Craviotto, tras su vivencia en Groenlandia: «Ojalá no metamos las zarpas y estropeemos lo poco que queda virgen del planeta»
Regresa Saúl Craviotto (Lérida, 41 años) de un viaje a otro tiempo, a otra dimensión, casi a otro planeta. A uno al que acudió para descubrir el origen de su deporte, el kayak, que lo encumbró como el deportista español con más medallas olímpicas (dos oros, dos platas, dos bronces), y que le pilló en medio de un bajón personal fruto de la vorágine vital en la que se mueve esta sociedad. Y ha vuelto un poco cambiado porque han sido unos días sin internet, sin reuniones, sin el estrés de las prisas, en contacto directo con la naturaleza y un pueblo que vive con ella y no contra ella: Groenlandia . Una Groenlandia que vivía en paz hasta que se convirtió en el centro de la geopolítica por esa intención de Donald Trump de hacerse con ella . Habla de todo esto con ABC en el pase de este documental, 'La ruta del primer kayak', en colaboración con Seiko, con el que suma otra vivencia sin igual en su carrera extradeportiva. Craviotto acudió antes del terremoto, por lo que pudo disfrutar de la singularidad de esta remota zona. «Ha sido una experiencia de vida diferente. Yo diría que ha entrado con fuerza en el top tres de mis viajes y de mis experiencias vitales; increíble, muy contento». -¿Qué imagen tenía de Groenlandia y qué se encontró? -Yo sabía que iba a un lugar poco explorado, pero ha sido más de lo que pensé. Es un lugar muy salvaje, muy auténtico. Es la isla más grande del mundo, sin contar Australia que es considerado un continente, y tiene 50.000 habitantes. Es salvaje aquello. En cuanto llegué con el avión, de hélices, volando muy bajo, vi una manta blanca interminable, y los glaciares desprendiéndose, los icebergs. Ostras, ¿dónde me estoy metiendo? Era una sensación de que este viaje es único porque quedan pocos sitios así en el planeta: todavía por explorar. Y voy a estar navegando por y al origen de mi deporte. Inolvidable. -¿Ha vuelto otro Saúl Craviotto? -Me removió por dentro. Me vino en un momento que lo necesitaba, que estaba con mucho ajetreo, con mucho estrés. Me vino muy bien para resetear, para poner los pies en el suelo, para volver a conectar conmigo; dejar esa vorágine de occidente, que parece que no llegamos a nada, que siempre estamos detrás de la zanahoria, en busca de algo que creemos que vamos a estar en un limbo de felicidad cuando lleguemos y nunca llegamos. Allí tienen una filosofía muy diferente y me ha ayudado. -Usted hace piragüismo por ocio que luego convirtió en competición, pero para ellos es mucho más, ¿verdad? -Sí, claro. Yo empecé que sí que era más ocio, navegar, disfrutar, y luego con la competición, creemos que es el siguiente nivel, pero en realidad es como un paso atrás. Lo bonito es no perder nunca la esencia, que es lo que ellos tienen. Su medio de supervivencia es para mí hacer competiciones y estar todo el día con la ansiedad de llegar antes a algún sitio. -Viendo cómo es aquello, ¿vivimos en una sociedad en el que ya no podemos vivir sin el estrés? -Sí. Aunque a las tres o cuatro semanas de volver, empiezas de nuevo en la rueda. Es la vida que tenemos, sí. Tienes que trabajar, tienes que pagar la casa, están las niñas, llevarlas al cole, a las extraescolares. Pero sí me ha enseñado a entenderme más, a intentar estar más tranquilo en esos momentos en los que no llegamos a nada. El mundo no se para si tú te paras, así que frena, descansa, conecta contigo mismo. Es lo que me ha enseñado la filosofía y la cultura Inuit. -¿Cómo es esa filosofía? -Tienen una palabra, 'Imna', que significa que lo que tenga que ser que sea; que suceda y te adaptas. Dejar que fluya la vida. Cuando lo adoptas, te hace sentir mucha más paz que la que sentimos aquí. -Decía que este viaje le ayudó a resetear. ¿Está mejor? -Sí, me va a momentos. Era algo que siempre veía lejos, pero este año pasado lo pasé bastante mal, con demasiada exposición pública. He descubierto herramientas: meditación, respiración, saber decir que no. Porque a veces parecemos invencibles, yo a veces me creo un superhombre y no lo soy. Tengo mis debilidades, mis dudas, mis