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En EEUU, desde el guacamole del Super Bowl hasta el auto familiar

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Un análisis cercano de consumo y economía que muestra cómo la vida cotidiana en Estados Unidos depende —sin notarlo— de una cadena binacional eficiente, integrada y profundamente humana.

En cualquier supermercado de Texas, California o incluso en las afueras de Chicago, una familia avanza por la caja con un carrito que parece rutinario: aguacates para el guacamole, fresas y moras para el desayuno, tomates para la ensalada, cerveza para el fin de semana, tortillas, una salsa embotellada, una playera económica para el niño y un paquete de sábanas.

Nada en esa escena cotidiana sugiere que buena parte de esa compra ya recorrió cientos o miles de kilómetros: salió de un invernadero en Michoacán, de una empacadora en Guanajuato o de una planta industrial en Nuevo León; cruzó la frontera por Laredo, Texas; y siguió su camino hacia centros de distribución que abastecen hogares en los 50 estados.

Esa normalidad es posible gracias a una de las cadenas de comercio binacional más integradas del mundo.

El intercambio que sostiene la vida diaria

De acuerdo con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), en 2024 Estados Unidos importó 505 mil millones de dólares en mercancías provenientes de México, consolidándolo como su principal socio comercial.

En el ámbito agrícola, la interdependencia es todavía más evidente: en 2023, 72.5% de las importaciones agrícolas estadounidenses desde México correspondieron a verduras, frutas, bebidas y destilados —productos que terminan directamente en la mesa y la alacena de las familias. México aportó 63% de las verduras frescas y 47% de las frutas y nueces que Estados Unidos importó ese año.

En otras palabras: el hogar estadounidense promedio no solo consume productos mexicanos, sino que depende de ellos en temporadas clave, mientras que los hogares y la industria mexicana importan de vuelta bienes, insumos y tecnología en proporciones equivalentes. Es una relación de ida y vuelta.

La despensa fresca de Norteamérica

En las últimas dos décadas, las importaciones hortofrutícolas de Estados Unidos desde México se multiplicaron. En términos reales, pasaron de un promedio anual de 7,300 millones de dólares a 19,700 millones, según datos del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA).

Este crecimiento explica por qué hoy hay frutas y verduras frescas todo el año, incluso en invierno. Aguacates, tomates, berries, chiles, pepinos, mangos y espárragos llegan diariamente a supermercados estadounidenses gracias a una cadena fría altamente especializada.

México provee cerca del 80% del volumen total de aguacates que consume Estados Unidos. Es decir: gran parte del guacamole del Super Bowl, de las tostadas de aguacate del brunch dominical y de los bowls “saludables” de las grandes ciudades comienza su viaje en el Bajío o el occidente de México y cruza por Laredo.

Aquí es donde la logística se vuelve crítica. Mantener la calidad, frescura y seguridad de estos productos requiere infraestructura, coordinación binacional y experiencia. Esa historia se cuenta en la campaña Hot City, Cold Chain, un proyecto premiado que documenta cómo Laredo se ha convertido en el principal corredor de comercio refrigerado entre México y Estados Unidos.

https://youtu.be/9cw-aes4VOQ?si=0yeFY7ihn4X0A6Ot

De la alacena al clóset: consumo que también se viste y se maneja

La presencia mexicana no termina en el refrigerador. En la alacena aparecen chiles enlatados, frijoles, salsas, tortillas y productos procesados. En el bar casero, la cerveza mexicana domina: 84% de la cerveza importada por EE. UU. proviene de México, resultado de cadenas productivas compartidas entre ambos países.

Y más allá de los alimentos, están los bienes duraderos: ropa, textiles para el hogar, electrodomésticos y automóviles. Muchos de los autos y camionetas que circulan en suburbios estadounidenses fueron ensamblados en Guanajuato, Coahuila o Nuevo León, integrando componentes producidos en ambos lados de la frontera.

Laredo: el corredor invisible del consumo cotidiano

Todo este intercambio descansa sobre una infraestructura concreta: los puentes fronterizos de Texas. El estado concentra más del 70% del comercio entre Estados Unidos y México, y Port Laredo se ha consolidado como el puerto de entrada número uno del país por valor comercial, canalizando alrededor del 44% del comercio fronterizo bilateral.

Cada día, miles de camiones cruzan por Laredo llevando alimentos frescos, manufacturas y bienes de consumo que sostienen la economía doméstica de Norteamérica. Una porción creciente corresponde a cargas de cadena fría, que ya superan los 5 mil millones de dólares anuales.

Lo que para el consumidor es rutina, para la región es una operación logística binacional de alta precisión.

De lo cotidiano a la conversación estratégica

Estos temas —consumo, manufactura, cadena fría y comercio binacional— serán parte central del Port Laredo Trade Summit 2026, los días 13 y 14 de julio, donde líderes del sector público y privado analizarán cómo este corredor se ha convertido en un activo estratégico para Norteamérica.

Porque detrás de cada carrito del supermercado hay una historia de cooperación, infraestructura y confianza compartida.