500 tractores expresan su malestar por el exceso de burocracia y la competencia desleal desde terceros países, que aseguran que pone en riesgo el modo de vida de sus familias. Entre los testimonios que ha recogido este diario, no pocos aseguran que han vendido a pérdidas alguna vez o tienen márgenes de beneficio muy estrechos, mientras viven enterrados en un mar de papeles. Muchos tienen hijos, pero pocos creen que los podrán suceder en un oficio que temen que desaparezca. Los datos están ahí... más de la mitad de los profesionales del sector superan los 65 años. Quico (47 años), un productor de tabaco y pimentón de Talayuela (Cáceres), ha venido a Madrid esta mañana porque «la Comunidad Europea y España nos están traicionando», se queja, antes de añadir que «de momento» su negocio es rentable, pero teme que pronto no lo sea por «la burocracia» y las medidas que está impulsando el Gobierno. «Aquí cada día sube la Seguridad Social, el gasoil, el abono... todo». Tiene dos hijos, y asegura que le gustaría que se dedicaran al campo porque es un agricultor «a mucha honra», uno que disfruta de su trabajo: «El campo es lo mejor que hay». Sin embargo, teme por el futuro de sus vástagos si se dedicaran al mismo oficio que él y por eso les ha dicho que «se alejen porque aquí no hay futuro». Le preguntamos si celebra la posición que ha tomado algún partido con respeto a la agricultura, y responde de forma tajante: «Ninguno». «El acuerdo con Mercosur desprotege a todas las explotaciones españolas, a las que nos exigen un montón de historias mientras las importaciones que llegan no pasan ni la mitad de los controles que pasamos nosotros». Este comentario de Julio (47 años) resume bien la opinión del sector agrícola para con el pacto con el bloque sudamericano. Este gallego, que produce patatas en la provincia de Orense, asegura que en la última campaña vendió su producto a pérdidas. Por eso está en Madrid, aunque tiene poca fe en que los partidos políticos resuelvan su situación, de la que culpa en buena parte al exceso de burocracia: «Ellos (los políticos) saben bien lo que están haciendo. Que lo sigan haciendo y el día que desaparezcamos todos, pues que busquen soluciones en China». Riacardo (53 años) se ha levantado a las seis de la mañana para venir a Madrid desde Santa Amalia (Badajoz), donde tiene varias explotaciones de almendro, olivo, arroz, tomate y maíz. Lo hace «con ánimo», dice, porque quiere protestar por un acuerdo comercial que les abre a unos productos contra los que «no podemos competir» -se queja-. Ricardo opina que en el sector primario, «que es de donde comemos», «no podemos fiarlo todo a exportaciones internacionales». Entre otras cosas, sigue, porque no es sostenible «transportar productos que están a 11.000 kilómetros de distancia». Le preguntamos por los políticos, y nos dice que aunque el PP «quiere» apoyarles, acostumbra a «ponerse de perfil» a la hora de la verdad. Carles Vicente (57 años) lleva dos días fuera de casa, cosa que es «dura» pero «hoy tocaba», zanja. Produce aceite y tiene algo de huerta y un pequeño negocio de agroturismo en La Bisbal de Montsant (Tarragona), y de cara a la continuidad de su modo de vida le procupa el acuerdo con Mercosur, «porque no tiene clausulas de salvaguardia», dice, y la reforma de la PAC. En lo que refiere a esto último, creee que «al menos» el próximo presupuesto europeo debería proporcionarles a los agricultores los mismos fondos que les llegaban hasta ahora. En el fondo, continúa, en el dinero para el campo el país se juega el estar «enraizado» en el territorio y su soberanía. Sandra (35 años) ha venido de Burgos con su marido, con el que hace poco empezó una explotación agrícola de cereal. Nos dice que es «nueva agricultora», y que en este corto período de tiempo ya se ha dado de bruces con el torrente de burocracia ligado a la PAC. Reconoce que es un trabajo difícil, y con un futuro incierto por la entrada de competencia de terceros países que no está sometida «a la misma regulación que tenemos aquí». Viene con su hija, de la que dice que le gustaría que se dedicara al campo, pero no lo ve claro: «La desploblación es una realidad». Patricia (18 años) ha venido a Madrid para acompañar a su padre, que es un agricultor de 48 años que «no puede aguantar más». Cultiva almendras, pistacho, viña y olivar en un pueblo de Toledo, pero asegura que lo hace con «fastidio». No porque no le guste, sino porque «cada vez lo nuestro vale menos», se queja, mientras «tenemos todos estos tratados y estos acuerdos que se hacen a espaldas de los agricultores». Interviene su hija Patricia, para decirnos que ve «el sacrificio de su padre», que le hace «sufrir mucho» porque «van a por ellos». «No podemos dejar que vayan a por el sector primario, que jueguen con ellos y les engañen».
