¿Qué buscará el nuevo director del Centro Cultural de España? Juan Sánchez apuesta por ‘abrir la casa’
Para Juan Sánchez, las oficinas del Centro Cultural de España (CCE) no son nuevas, al menos no tanto como el país que las rodea. Hace dos décadas (2002-2004), en una época de intensa actividad del espacio de cooperación de barrio Escalante, Sánchez conoció la intensa actividad de “El Farolito”; ahora vuelve como director con la expectativa de definir pronto su cambio.
Recién llegó en diciembre, así que Sánchez empieza a dibujar las líneas generales de su gestión. El centro es el brazo cultural de la cooperación española, y se ubica en el epicentro de la actividad cultural y artística de San José. Para empezar, le preguntamos sobre su concepto de qué puede ser el CCE en su contexto.
“Deseo que el CCE sea un espacio en el que convergen las distintas expresiones artísticas y culturales, entendiendo cultura como un concepto muy amplio”, dice Sánchez. Asimismo reitera que lo considera un “espacio de debate”, donde se puedan encontrar distintas visiones en diálogo, así como un ente capaz de producir sus propias actividades, no solo una sede que alberga expresiones y eventos de otros proyectos.
Más allá de eso, ve al CCE como “un espacio que habite el público, que venga a estar en este espacio, en los tres espacios, más allá de las actividades nocturnas, fuera del horario habitual”. Ya allí se marcará la primera diferencia notoria para las audiencias del CCE, pues las renovaciones se presentaron desde esta semana.
Desde hace unos años, el centro contaba con dos espacios más aparte de la sede frente a la rotonda de El Farolito: una casa a 50 metros, llamada Casa Caníbal, que contaba con espacio de talleres y de residencias; y la Plaza Skáwak, una esquina al sureste de la Antigua Aduana, contiguo a la Compañía Nacional de Teatro.
Ahora, la plaza se deja el nombre de Plaza del CCE y la casa, que se llamará Lab CCE, se ubicará justo al frente, cruzando la calle desde la puerta lateral sur de la Casa del Cuño, la nave de vidrio paralela a la Aduana. Ambas se reinauguraron este viernes.
Un espacio de debate
Cada Centro Cultural de España, ubicados a lo largo de América Latina, tiene un carácter particular. Casi siempre eso depende de su ubicación (un antiguo convento en Antigua es muy diferente de un viejo cine en el centro de Ciudad de Guatemala). También se configura según el contexto artístico y cultural: lo que requiera la comunidad de usuarios.
En ese sentido, Sánchez piensa su dinámica de tres espacios como “un refugio para muchas cosas, tolerante, donde la gente se sienta a gusto”.
En la sede central, eso implica mantener el uso de su patio como auditorio para proyecciones, charlas y otros eventos. Los martes se dedicarán a audiovisual, en toda su extensión; los miércoles y jueves, a debates, mesas y conferencias. Por su parte, los viernes se dedicarán a las artes escénicas y musicales, que Sánchez desea reforzar. Los sábados los ve dedicados a actividades de corte familiar, nuevamente en toda la extensión de la palabra (incluye el espacio “Leamos en familia”).
Esa sede incluye también una nutrida biblioteca con publicaciones periódicas históricas y actuales (revistas de cultura, literatura, cine, fotografía...), así como un archivo extenso. Allí encontramos como gran valor el registro de discos, libros, DVD y otras publicaciones que el CCE ha hecho en Costa Rica a lo largo de 30 años.
Asimismo, tiene un espacio de exhibición, donde esta semana se inauguró la exposición colectiva Gentrificación. Entre la identidad, la conservación y el desarrollo económico, curada por Jorge Salazar-Arroyo.
Sánchez ve la plaza como un espacio clave, pese a los sabidos aguaceros josefinos. Fomentará más actividades al aire libre, que empezaron con un concierto de la cantante y compositora venezolana NIAH este viernes, y que incluirán proyecciones de cine al aire libre, conciertos y ferias de diseño y libros, por ejemplo.
Finalmente, el Lab CCE será un “espacio dedicado a la formación y la capacitación, donde también ocurrirán residencias”, dice Sánchez. “Estas residencias no serán solo de artes visuales, como ha sido hasta ahora, sino también para otras manifestaciones, enfocados también en formación”, agregó el jerarca.
En las próximas semanas, por ejemplo, estarán el multifacético músico y escritor uruguayo Dani Umpi y el coreógrafo e investigador español Javier Martín.
Metas en camino para el CCE
Para Juan Sánchez, un esfuerzo significativo será apuntalar esfuerzos independientes y de la sociedad civil que ya están activos en Costa Rica. En el propio barrio Escalante, ya operan múltiples agentes culturales, entre instituciones estatales (Museo Calderón Guardia, Taller Nacional de Danza) y espacios privados (Sendero, Satisfactory y muchas tiendas de diseño y arte).
Por ello, otra parte de los esfuerzos del CCE será formación en curaduría, con invitados que refuercen conocimientos en esa área, en distintas disciplinas (incluyendo un programa llamado Curando Centroamérica).
En lo literario, el escritor costarricense Rodrigo Soto coordinará “El nuevo desorden literario”, un espacio de debate sobre lo que se está escribiendo en nuestro país, mientras que Leda Cavallini asumirá el proyecto “Leamos en familia”.
Actualmente, hay dos convocatorias activas para las producciones escénicas. Primero, esCCEna 2026 busca agrupaciones independientes de artes escénicas con “propuestas contemporáneas y arriesgadas” dirigidas a público adulto con hasta 4 intérpretes en escena, no estrenadas (o de 2025). La segunda es su versión esCCEna familiar, “para público familiar, pensadas para infancias, adolescencias y familias”.
Dichas iniciativas se complementarán con una convocatoria para investigadores, denominada “Miradas subjetivas”, que retomará señeros proyectos que, a inicios de los 2000, permitieron a pensadores de muchas áreas realizar investigaciones que siguen marcando la reflexión en el arte local.
Quizás uno de los mayores retos para el Centro Cultural de España es trascender su ubicación geográfica, ya tan poblada. “Es un desafío muy grande (trabajar en el resto del territorio), pero en un país como Costa Rica, no debería de ser difícil”, considera Sánchez.
“Una de nuestras líneas de trabajo se enfocará en que las actividades que generemos en el CCE puedan viajar de manera más fácil”, dice. Pero no se trata solo de crear exhibiciones itinerantes, sino que realizar “proyectos específicos para determiandos contextos”.
Aunado a ello, la realidad de la mayoría de espacios culturales de Costa Rica en la pospandemia es que consolidar sus audiencias, hacer que regresen o atraer a nuevos públicos ha resultado ser más complejo de lo esperado.
El CCE recibió unas 14.000 visitantes a lo largo de 2025, es decir, unas mil por mes. “Es importante diversificar la programación para lograr, primero, que crezca esa visitación, así como poder ir alcanzando a nuevos públicos”, explica Sánchez.
¿Qué será, pues, este Centro Cultural de España si Sánchez logra sus objetivos? “Quiero que sea un refugio cultural, un espacio para trabajar, para estar, donde la gente que nos visite se sienta cómoda y venga a estar”.
