Podemos se extingue en Aragón y pierde a su único diputado
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Podemos se ha estrellado en las elecciones aragonesas del 8-F. La noche electoral no ha sonreído a los de Ione Belarra e Irene Montero, que, a medida que avanzaba el escrutinio, veían cómo se les escapaba de las manos su único diputado autonómico en el territorio. El partido fundado por Pablo Iglesias —que se presentaba con Alianza Verde— y su desconocida candidata, María Goikoetxea. fracasan estrepitosamente en Aragón, que confirma su giro a la derecha, cayendo más de tres puntos respecto a la anterior cita con las urnas de 2023 y cosechando un porcentaje nimio del voto (0,94%, esto es, poco más de 6.000 votos frente a los casi 27.000 de hace tres años). Hablamos del mismo Podemos que llegó a irrumpir en el Parlamento aragonés en 2015 con 14 escaños, aupándose como tercera fuerza por detrás de los socialistas, y que, cuatro años después, en 2019, incluso llegó a formar parte del primer Ejecutivo cuatripartito de la región, encabezado por el socialista Javier Lambán. Pero, en 2026, el método Podemos del que la exministra de Igualdad presumía hasta ayer tras vanagloriarse de su pacto con el PSOE para la regularización extraordinaria de hasta 800.000 extranjeros ya no funciona. Al menos, no en Aragón. «No vamos a dejar de trabajar hasta poner a la izquierda en pie», ha escrito la secretaria general del partido en redes sociales. Sea como fuere, con este declive electoral, que viene padeciendo desde años y que se acrecentó tras el 28-M, los morados son ya fuerza extraparlamentaria en hasta nueve territorios. Izquierda Unida (IU) empeora levemente sus resultados (pasando del 3,12% del voto al 2,93%), pero salva los muebles y mantiene su escaño, que ahora también es propiedad de Movimiento Sumar. El minúsculo partido de Yolanda Díaz —que, queda demostrado, no suma— ni siquiera cuenta, a diferencia de IU, con cuadros en esta autonomía. A pesar de ello, los de Antonio Maíllo lo escogió como segundo plato tras el portazo de Podemos, que les dejó tirados en el último minuto con un preacuerdo ya firmado. «Estamos satisfechas aunque los resultados no hayan sido tan buenos como hubiéramos esperado. Somos tierra firme, certidumbre para la clase trabajadora», se ha limitado a decir su cabeza de lista, Marta Abengochea, con tono de resignación. El que se queda a IU, ya consolidado como el partido bisagra del espacio, gana. Es la principal lección que deja esta segunda batalla del nuevo ciclo electoral que libran Podemos y Sumar. De ahí la pelea por atraer al partido de Antonio Maíllo a sus respectivos bandos, que cobra aún mayor relevancia de cara a las próximos comicios generales previstos para 2027, habida cuenta de la desunión del espacio a la izquierda del PSOE. El pasado 21 de diciembre Podemos e IU lograron obtener una representación histórica de siete asientos y más del 10% de los votos en Extremadura. La izquierda sumaba sin Díaz, a la que Belarra y Montero condenaban a la irrelevancia. Ahora, tras las aragonesas, se cambian las tornas, pues habría empate técnico (1-1) entre las dirigentes izquierdistas. Un duro golpe para las exministras de Podemos, que daban por hecho que la reconquista morada empezaba en Extremadura. El claro ganador de este duelo a tres —la izquierda radical se presentaba a estos comicios en tres listas separadas— ha sido Chunta Aragonesista (CHA), que ha doblado su resultado, pasando de tres a seis parlamentarios en las Cortes aragonesas. Los regionalistas, encabezados por el exdiputado en el Congreso Jorge Pueyo (integrado en el Grupo Plurinacional Sumar), no quisieron que el juego de Tronos de Madrid les lastrara y, bajo el pretexto de un espacio fragmentado y marcado por los vetos cruzados, decidieron emprender su camino en solitario. La jugada le ha salido bien y es una muestra del peso de los aliados territoriales de Sumar en sus respectivas autonomías pese al empeño de la vicepresidenta segunda del Gobierno, el 23-J, de dejarlos fuera de las estructuras de poder.
