Se impone la derecha
Tras este nuevo varapalo, si a Sánchez le quedara decoro debería convocar elecciones. No lo va a hacer, porque para él lo importante es permanecer en la Moncloa. Le da igual su partido, las siglas, sus diputados, sus concejales, y por supuesto, España. No de otra manera se puede interpretar este empeño por mantener una legislatura que no existe, unas alianzas destruidas y una apariencia de fortaleza donde sólo hay abatimiento. Anoche aplaudían a rabiar sus huestes cuando a mitad del partido tenían atados 20 escaños. Al final bajaron a 18, como vaticinaban las encuestas. Un resultado nefasto. Una derrota que, como la extremeña, supone un naufragio ganado a pulso, a fuerza de insistir en políticas erradas en inmigración, okupación, agricultura, mundo woke y corrupción. Justo lo que hace que suba Vox, en parte a costa del PP (dos escaños), pero sobre todo por los que arrebata al PSOE (cinco).
Por mucho que estuviese cantada, esta nueva derrota no es sino el exponente del desmoronamiento del sanchismo. Desmoronamiento que no se puede maquillar amparándose en que el PP perdió dos diputados. Nunca el PSOE fue tan insignificante en esta Comunidad, en la que los populares, pese a bajar, consolidan su primacía, aunque no lo suficiente como para poder gobernar sin pactar con Vox, el partido que más sube en votos y escaños, tal y como estaba cantado. Aragón nunca fue región de mayorías absolutas. Ayer tampoco. Veremos ahora la capacidad de los líderes de la derecha para armar una estrategia que les permita gobernar sin necesidad de convocar otra vez elecciones.
PP y Vox están condenados a entenderse, o al menos así lo reclaman sus electores. Azcón no ha sido tan agresivo contra los verdes como Guardiola en Extremadura. Sabía decisión. El maño es hombre práctico y encontrará fórmulas para forjar un pacto. Lo primero que ha de hacer es reconocer el espacio de los verdes. En segundo lugar, no poner trabas para acordar en inmigración, seguridad, okupación, climatología y políticas de género. En la calle, en los discursos, ambos están muy próximos. El problema es que votan diferente.
También puede ocurrir que Vox haga lo imposible por no pactar con el PP, intentando que los de Azcón busquen compromisos con el sanchismo, lo que sería un suicidio. La opción de aislar a Vox no le vale al PP, que se equivocará si intenta un arreglo con el PSOE con tal de «aislar a la ultraderecha». Eso sólo serviría para seguir alimentando a Abascal, que ya es segunda fuerza en algunos territorios, tanto urbanos como rurales, en una dinámica que recuerda a lo que sucedió en Badajoz capital en los comicios extremeños.
Vox sigue subiendo, y lo que deberían hacer los demás es analizar el motivo de esa subida, en vez de caer nuevamente en el error, ya cometido en Francia y Alemania, de hacer pactos contra natura para impedir que «los ultras» toquen poder. Lo mejor es que los abascales entren en los gobiernos y asuman responsabilidades. Se verá entonces sí, amén del populismo, son capaces de gestionar. Casi siempre es más fácil predicar que administrar el dinero público. Y ya va siendo hora de que se empiece a valorar a Vox por lo que hace, no sólo por lo que dice.
En lo demás, nada que no estuviera anticipado. La Chunta sube y aguanta una más que meritoria cuarta posición, por encima de IU/Sumar, y de Podemos, que desaparece, cuando en el pasado llegó a tener 15 escaños. Toda una debacle. Azcón suma más que todos los partidos de la izquierda juntos. Y Aragón Existe, que aspiraba a ocupar el espacio que tenía el PAR, se queda en algo meramente residual.
Aragón siempre anticipó, salvo en alguna excepción, el resultado de las elecciones generales, en términos genéricos. Si fuera así, el cataclismo sanchista sería histórico, y las victorias de las derechas, espectacular, por encima de los 200 escaños sumados los resultados de ambas opciones.
