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La ciencia lo confirma: el método de cinco pasos para calentar tu casa a 16 grados

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Durante años, mantener la casa cálida en invierno se ha asociado casi exclusivamente a subir el termostato. Sin embargo, el encarecimiento de la energía y el creciente interés por la sostenibilidad han impulsado nuevas formas de entender el confort térmico en el hogar. Diversos estudios recientes han analizado cómo las personas perciben el frío y qué soluciones permiten mantener el bienestar sin disparar el consumo energético.

Uno de esos trabajos es el proyecto “Confort Sobre”, desarrollado en Francia en colaboración entre especialistas en vivienda y energía. La investigación analizó el comportamiento térmico de varios hogares y concluyó que es posible convivir con temperaturas interiores cercanas a los 16 grados centígrados sin perder comodidad, siempre que se adopten ciertos hábitos. El estudio identificó un método práctico de cinco pasos que combina cambios en el estilo de vida, mejoras en la gestión de la calefacción y estrategias de adaptación progresiva.

1. Analizar cómo y cuándo se siente el frío

El primer paso del método consiste en lo que los investigadores denominan “diagnóstico sensorial”. En lugar de guiarse únicamente por la temperatura marcada en el termostato, se anima a los habitantes de la vivienda a observar en qué momentos y zonas del cuerpo aparece la sensación de frío.

Durante varios días, los participantes del estudio registraron situaciones concretas en las que experimentaban incomodidad térmica, como al levantarse por la mañana, al permanecer sentados frente al ordenador o al caminar descalzos sobre suelos fríos. Este análisis permitió detectar que el malestar no siempre depende de la temperatura general de la casa, sino de corrientes de aire, superficies frías o exposición prolongada a la inactividad.

Expertos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) señalan que identificar los puntos débiles del aislamiento o las zonas donde se pierde calor es clave para optimizar el consumo energético.

2. Proteger el cuerpo antes que el espacio

El segundo paso se centra en el refuerzo térmico personal. La investigación destaca la eficacia de utilizar varias capas de ropa ligera en lugar de una sola prenda gruesa, ya que este sistema retiene mejor el calor corporal. Materiales como la lana o los tejidos técnicos ayudan a mantener la temperatura sin limitar la movilidad.

La Agencia Internacional de la Energía también recomienda ajustar la vestimenta en interiores como una de las medidas más sencillas para reducir el gasto en calefacción. Según sus estudios, abrigarse adecuadamente puede permitir bajar el termostato entre uno y dos grados sin notar pérdida de confort.

3. Usar la calefacción de forma selectiva

El tercer paso propone abandonar la idea de calentar toda la vivienda de forma uniforme. En su lugar, se aconseja activar la calefacción solo en las habitaciones que se están utilizando y apagar los radiadores en estancias vacías.

Este enfoque coincide con las recomendaciones de organismos como el IDAE, que sugiere mantener temperaturas moderadas en las zonas habitadas y reducirlas en dormitorios o espacios sin uso. Controlar manualmente la calefacción, abrir y cerrar puertas para conservar el calor o programar horarios ajustados al ritmo de vida familiar son prácticas que contribuyen a reducir el consumo energético.

4. Crear microespacios de calor

Otra de las claves del método consiste en recurrir a sistemas de calor localizado. El estudio señala que elementos como mantas eléctricas, almohadillas térmicas o alfombrillas calefactables permiten generar pequeñas áreas de confort sin necesidad de elevar la temperatura general del hogar.

Estas soluciones tienen un consumo energético relativamente bajo si se comparan con el gasto que supone calentar una vivienda completa. Según datos de asociaciones de consumidores, el uso de mantas eléctricas puede reducir significativamente el uso continuado de radiadores, especialmente durante actividades sedentarias como leer o ver televisión.

5. Adaptarse de forma progresiva

El último paso se basa en la adaptación gradual del organismo. Los investigadores observaron que reducir la temperatura interior poco a poco facilita que el cuerpo se acostumbre a ambientes más frescos. La recomendación habitual consiste en bajar el termostato un grado cada varios días hasta alcanzar la temperatura deseada.

La Organización Mundial de la Salud sugiere que una temperatura interior en torno a los 18 grados es suficiente para hogares saludables, aunque admite que el confort térmico depende de factores como la edad, la actividad física o el estado de salud.

Más ahorro y menor impacto ambiental

El estudio francés comprobó que la aplicación conjunta de estas estrategias permitió reducir considerablemente el gasto energético en los hogares participantes. Más allá del ahorro económico, los expertos destacan el impacto positivo que estas medidas pueden tener en la reducción de emisiones contaminantes y en la eficiencia energética de las viviendas.

El confort térmico, subrayan los especialistas, no depende únicamente del calor ambiental, sino del equilibrio entre temperatura, humedad, aislamiento y hábitos personales. Adoptar estrategias inteligentes permite mantener el bienestar sin aumentar el consumo energético.