momentos de bajón. Por eso digo que este viaje a Groenlandia a mí me ha reseteado y me ha ayudado bastante. -Para ellos la ansiedad es que si ven un oso, hay que escapar. -Exacto. -¿Cómo fue aquel momento que le dicen que en la zona hay osos? -Ellos tienen sus técnicas y saben por dónde moverse, por dónde no. Y yo iba ahí de novato. Con guías de «Tierras polares», que es una empresa que hay ahí, así que tampoco íbamos de aventura total, seguridad ante todo. Pero sí que nos avisaron que había ciertas zonas en las que podrían aparecer osos. Y cuidado, ¿eh? que van a 45 kilómetros por hora, y nosotros con crampones poco teníamos que hacer. -Ahora aparece Donald Trump. ¿Le dio tiempo a entablar amistad y saber cómo están de ese tema ahora? -Cuando fuimos no sabíamos nada de esto. Ahora está en boca de todos, pero en esos momentos no se hablaba del tema, no era algo que les preocupara. Yo de geopolítica no entiendo, se me escapan muchas cosas; y no es que no quiere meterme y entender, es que, sinceramente, se me escapan cosas. Pero sí lo veo desde la posición que ha conocido aquello, que ha estado cocinando con una señora en su casa, y como ser humano lo único que puedo decir es que sería una pena que metiéramos las zarpas allí y estropeáramos lo poco que queda virgen en el planeta. He estado en muchísimos lugares y siempre está la mano del ser humano tocándolo todo, y allí he encontrado un lugar salvaje, auténtico, donde la naturaleza es la que manda. Quedan muy pocos sitios así. -Estuvo cocinando en casa de una señora, cuénteme cómo es ese día a día. -Somos completamente diferentes. Ellos no cierran la puerta de casa; el tema de los robos no existe. Hay muy poca población, se conocen todos. Son aldeas muy pequeñitas de cuatro casas a cientos de kilómetros unas de otras. Pero dejan las puertas abiertas por si necesitas cualquier cosa. Es gente muy amigable, más abierta, de que te dejan entrar en sus casas y te hacen un caldo o comparten contigo lo que tienen. Es gente con un concepto diferente, más humano, que aquí que vamos cada uno a lo nuestro. Era una sensación muy muy bonita. -¿Miramos demasiado el reloj en esta sociedad? -Sí, sí. Allí el tiempo pasa diferente. Aquí pasa más rápido y ahí como que se paraliza. Lo llevaba encima, pero no lo miraba casi; las horas pasaban mucho más lentas. Pero no para mal, sino con cierta sensación de paz muy bonita. -Vive esta experiencia en el año postolímpico, ¿dónde quedan Los Ángeles 2028 en su calendario? -Muy lejos. Tengo ya 41 años; hay gente de 20, 25 años que están pidiendo su sitio. La naturaleza me pondrá en su lugar, como en Groenlandia, es la que manda. He estado en cinco Juegos, todo tiene un proceso. No lo he decidido al cien por cien, pero veo muy complicado llegar a Los Ángeles. Hay un nivel increíble en España y no es casi ni una decisión mía. La naturaleza es la que manda. -De repente un día el cuerpo no da una milésima más... -Para mí no es tanto un día como tal. Hay momentos en los que estás para comerte el mundo y hay otras etapas en las que noto muchísimo el desgaste del cuerpo, sobre todo en la recuperación. Ves a chavales pegarse una paliza y al día siguiente están nuevos, y yo necesito tres días. Es la vida, hay que aceptarlo, y creo que también es bonito. Saber que todo tiene un principio y un final. Es lo que lo hace también más especial todo. -¿Piensa en el después? -Intentaré aprovechar hasta el último metro subido a una piragua a nivel olímpico, pero yo nunca voy a dejar el piragüismo, nunca me voy a retirar. Simplemente, seguiré compitiendo a otro nivel. Mi padre tiene 70 años y va a competir a campeonatos de España, va a mundiales de veteranos. El tío es un ejemplo para mí porque entrena todos los días. No voy a dejar ni el deporte ni la competición, porque tengo sangre competitiva. Pero a nivel olímpico, algún día tendré que decir algo. -¿Qué le queda por hacer? -Muchas cosas. Siempre hay que tener propósitos. Es la clave de la vida y de la felicidad: sentirte bien contigo mismo, sin pisar a nadie, tener un camino y luchar por él. Fuera del deporte hago muchas cosas que me gusta. Espero tener siempre algo que perseguir.
