Arturo Sarukhan, exembajador de EE UU: «El arropamiento de Sheinbaum a Cuba no le hace la vida fácil a México»
Las relaciones que mantienen México y Estados Unidos, viven unos días de «calma chicha». Tras un inicio de año agitado, después de que el 3 de enero Washington interviniera en Caracas para derrocar a Nicolás Maduro, la mirada estaba puesta en México. «Vamos a empezar a atacar en tierra a los cárteles», dijo entonces el presidente estadounidense, Donald Trump. De momento, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha logrado calmar la tentación intervencionista del inquilino de la Casa Blanca: han hablado por teléfono un par de veces y Sheinbaum entregó a finales del mes de enero otros 37 narcos a Estados Unidos.
LA RAZÓN conversa con el exembajador de México en Estados Unidos (2007-2013), Arturo Sarukhan, (Ciudad de México, 1963) sobre la posibilidad real de una intervención militar de Estados Unidos y los riesgos de que México se haya convertido en el principal apoyo de la dictadura cubana tras el reordenamiento político en Venezuela.
¿Va a haber una intervención militar de Estados Unidos en México contra los cárteles?
No está eliminada la posibilidad real de que Estados Unidos pueda recurrir al uso unilateral de la fuerza. Me parece, por decirlo con un lenguaje diplomático, que esa posibilidad está, de momento, en pausa. En gran medida porque «a punta de pistola» el Gobierno mexicano ha estado cooperando con el Gobierno de Estados Unidos; acabamos de ver otra rendición de 37 criminales que Estados Unidos había solicitado. Ha habido un recalibramiento, más táctico que estratégico, de la relación con Estados Unidos.
En otras palabras, ¿cómo puede evitar México un ataque de Estados Unidos?
La única manera de poder declarar que el espectro del uso unilateral de la fuerza por parte de Estados Unidos está conjurado es: primero, declarando pública e inequívocamente que lo que más atenta contra la soberanía de México es la actividad delictiva del crimen organizado; segundo, el relanzamiento completo de la agenda de seguridad con Estados Unidos, que fue destruida por (Andrés Manuel) López Obrador; y, tercero, que es el paso más difícil, avanzar para encontrar modelos de operación conjunta encabezados por México pero que cuenten con el apoyo de unidades de fuerzas especiales estadounidense para ir sobre blancos específicos en las cadenas de producción de fentanilo.
Estados Unidos también desearía que se realizara la entrega de algún político por sus vínculos con el crimen organizado. Se habla incluso del expresidente López Obrador.
No hay que olvidar que Donald Trump y López Obrador se llevaban bien, son gemelos de distinta madre. Son dos hombres igualmente autoritarios que están socavando la democracia de sus países. Debe haber legisladores que han estado en la mira de Estados Unidos y que conforman listas que pertenecen a las agencias de inteligencia. Han existido ya varios casos de visados que han sido cancelados. No se puede negar que existe una lista de varios políticos que han sido identificados por estar vinculados con el crimen organizado.
En círculos de analistas se habla de esas operaciones «quirúrgicas» contra los narcos. ¿Por qué opina que son difíciles de llevar a cabo?
Yo creo que con este Gobierno mexicano no es un escenario posible. Es el escenario que está tratando de impulsar la Casa Blanca. No me sorprendería que hayan aceptado algún tipo de operativo pero que lo estén tratando de mantener en secreto. Va a ser un problema brutal para la presidenta, que va a quedar en una posición de enorme vulnerabilidad ante el ala «talibana» de Morena (el partido en el Gobierno). De «motu propio», México no aceptará estas operaciones. Me parece difícil concebir la aceptación de México a menos que se encuentre entre la espada y la pared. Es lo que está buscando Estados Unidos, y México se resiste como gato con patas para arriba. Y si llega a un «impasse» Trump recurrirá al uso unilateral de la fuerza.
Además, ahora México se ha convertido uno de los principales aliados de Cuba.
El arropamiento del Gobierno anterior –el del presidente Andrés Manuel Obrador– y de este a Cuba y Venezuela no le hace la vida fácil ni a México ni a su Gobierno. Hay la percepción creciente en círculos republicanos de que México está arropando a regímenes dictatoriales en la región. Hay una lectura de que México no es un aliado de Estados Unidos. No es solo el envío de petróleo a Cuba sino el «quid pro quo» de envío de petróleo a cambio de apoyo en materia de inteligencia, de seguridad y de control político vía los médicos cubanos.
Pero … parece que a Donald Trump le cae bien Sheinbaum en lo personal.
Trump dice que es una «mujer estupenda» pero acto seguido añade que no tiene la valentía para enfrentar el crimen organizado. A ella le manda flores pero a su vez destroza la narrativa del Gobierno mexicano de que este está seriamente confrontando al crimen organizado. A Sheinbaum la respeta en lo personal pero ese respeto siempre va acompañado de un «pero».
