Máximo Huerta: «Llevo cinco años cuidando a mi madre en Buñol. Nunca consideré una residencia»
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XLSemanal. Federico cuida de Aurora, su madre octogenaria, que tiene demencia y vive instalada en la confusión del pasado y el presente. Hasta aquí, esta es también su propia historia. Máximo Huerta. La novela empezó el día que mi madre me preguntó que dónde estaba mi hermano, siendo yo hijo único. La referencia emocional es mi madre, pero no es su biografía. XL. Dejó Madrid y lleva cinco años en Buñol, cuidando de ella. No todo el mundo es capaz de hacerlo. M.H. Lo sé, pero yo sería incapaz de no hacerlo, entendí que me tocaba. Tenía un tumor, la cadera rota, demencia… y nunca consideré la posibilidad de llevarla a una residencia. XL. Aurora espera a su madre muerta y a otro hijo que piensa que tuvo, y Federico le sigue la corriente. M.H. Porque corregirla la descolocaría. Yo también aprendí a mentir y empecé una ficción. ¡Bendita sea la mentira que embellece las circunstancias! A mi madre yo le miento cada día. XL. ¿Y quién lo cuida a usted? M.H. Cuando estoy bajo, me tomo una caña [sonríe]. La verdad es que me encuentro devastado y en alerta; pero como la solución es peor, no la pienso. Y quejarte no es una opción. XL. Qué miedo descubrir, al final de sus vidas, los secretos de los padres. M.H. Sí, porque todos ocultamos cosas del pasado y nuestros padres guardan más por la época. La nuestra es más exhibicionista. XL. Era esa España en la que la Sección Femenina educaba a las mujeres… M.H. Una época muy turbia. ¡Cuántos secretos guardan tantas casas de España! Decían: «De esto, que no se entere tu padre». XL. Qué miedo la vejez, perder la memoria... M.H. La vejez aniquila y devora, es solo para valientes. Hay que ser muy valiente para envejecer. XL. Es una novela dura, de las que te hacen pensar… y pensar a veces duele. M.H. Pensar duele mucho, sí. Pero no pensar también cuenta como felicidad [ríe]. XL. Por cierto, ha dejado el programa de Ana Rosa por segunda vez, porque no quiere comentar política, ¿tan escarmentado salió de ella? [Risas]. M.H. Entre otras cosas, sí. El programa se ha acortado y no quise entrar en los debates políticos, que es lo que me ofrecían. No me gustan: todo son trincheras y no sé estar en una ni que no se te permita cambiar de opinión. XL. ¿Cómo ve el panorama? M.H. ¡Hostil! No tengo ningún piropo para el panorama político.
