De La ciudad de Dios a la política mundial: el humanismo ético de León XIV
La mayor amenaza a la paz en términos sistémicos es el eventual uso convencional de las armas nucleares. El mundo de hoy ha perdido las regulaciones mínimas. El último tratado vigente entre Rusia y Estados Unidos, el New START, cuyo objeto era la reducción, limitación y verificación del armamento nuclear estratégico ofensivo de EE. UU. y Rusia, como instrumento de estabilidad estratégica bilateral, ha expirado el 5 de febrero. La paz global está amenazada en nuestros días como nunca lo ha estado desde la segunda guerra mundial.
La víspera de la expiración del New STAR, el papa León XIV hizo una exhortación urgente para que Rusia y los Estados Unidos activen sus diplomacias para dar continuidad renovada al último acuerdo de disuasión nuclear: “al renovar mi aliento a todo esfuerzo constructivo en favor del desarme y la confianza mutua, hago un llamamiento urgente a no dejar caer este instrumento sin tratar de garantizarle un seguimiento concreto y eficaz”. Y añadió “es más urgente que nunca sustituir la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida capaz de orientar las decisiones hacia el bien común y hacer de la paz un patrimonio custodiado por todos”.
Días después, Putin recordó que el 2025 propuso una prórroga del tratado y que en todo caso su país actuará de manera “medida y responsable”, recalcando la importancia de acuerdos que den predictibilidad y contención al armamentismo nuclear. Trump, por su parte, descartó la prórroga simple y sugirió negociar un nuevo tratado, modernizado, que incluya a la China.
Más allá de las divergencias, ambas reacciones expresan que se abren los espacios de una negociación imprescindible, cuyas consultas se iniciarán seguramente en un futuro inmediato previsible. Al mismo tiempo dan al oportuno llamamiento de León XIV una legitimidad manifiesta.
Estos hechos muestran la direccionalidad de la diplomacia vaticana actual. Contribuir a preservar y abrir espacios para la paz real. Más allá del posicionamiento doctrinario. Lo que implica una diplomacia prudente y serena, que prioriza la capacidad de incidir en la realidad, en los procesos de control de la violencia, del uso de la fuerza, del violentismo jurídico contra el derecho internacional y que contrapone a la paz por el uso de la fuerza, la paz basada en el derecho internacional y el derecho de los pueblos.
El papa Francisco estableció un vínculo explícito y estructural entre su visión de una teología pastoral, anclada en la vida cotidiana de las personas, en sus sufrimientos, exclusiones y esperanzas, y una diplomacia orientada a la promoción de la paz y la justicia social. En su magisterio y en su acción internacional, la dimensión pastoral no fue un complemento moral de la política exterior vaticana, sino su fundamento.
León XIV se inscribe en esta línea de continuidad, pero introduce un desplazamiento significativo. Manteniendo el sustrato pastoral heredado de Francisco, está construyendo una diplomacia que incorpora con mayor énfasis una lectura realista de los cambios que están ocurriendo en la sociedad internacional y una voluntad explícita de incidir en los procesos reales de la política mundial. Más allá del imprescindible llamado ético.
Su política exterior busca influir en las dinámicas efectivas del poder, en los equilibrios regionales y en los conflictos concretos, articulando el poder blando de la Santa Sede con una acción diplomática más estratégica, capaz de dialogar —y confrontar, con mesura, cuando es necesario— con los actores centrales del orden internacional. Es quizás el principal actor de equilibrio al unilateralismo. Una diplomacia que tiene en el realismo ético su vector orientador, a partir de una visión del mundo inspirada en el pensamiento agustino.
En su exposición al cuerpo diplomático, el 9 de enero, León XIV definió las líneas conceptuales de este humanismo ético, recurriendo a una metáfora política de comparación entre el saqueo de Roma en el año 410 d. C.- que inspiró a San Agustín su obra esencial, teológica y política, La Ciudad de Dios -, y la crisis de la legitimidad del poder en el sistema internacional actual de correlación de fuerzas. Dijo en esa ocasión: “Aunque el contexto en el que vivimos hoy es diferente al del siglo V, algunas similitudes siguen siendo muy relevantes. Ahora, como entonces, nos encontramos en una era de movimientos migratorios generalizados; como entonces, vivimos en una época de profundo reajuste de los equilibrios geopolíticos y los paradigmas culturales; como entonces, no estamos, en la conocida expresión del Papa Francisco, en una época de cambio sino en un cambio de época.”
Al recordar que La Ciudad de Dios no propone un programa político, señala que si ofrece valiosas reflexiones “sobre cuestiones fundamentales relacionadas con la vida social y política, como la búsqueda de una convivencia más justa y pacífica entre los pueblos y la advertencia sobre “los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político”.
Para el Papa León XIV, las políticas de poder unilateral están afectando y lesionando la convivencia humana, el bien común, la vigencia del derecho internacional, el derecho humanitario, los derechos humanos, las Naciones Unidas, el multilateralismo y aún el lenguaje, “que ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí”.
En el discurso del 19 de enero, ha sido explícito. “En nuestro tiempo, la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional. La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas”.
En ese contexto, la diplomacia del humanismo ético se viene ejerciendo a través de textos, declaraciones, prácticas y buenos ofi cios discretos, pero probablemente decisivos. En una firme defensa del derecho internacional - sea en el caso de Ucrania o en el Venezuela- del multilateralismo y las Naciones Unidas, de la soberanía de las naciones, de la vigencia de la legitimidad de la lucha contra la pobreza , el hambre y la desigualdad, de los derechos de los trabajadores migrantes - independientemente del poder que los vulnere -, y de la solución de los focos de confl ictos y las guerras, a través de negociaciones realistas , justas y duraderas, especialmente de las más graves, como Ucrania , Gaza y el Oriente Medio.
La búsqueda de la paz, en el pensamiento de León XIV y la diplomacia vaticana emerge como el principal contrapeso que pueden tener las actuales políticas de poder y correlación de fuerzas. Pero, la paz basada en el respeto del otro, de la vida y el Estado de Derecho. En oposición a la guerra: “la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de «la instauración de un orden querido por Dios. En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica.”
Una diplomacia de racionalidad, contención y esperanza para la paz.
