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La surrealista maniobra de un granjero para frenar los robos convierte a sus ovejas en una inesperada atracción turística

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En el condado inglés de Cumbria, donde los prados verdes suelen ser los protagonistas del paisaje, un rebaño de ovejas ha logrado robarse todas las miradas. Y no por su lana, ni por su tamaño, ni por ninguna rareza genética, sino por una decisión tan práctica como llamativa: su dueño, Pip Simpson, las ha pintado de un naranja fluorescente imposible de ignorar.

La idea surgió después de varios años de pérdidas. Simpson llevaba tiempo notando que algunas de sus ovejas desaparecían sin dejar rastro, especialmente durante la noche. Cansado de la situación, decidió probar un método que le permitiera identificar a sus animales desde lejos y, sobre todo, disuadir a cualquiera que intentara llevárselos.

Un rebaño naranja que ha transformado un problema en una atracción rural

La solución fue tan sencilla como radical: pintar a las 800 ovejas del rebaño con un color que brillara incluso a distancia.

El resultado superó cualquier expectativa. No solo consiguió localizar a sus animales con facilidad, sino que, sin pretenderlo, convirtió sus prados en un espectáculo visual. Las ovejas fluorescentes comenzaron a aparecer en vídeos, fotos y publicaciones de redes sociales, y pronto los vecinos empezaron a recibir visitantes que querían ver de cerca al peculiar rebaño naranja.

Simpson asegura que la elección del color no fue al azar. Buscaba un tono que nadie más utilizara y que destacara de inmediato sobre el verde del campo. “Quería algo que se viera desde cualquier parte”, explicó. Y vaya si lo consiguió: las ovejas se han convertido en un punto de referencia local, casi un símbolo del condado.

El efecto secundario más inesperado ha sido la colaboración espontánea de los habitantes de la zona. Al ser tan visibles, cualquier movimiento extraño alrededor del rebaño llama la atención de inmediato, y los vecinos se han convertido en vigilantes improvisados. “Si alguien intenta llevárselas, lo verán desde medio kilómetro”, bromea el granjero.

Aunque la pintura no sustituye a los métodos tradicionales de control, como el chip o los registros oficiales, funciona como una capa adicional de seguridad. Además, según Simpson, el color se mantiene sorprendentemente bien hasta la esquila, pese a la lluvia y el sol.

Lo que empezó como una medida desesperada para evitar robos ha terminado convirtiéndose en una curiosidad rural que atrae a turistas, fotógrafos y curiosos de todas partes.